¿Vivo mi vida como un llamado de Dios, con
gratitud, alegría? ¿Rezo para que el Señor nos envíe más vocaciones?
Estamos en el “Tiempo de Pascua” celebrando la
dicha del Resucitado, que nos llama a vivir su misma vida y
participar de su gloriosa resurrección. Nadie está excluido de esta
llamada. Por eso, el Señor quiere asegurar en su Iglesia la
presencia de hombres y mujeres que sean signos y testimonio de esta
relación íntima que anhela tener con cada uno de nosotros.
En este domingo, cuarto de pascua, que llamamos
“del Buen Pastor” o “Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones”,
la Iglesia universal ora al Padre por “más obreros para su cosecha”.
Cada comunidad elevará un ruego para que nuestro Padre Dios, nos
envíe las vocaciones necesarias, hombres y mujeres que entregando su
vida en las manos de Dios, sirvan a sus hermanos. Es una oración a
la que prestaremos nuestros labios, nuestra voz, nuestro corazón,
para que se una al ruego de Jesucristo, “que siente compasión al ver
a la muchedumbre como ovejas sin pastor” y por eso nos dice “oren”.
Esta petición nace del corazón de Jesucristo, es lo que más desea,
obreros para la siembra del Padre... ¡Como no tener este mismo deseo
del Señor!
Tanto la siembra, como el pastoreo necesitan
trabajo. Todo campesino sabe que es necesario el cuidado de los
cultivos, cualquiera sea éste, también el cuidado del ganado “al ojo
del amo engorda el buey” así dice el dicho popular. De esta misma
manera, el Buen Pastor, Jesucristo, conoce a sus ovejas, conoce la
realidad donde viven, de sus alegrías y tristezas, además sabe mejor
que nadie lo que necesitan. Podemos preguntarnos ¿Qué es lo que más
necesita nuestro mundo de hoy?
Nos llegan noticias de todos lados que nos
inquietan: un joven estudiante asesina a 32 personas en la
universidad de Virginia USA; 200 muertos por atentados en Irak,
violencia juvenil en el día del joven combatiente; dificultades sin
resolver en el “transantiago”, el endeudamiento cada vez más
creciente, especialmente en nuestra región; la cesantía que en los
meses del invierno aumenta…etc. Otras noticias son más alentadoras:
proyectos millonarios de infraestructura (carreteras, puentes,
colegios etc.), nuestra economía que se ve estable, etc. Nuestro
mundo está necesitado de respuestas, nos podríamos encandilar con
las luces de este tiempo, por eso miramos en este tiempo a la luz de
Cristo, que no encandila sino ilumina.
¿Qué luz muestra la Pascua a este tiempo?
Muestra una presencia que revitaliza nuestra vida, el Buen Pastor
que conoce a sus ovejas y ellas conocen su voz.
La vocación tiene siempre su origen en Dios, en
una intimidad de Dios que llama “yo los conozco” y el hombre que
responde “ellos me siguen”, porque se sienten atraídos a la voz de
su Señor. Esta es la realidad de la vocación. Hay una seducción de
parte de Dios, que está sembrada en el corazón del hombre “para que
tengan vida eterna” y que no podrá ser saciada con nada.
La vocación significa “llamado” y todos
estamos llamados:
Como criaturas somos llamados a la vida, la vida
es recibida como un don, un regalo de Dios. Es este el primer
llamado que recibimos y compartimos con toda la humanidad. Es el
milagro que Dios nos ha hecho a su imagen y semejanza. Violeta Parra
dirá “gracias a la vida…” más aun la vida es una gracia, y estamos
llamados a vivirla en comunión con Dios y nuestros hermanos.
Un segundo llamado es el llamado universal a la
santidad. Si la vida es un don, el creyente la vive como respuesta a
este llamado, cree no sólo en la vida, sino en aquel que le ha dado
la vida, “y que es la vida misma” por eso todos estamos llamados a
la santidad, es decir, a vivir plenamente en el amor de Dios que se
nos ha manifestado en Jesucristo.
El llamado universal a la santidad, se responde
en un llamado particular, de manera específica. Cada respuesta es
única como cada llamado es único, en el seguimiento a Jesús.
La vocación laical, radica en que toda vida está
llamada a vivir lo que Dios le pide a cada uno. El cristiano está
llamado a servir. Y son, sobre todo, las necesidades de los demás
las que deben pesar decisivamente en la opción profesional y
trabajando en una determinada actividad humanizar nuestro mundo
haciendo presente el Reinado de Dios. En cada familia es necesario
que cada uno de sus miembros descubra la vocación que cada uno tiene,
es decir, lo que Dios espera. El matrimonio es una vocación, es el
llamado de Dios a formar una iglesia doméstica.
“Otra vocación especial, que ocupa un lugar de
honor en la Iglesia, es la llamada a la vida consagrada. A ejemplo
de María de Betania que «sentada a los pies del Señor, escuchaba su
palabra» (Lc 10, 39), muchos hombres y mujeres se consagran a un
seguimiento total y exclusivo de Cristo. Ellos, aunque desarrollando
diversos servicios en el campo de la formación humana y en la
atención a los pobres, en la enseñanza o en la asistencia a los
enfermos, no consideran esa actividad como el objetivo principal de
su vida, porque, como subraya el Código de Derecho Canónico, «la
contemplación de las cosas divinas y la unión asidua con Dios en la
oración debe ser el primer y principal deber de todos los religiosos»
(Benedicto XVI JMOV, 2006)
“En el marco de esa llamada universal, Cristo,
Sumo Sacerdote, en su solicitud por la Iglesia llama luego en todas
las generaciones a personas que cuiden de su pueblo; en particular,
llama al ministerio sacerdotal a hombres que ejerzan una función
paterna, cuya raíz está en la paternidad misma de Dios (cf. Ef 3,
14). La misión del sacerdote en la Iglesia es insustituible. Por
tanto, aunque en algunas regiones haya escasez de clero, nunca ha de
ponerse en duda que Cristo sigue suscitando hombres que, como los
Apóstoles, dejando cualquier otra ocupación, se dediquen totalmente
a celebrar los santos misterios, a la predicación del Evangelio y al
ministerio pastoral”. (Benedicto XVI)
Este ministerio, que es el de pastorear a las
ovejas, consiste en que las ovejas escuchen la Palabra del Señor,
para que puedan reconocerla y entrar en intimidad con él, de lo
contrario estarían impedidas de seguirlo. Por eso es tan necesaria
la oración por este ministerio, para que sean apacentadas las ovejas
del Señor como del Señor y no propias.
Al orar por las vocaciones, especialmente
sacerdotales y a la vida consagrada, estamos orando por nosotros
mismos y por toda la Iglesia, pidiéndole al Señor que nos regale
testimonios vivos de lo que significa oír su voz y seguirlo y
recibir de él vida eterna, que nos llena de alegría y nos abre a la
alabanza y la gratitud. Oramos por la V Conferencia Episcopal
Latinoamericana. En especial ponemos en las manos del Señor, el
Sínodo Temático de Jóvenes, para que se haga oír la voz del Buen
Pastor en medio de los jóvenes.
Que la voz del Buen Pastor, que sigue llamando
pueda encontrar oídos atentos como los de su Madre Maria.
¿Vivo mi vida como un llamado de Dios, con
gratitud, alegría? ¿Mis elecciones son marcadas por el servicio a
los demás? ¿Deseo lo que desea el Señor par su Iglesia, más
vocaciones? ¿Rezo para que el Señor nos envíe más vocaciones (santas
vocaciones)?