Para que los hombres lleguen a su relativa
plenitud y se acerquen a la verdad, hay que dejarles ser poetas.
No me interesa sólo la razón. Razón no es
equiparable a verdad.
La verdad es razonable, sí, pero es mucho más.
También es corazón, sentimientos y poesía. No basta la razón ni lo
razonable, para acercarse a la verdad.
Por otra parte, la verdad no es abarcable por la
mente humana.
Se puede participar de la verdad. Pero
“participar” es tener parte. Nadie más equivocado que aquel que crea
poseer la verdad en su integridad. Nadie más ridículo.
Lo humano comienza cuando comienza la razón, la
pedantería cuando se confunde razón con verdad.
Se puede “intuir la verdad” a base de utilizar
toda la capacidad humana: razón, sentimiento, intuición, poesía…
Pero, incluso entonces, no es posible presumir su
posesión integral.
Ejemplo. Explíquense como se expliquen, los
dogmas habrán hecho bien o mal a los creyentes.
Pero de lo que no cabe duda es que sí hicieron el
ridículo por su contundencia e ingenuidad.
Pero no quisiera quedarme en la dogmática del
Vaticano. Hablaba de mí. Le he cogido miedo a tener razón.
Me educaron para la racionalidad, a huir de los
sentimientos.
Aquellos silogismos en “bárbara”: mayor, menor, y
conclusión (Todo hombre es mortal. Pedro es hombre. Luego Pedro es
mortal.).
Fue buena herramienta. Pero la intuición no es
lógica; la poesía no es lógica, el sentimiento no es lógica.
La razón, “lo lógico”, produce seguridad,
soberbia, desprecio al sentimiento, desconoce las “razones” del
corazón, no se fía de la intuición, se mueve en un mundo diferente
de la poesía.
Yo no quiero a un Dios que quepa dentro de un
silogismo. Intuyo a un Dios poeta.
La razón me ha separado, no pocas veces, de los
hombres. E incluso “por tener razón” he perdido el cariño, la
cercanía.
Quien en la humanidad levante la sola bandera de
la razón se convierte en déspota, genera guerras y desunión.
Hermanos separados cada uno con su razón.
Para que los hombres lleguen a su relativa
plenitud, y se acerquen a la verdad hay que dejarles ser poetas.
No se puede hablar de “bautismo, eucaristía,
comunidad de fe” sin ser poeta.
En vez de Derecho Canónico, haría falta un libro
de poesía creyente sobre el hombre, el universo, Dios.