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P. Iván Rodigo Cardona Ríos
VAMOS A
EMAUS….
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Escuchar: La pasión más saludable…
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Escuchar a Jesucristo…Los
discípulos de Jesús reconocemos que Él es el primer y más
grande evangelizador enviado por Dios (cf. Lc 4.44) y, al
mismo tiempo, el Evangelio de Dios (cf. Rm 1,3). Creemos y
anunciamos “la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios”
(cf. Mc 1,1). Como hijos obedientes a la voz del Padre,
queremos escuchar a Jesús (cf. Lc 9,35) porque Él es el
único Maestro (cf. Mt 23,8).Como discípulos suyos, sabemos
que sus palabras son Espíritu y Vida (cf. Jn 6, 63-68). Con
la alegría de la fe, somos misioneros para proclamar el
Evangelio de Jesucristo, y en Él, la buena nueva de la
dignidad humana, de la vida, de la familia, del trabajo, de
la ciencia y de la solidaridad con la creación. (Aparecida
103).
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Escuchar a la enseñanza de los apóstoles…
“Al igual que las primeras
comunidades de cristianos, hoy nos reunimos asiduamente para
“escuchar la enseñanza de los apóstoles, vivir unidos y
participar en la fracción del pan y en las oraciones”
(Hechos 2, 42)” (Aparecida 158)
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Ayudar
a la escucha… “misión
principal de la formación esa ayudar a los miembros a
encontrarse siempre con Cristo, y así, reconocer, acoger,
interiorizar y desarrollar la experiencia y los valores que
constituyen la propia identidad y misión cristianan en el
mundo...” (Aparecida 279). Bien importante es el valor de la
escucha, ya hemos iniciado un camino en la escucha,
escuchando a Jesús, a los apóstoles, para llegar a la
formación en la escucha personal y ayudar a otros a
profundizar en su fe.
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En las pequeñas comunidades florece la
escucha… “ellas son un ámbito
propicio para escuchar la palabra de Dios, para vivir la
fraternidad, para animar en la oración para profundizar
procesos de formación en la fe y para fortalecer el exigente
compromiso de ser apóstoles en la sociedad de hoy.”
(Aparecida 308)
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Que Dios nos ama, este es el
anuncio kerigmático, Dios es amor, así lo define
bellamente la primera epístola de san Juan 4, 8. todo
vacío humano, es una gran vaciedad del amor de Dios,
falta Dios. (Cf. Aparecida 348).
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Que debemos permanecer en una actitud
constante de conversión, por lo tanto esto implica como
lo dice el numeral 366 de aparecida escuchar con
atención y discernir lo que el Espíritu de Dios está
diciendo a las Iglesias. (Apc. 2,29)
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¿A quienes debemos escuchar? A
los pobres, a las mujeres explotadas y oprimidas, a nuestra
familia, a quienes están pasando por vicisitudes en este
momento, a aquellos que se silencian y no hablan porque han
sido irrespetados sus derechos, a los niños victimas de la
violencia, a tantos rostros sufrientes que necesitan nuestra
voz para anunciar, denunciar a un Cristo profundamente
restaurador y liberador.
Estos gestos de escucha nos deben llevar a que
nuestro corazón se estremezca ante una manifestación divina pero a
la vez poder irradiar a aquellos lugares en donde no se sabe de
Dios, en donde no se escucha de Dios y por ello, son lugares
sombríos y oscuros.
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Dios te llama a tu propio Emaus…
¿cual es tu camino como discípulo de
Jesucristo?... Dios te llama a desafiar un sin numero de
gigantes, a desafiar tus miedos, las actitudes que te impiden
reconocer que el está contigo de camino. Lo percibes solo cuando
parte tu pan contigo, cuando descubres que solo con tus fuerzas
no hubieses podido hacer tantas cosas.
SABOREAR LAS
ESCRITURAS…
Modos de
acercarnos
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La Erudita…
“considerar la escritura como un libro antiguo, lleno de
sabiduría religiosa de valores morales y también de poesía.
Desde este punto de vista es el libro mas importante para
conocer nuestra cultura occidental y de la cultura Judeo
cristiana” (Raniero Cantalamessa. Predicación de la homilía 3
domingo de pascua). Es importante mirar si lo hemos acogido
como un libro más, que podemos leerlo sin que cause una
renovación profunda y mucho menos un eco para crear cambios
internos. Esta mirada es importante, pero no debemos parcializar
la mirada solo allí.
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La fe.. creer que
contiene la palabra viva de Dios parea nosotros, que es un libro
inspirado… que habla al hombre de todos los tiempos y le revela
el sentido de la vida y de la muerte. (Raniero Cantalamessa.
Predicación de la homilía 3 domingo de pascua). Hay que creer
en la palabra de vida para cada uno de nosotros, los apóstoles
han creído a las palabras del maestro y por ello se encendía en
sus corazones aquél celo por la palabra. Arder el corazón de
amor por que él está vivo, no como recuerdo sino como presencia
real.
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