Creo en Dios, Padre
Todo poderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo,
Nuestro Señor,
Que fue concebido por obra y gracia del
Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen;
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
Descendió a los infiernos, al tercer día
resucitó de entre los muertos,
Subió a los cielos y está sentado a la
derecha de Dios, Padre todo poderoso.
Desde allí ha de venir a juzgara los
vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
La santa Iglesia católica, la comunión de
los Santos,
El perdón de los pecados,
La resurrección de los muertos y la vida
eterna. Amén.
LA PROFESIÓN DE LA FE
166 La fe es un acto personal: la respuesta
libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela. Pero la
fe no es un acto aislado. Nadie puede creer solo, como nadie
puede vivir solo. Nadie se ha dado la fe a sí mismo, como nadie
se ha dado la vida a sí mismo. El creyente ha recibido la fe de
otro, debe transmitirla a otro. Nuestro amor a Jesús y a los
hombres nos impulsa a hablar a otros de nuestra fe. Cada
creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes.
Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y
por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros.
167 "Creo" (Símbolo de los Apóstoles): Es la
fe de la Iglesia profesada personalmente por cada creyente,
principalmente en su bautismo. "Creemos" (Símbolo de
Nicea-Constantinopla, en el original griego): Es la fe de la
Iglesia confesada por los obispos reunidos en Concilio o, más
generalmente, por la asamblea litúrgica de los creyentes. "Creo",
es también la Iglesia, nuestra Madre, que responde a Dios por su
fe y que nos enseña a decir: "creo", "creemos".
I "Mira, Señor,la fe de tu Iglesia"
168 La Iglesia es la primera que cree, y así
conduce, alimenta y sostiene mi fe. La Iglesia es la primera que,
en todas partes, confiesa al Señor ("Te per orbem terrarum
sancta confitetur Ecclesia", cantamos en el Te Deum), y con ella
y en ella somos impulsados y llevados a confesar también : "creo",
"creemos". Por medio de la Iglesia recibimos la fe y la vida
nueva en Cristo por el bautismo. En el Ritual Romanum, el
ministro del bautismo pregunta al catecúmeno: "¿Qué pides a la
Iglesia de Dios?" Y la respuesta es: "La fe". "¿Qué te da la fe?"
"La vida eterna".
169 La salvación viene solo de Dios; pero
puesto que recibimos la vida de la fe a través de la Iglesia,
ésta es nuestra madre: "Creemos en la Iglesia como la madre de
nuestro nuevo nacimiento, y no en la Iglesia como si ella fuese
el autor de nuestra salvación" (Fausto de Riez, Spir. 1,2).
Porque es nuestra madre, es también la educadora de nuestra fe.
II El lenguaje de la fe
170 No creemos en las fórmulas, sino en las
realidades que estas expresan y que la fe nos permite "tocar".
"El acto (de fe) del creyente no se detiene en el enunciado,
sino en la realidad (enunciada)" (S. Tomás de A., s.th. 2-2,
1,2, ad 2). Sin embargo, nos acercamos a estas realidades con la
ayuda de las formulaciones de la fe. Estas permiten expresar y
transmitir la fe, celebrarla en comunidad, asimilarla y vivir de
ella cada vez más.
171 La Iglesia, que es "columna y fundamento
de la verdad" (1 Tim 3,15), guarda fielmente "la fe transmitida
a los santos de una vez para siempre" (Judas 3). Ella es la que
guarda la memoria de las Palabras de Cristo, la que transmite de
generación en generación la confesión de fe de los Apóstoles.
Como una madre que enseña a sus hijos a hablar y con ello a
comprender y a comunicar, la Iglesia, nuestra Madre, nos enseña
el lenguaje de la fe para introducirnos en la inteligencia y la
vida de la fe.
III Una sola fe
172 Desde siglos, a través de muchas lenguas,
culturas, pueblos y naciones, la Iglesia no cesa de confesar su
única fe, recibida de un solo Señor, transmitida por un solo
bautismo, enraizada en la convicción de que todos los hombres no
tienen más que un solo Dios y Padre (cf. Ef 4,4-6). S. Ireneo de
Lyon, testigo de esta fe, declara:
173 "La Iglesia, en efecto, aunque dispersada
por el mundo entero hasta los confines de la tierra, habiendo
recibido de los apóstoles y de sus discípulos la fe... guarda (esta
predicación y esta fe) con cuidado, como no habitando más que
una sola casa, cree en ella de una manera idéntica, como no
teniendo más que una sola alma y un solo corazón, las predica,
las enseña y las transmite con una voz unánime, como no
poseyendo más que una sola boca" (haer. 1, 10,1-2).
174 "Porque, si las lenguas difieren a través
del mundo, el contenido de la Tradición es uno e idéntico. Y ni
las Iglesias establecidas en Germania tienen otro fe u otra
Tradición, ni las que están entre los Iberos, ni las que están
entre los Celtas, ni las de Oriente, de Egipto, de Libia, ni las
que están establecidas en el centro el mundo..." (ibid.). "El
mensaje de la Iglesia es, pues, verídico y sólido, ya que en
ella aparece un solo camino de salvación a través del mundo
entero" (ibid. 5,20,1).
175 "Esta fe que hemos recibido de la Iglesia,
la guardamos con cuidado, porque sin cesar, bajo la acción del
Espíritu de Dios, como un contenido de gran valor encerrado en
un vaso excelente, rejuvenece y hace rejuvenecer el vaso mismo
que la contiene" (ibid., 3,24,1).
Resumen
176 La fe es una adhesión personal del hombre
entero a Dios que se revela. Comprende una adhesión de la
inteligencia y de la voluntad a la Revelación que Dios ha hecho
de sí mismo mediante sus obras y sus palabras.
177 "Creer" entraña, pues, una doble
referencia: a la persona y a la verdad; a la verdad por
confianza en la persona que la atestigua.
178 No debemos creer en ningún otro que no
sea Dios, Padre, Hijo, y Espíritu Santo.
179 La fe es un don sobrenatural de Dios.
Para creer, el hombre necesita los auxilios interiores del
Espíritu Santo.
180 "Creer" es un acto humano, consciente y
libre, que corresponde a la dignidad de la persona humana.
181 "Creer" es un acto eclesial. La fe de la
Iglesia precede, engendra, conduce y alimenta nuestra fe. La
Iglesia es la madre de todos los creyentes. "Nadie puede tener a
Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por madre" (S. Cipriano,
unit. eccl.: PL 4,503A).
182 "Creemos todas aquellas cosas que se
contienen en la palabra de Dios escrita o transmitida y son
propuestas por la Iglesia... para ser creídas como divinamente
reveladas" (Pablo VI, SPF 20).
183 La fe es necesaria para la salvación. El
Señor mismo lo afirma: "El que crea y sea bautizado, se salvará;
el que no crea, se condenará" (Mc 16,16).
184 "La fe es un gusto anticipado del
conocimiento que nos hará bienaventurados en la vida futura" (S.
Tomás de A., comp. 1,2).