P. Iván Rodrigo Cardona Rios.
Uno
necesita deducir desde su perspectiva que elementos están
dignificando mi humanidad como tal, y expreso de la construcción se
toma como proceso de crecimiento y maduración… cada día se van
entretejiendo nuevas metas, nuevos retos que debemos asumir esta
homilía tomada desde la palabra de Dios va a iluminar la realidad de
nuestro trabajo no solamente humano sino un trabajo por el reino
como la gran empresa. Para ello quiero retomar estos puntos de
referencia.
Muchos construyen, otros destruyen…Tú construyes un altar en tu
vida… esta expresión me ha impactado y
nos lleva a pensar en un hecho real. Cuantas veces nos afanamos por
construir, almacenar, acumular y no pensamos en una experiencia
sagrada. Cuántas personas encuentras al margen de la realidad de
Dios y siempre están en una constante búsqueda de razones, de un ser
trascendente, de felicidad… “la vida no depende de los bienes”, en
el sentido propio de que con ellos o sin ellos la vida tiene valor.
Uno debe trabajar por su salvación, y además trabajar para
dignificar la existencia, Pero no para ambicionar cosas que dañan el
corazón. Al trabajo del siervo bueno y fiel sigue la entrada en el
gozo de su señor. (MT 25. 21-23)… es hora de mirar si tu trabajo
ha sido constructivo o destructivo…
Muchos buscan tesoros y riquezas…Tú buscas el cultivo del espíritu…hoy
la palabra de Dios nos muestra que el ser humano busca muchas cosas
vanas. Así es el hombre necio que amasa riquezas para sí y no es
rico ante Dios. La ambición y el afán de posesiones, de herencias,
de apegos, de indiferencia, de negativismo, en fin un sin número de
riquezas que empobrecen la calidad humana. “Es necesario acordarse
de Dios mas a menudo que de respirar” (San Gregorio Nacianceno, o.
Theol. 1,4), cultivar el espíritu exige un cambio de mentalidad, una
apertura a lo sagrado, un cambio de actitudes generadoras de nuevas
significaciones, de sentido.
“Dios es la mayor riqueza”, es rico no quien posee todos los
confines de la tierra, sino quien conquista a Dios. . “Sed
moderados en el uso de los bienes de esta vida. No os
pertenece todo; al menos una parte de estos bienes debe quedar para
los pobres, que son amados especialmente por Dios [...]. Usad, pues,
de los bienes de la tierra, pero no abuséis de ellos”
(San
Gregorio De Nisa, Sermón I sobre el amor a los pobres)
Muchos le dan culto a su yo…Tú buscas la opción por el otro…
en muchas ocasiones el ser humano se encierra en
sus propias cárceles, en su mundo, en sus intereses. Las falsas
ilusiones de la autosuficiencia que está encarando al hombre cara a
cara y lo aísla de la salvación en la fraternidad,
de una espiritualidad de comunión, de unos deberes
cristianos, de las opciones como humanos en pos del otro… mis
intereses deben ser los de cristo, mi meta debe ser identificarme
con Cristo, parecerme más a su estilo de vida y por eso el otro es
un camino viable que perfecciona mi ser.
Construir una historia, una nueva página en la celebración de la
vida es una ganancia en el sentido propio que se involucra todo el
ser para salir al encuentro del otro. Para ser solidario: “vivir
la solidaridad significa entrar en un serio proceso de conversión
personal y comunitaria, superando las dos formas de pecado más
graves: el afán de ganancia exclusiva y la sed de poder” (SRS.
Pág. 120)
Muchos le dan el culto al cuerpo…Tú utilizas tu cuerpo para
construir el reino
“vanidad de vanidades todo es vanidad” .La cosecha de la vanidad
enceguece el alma. “Los cristianos están en la carne, pero no viven
según la carne. Pasan su vida en la tierra, pero son ciudadanos del
cielo” (Epístola a Diogneto 5, 8-9). Que bueno reconocer hoy que la
vanidad en las siliconas, cuerpos esculturales, cirugías por doquier
no por necesidad sino por culto al propio cuerpo es una forma de
reflejar la gran vaciedad de los valores espirituales y de lo que
verdaderamente es necesario e importante…
Esto que hemos reflexionado nos lleva a analizar nuestra vida, la
calidad de vida que llevamos con una gran ausencia de humanidad, de
ser verdaderamente humanos, con la mirada en lo eterno pero
asumiendo los retros cotidianos.