P. Iván Rodrigo Cardona Ríos
La revelación de Dios siempre se manifiesta a
los hombres.
En
el AT, se entiende por Revelación., la palabra (dabar) de
Dios dirigida a Israel a través de la historia; está cargada de
dinamicidad y pide obediencia, llevando al hombre a la acción. El
punto central de la Revelación es la Alianza, la cual se
convierte en la Palabra de Dios por excelencia, plasmada en la Ley y
meditada como Sabiduría. La Revelación es la manifestación libre de
Dios al hombre y a la historia; manifestación gratuita y nueva que
lleva al hombre y lo invita a la fe, "fundamento y fuente de toda
justificación" (Trento).
Podemos adentrar en el significado de la Revelación entendiéndola
como palabra, encuentro y presencia nueva y especial de Dios en el
mundo:
a)
En cuanto palabra, la Revelación es acción por la que una persona se
dirige a otra de cara a una comunicación. Por esto, posee tres
aspectos: tiene contenido, es interpelación (provoca respuesta) y es
auto-comunicación (descubre la actitud interna del emisor). Esta es
la categoría principal que refleja la Biblia, para explicar la
palabra de Dios. En este sentido muestra tres dimensiones: dinámica
(crea y actúa obrando signos-milagros en el cosmos y en la historia
personal y colectiva); noética (revela y enseña, desde la Ley y
Sabiduría hasta las Bienaventuranzas y Padre Nuestro); y personal.
Por ello se definió la Revelación en el CVI, como "locutio Dei ad
homines"; y en el CV II, se empieza a hablar de ella diciendo: "Dei
Verbum..."
b)
Siendo encuentro, exige un yo y un tú; esto es, la propia libertad
y, por ello, mutua reciprocidad (compromiso de respuesta-diálogo).
Esta relación interpersonal supone intimidad, pues afecta al ser
mismo, llegando a un nosotros experimentado en la amistad y en el
amor. El encuentro es, finalmente, una relación de Alianza basada en
la elección (Ps 2,7; Is 43,1), el contrato y la promesa.
"Dios...habla a los hombres como a amigos suyos, movido por su gran
amor..., y habita con ellos invitándolos a comunicarse y a estarse
con El" (DV 2).
c)
Una comunicación viva, que interpele, requiere una presencia. La
presencia personal de Dios esbozada en el Tabernáculo y prometida en
el Emmanuel, es la "Presencia Encarnada..., plena y totalmente
humana" (de Lubac), manifestada en Cristo, quien manifiesta
plenamente el hombre al propio hombre (GS 22). Cristo, "Camino,
Verdad y Vida" (Jn 14.6), es centro y culmen de la Revelación:
Palabra verdadera, Encuentro Dios-hombre, Camino que muestra y lleva
al Padre.
"Con su entera presencia y manifestación personal, con palabras y
obras, señales y milagros, sobre todo con su resurrección gloriosa
de entre los muertos, y finalmente con el envío del Espíritu de
verdad, Jesucristo completa la Revelación y confirma con el
testimonio divino que Dios vive con nosotros para liberarnos de las
tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna"
(DV 4). (Tratados de teología)
¿Que significa hacerse pequeño?...
pequeño como un niño, por la pureza e inocencia…
no es otra cosa que el abajamiento, la gran escuela del discipulado..
Es el ser humano que toma la posición de ir adoptando un cambio
interior, capaz de generar una adhesión personal a Cristo y que le
compromete a amar hasta el extremo.
Pequeño es aquel ser humano que se abandona
a la suerte del Señor, se coloca en sus manos, un abandono total
que le permite abrazar el plan de Dios para poseer la vida, tener
la vida en abundancia.
Ser pequeño es comer y beber el alimento que
sacia, ya que “solo Dios sacia” (Santo Tomas de Aquino). “Tú eres
Señor, todo nuestro bien, nuestra vida y nuestra luz, nuestra
salvación, nuestro alimento y nuestra bebida. Infunde en nuestro
corazón, Señor Jesús, la suavidad de tu Espíritu y hiere nuestra
alma con tu amor para que cada uno de nosotros pueda decir con toda
verdad: “Muéstrame donde esta el amor de mi alma, porque desfallezco
herido de amor”. Dichosa el alma a quien de esta
manera ha herido el amor: esta alma busca la fuente y bebe, siempre,
sin embargo, bebiendo tiene sed, deseando encuentra agua, teniendo
sed siempre bebe; así, amando siempre busca y cuando es herida es
sanada” (San Columbano Abad)
El que se enaltece será humillado… Quien
se enaltece es aquella persona soberbia que sufre de delirios de
grandeza. Soberbia Etimológicamente
deriva del latín superbia, excesiva elevación y grandeza inmoderada
del alma. Se la define como «el apetito desordenado de la propia
excelencia». Se cuenta ordinariamente entre los siete pecados
capitales. Santo Tomás, sin embargo, confirmando la opinión de San
Gregorio, lo considera el rey de todos los vicios, y pone en su
lugar la vanagloria como uno de los pecados capitales. Al darle esta
preeminencia lo toma en su significado más formal y completo.
Entiende que es esa estructura mental en la que un hombre, a través
del amor a la propia valía, aspira a alejarse de la sujeción a Dios
Todopoderoso, y no hace caso de la órdenes de los superiores. Es una
especie de desprecio de Dios y de los que tienen su encargo. La
soberbia, «odiosa al Señor y a los hombres» (Eclo 10,7).
El que se humilla será enaltecido…
la escuela de la humillación es la clave
para entrar al reino, “es el descenso hacia
lo alto”. (Gregorio de Nisa), es la forma de ser inocente ante la
presencia de Dios. Consiste en la disposición de espíritu para
reconocer la simplicidad de Dios y la complicación del hombre cuando
se cree amo y dominador. Es el reconocimiento sencillo y profundo
de la capacidad del otro. El humilde siempre brilla. El valor de la
humildad nos muestra la capacidad de vencer la soberbia, los
delirios de grandeza y la vanagloria. Este es el gran secreto
“hacerse pequeño”, hombre y mujer nobles y con recta intención.
El
humilde nunca se roba los aplausos que son para Dios, nunca se roba
la gloria de Dios, prioriza cuando hay que hacerlo. Sabe a quien
está sirviendo….
¿A quienes debes invitar al banquete?.........
este finalmente es el interrogante
cuando vamos a las bodas del cordero.