Retírate con tu imaginación a cualquier lugar
propicio y crea un clima de silencio y alabanza; una iglesia
silenciosa, una terraza bajo un cielo estrellado, la playa, la cima
de una montaña, la orilla de un río, un lugar donde haya abundantes
árboles de pino.
Imagina la naturaleza alrededor, árboles,
pájaros, animales, el cielo, la montaña…Contempla la naturaleza y
absorbe el silencio que ella transmite…Experimenta la naturaleza en
movimiento: el frescor de la mañana, el calor del medio día, los
colores del poniente, la oscuridad de la noche, las estrellas, la
luna… Pregunta a la naturaleza, a los árboles, a los pájaros, al
río, a la montaña, a las estrellas, si tienen algún mensaje para
darte.
Pregunta, sobre todo, a las personas si tienen
algo que decirte. “Oh valles y espesuras/ plantadas por la mano del
Amado,/ decid si por vosotras ha pasado”… Pregunta también al Señor
lo que tiene que decirte por medio de la naturaleza. Espera la
respuesta de Dios. Puede ser una palabra, una frase, un silencio…
Piensa: a través de tus ojos Dios contempla la belleza de la
creación. Invita al Señor a mirar a través de tus ojos las cosas más
bellas que El ha creado. Si te inspiras en la Biblia, invita a la
creación a glorificar al Señor con el cántico de Daniel (3,52-90).
Ahora elige en el bosque un pino, será un pino
con la bandera de Colombia, y le dices al Señor: “quiero ser tu
pino, Señor, con las ramas verdes y frescas, alimentado siempre por
la sabia de tu vida divina, apoyado en una cruz de madera, símbolo
de tu crucifixión y muerte; me sostendré muy derecho y no caeré ante
las dificultades y crisis de la vida, ya que mi soporte está en Ti y
no en mí mismo. Como un reflejo tuyo mi forma será triangular, signo
de tu Santísima Trinidad; y si una rama sobresale demasiado, hazme
sensible para cortarla a tiempo para que sea menos doloroso.
Empezaré desde hoy a limpiar todo musgo o heno
que tengan el tronco y las ramas; a quitarme todo lo que me estorba:
el egoísmo, el orgullo, la soberbia, la envidia, los rencores, la
incomprensión, que como parásitos crecen sin que me dé cuenta. Como
un recuerdo de todas las estrellas que brillaron en la noche bendita
en que Tú naciste, me llenaré de colores y luces para reflejar a los
demás la alegría de tu venida al mundo y de tu presencia en él.
Escogeré el color amarillo, el más brillante,
para que represente mis alabanzas. Por el sol que sale cada día, por
las estrellas, los atardeceres, por todas las maravillas del mundo
que tu has creado para nosotros, Padre querido. Continuaré con el
color azul, para simbolizar el perdón que te pido para entregarlo.
Porque no siempre he sabido serte fiel, porque no sé perdonar,
porque evado la luz y prefiero ser tinieblas. Perdón, Señor, porque
conociéndote, no doy testimonio de ti. También pondré el color rojo,
que representa mi oración.
Te alabaré por ser quien eres; te pido por mi
familia: que reines siempre Tú y seas el centro de ella. Dame,
Señor, lo que Tú sabes que necesito y no sé pedirte: paciencia,
humildad y prudencia para no herir jamás a nadie. Por último, el
color blanco para decirte: gracias por tanto como he recibido de Ti;
porque me has dado salud, alegría y satisfacciones. Gracias,
también, por las enfermedades, las penas y los sufrimientos. Gracias
porque me acercas más íntimamente a Ti.
Y en lo más alto, con luz muy intensa, pondré una
estrella que me ilumine siempre, será mi fe. Te pido, Señor, una fe
madura, inquebrantable, siempre en aumento y que se alimente de tu
Eucaristía y de tu Palabra. Una fe que, pro eso, brillará, para que
todo aquel que se acerque a mí sienta tu Presencia, te vea. Dame,
Señor, la alegría de permanecer siempre unido a Ti.
Para terminar: Recibe al Señor en tus
aspiraciones; entrégate de nuevo a Él en tus expiraciones. Siente la
paz que te da, descansando en su Presencia, que inunda todo tu ser.
Agradece el amor con que te ha inundado.