Algunas
precisiones necesarias
Hablar de familia en la actualidad nos lleva a
hablar de diversidad. Más allá del casi obligado plural con que
debemos referirnos a la institución familiar, es cierto que las
definiciones de familia por más variadas que sean descansan hoy en
la relación interindividual, dando la idea de que la familia es ante
todo un proyecto relacional que no hace referencia necesariamente a
lazos de sangre. Precisamente Schaffer (1990 en Isabel Solé i
Gallart, 1998) señala que la naturaleza de las relaciones
interpersonales son el factor clave del desarrollo del niño en la
familia, más incluso que la propia estructura familiar.
Esto es precisamente lo que queremos rescatar en
nuestra intervención: la naturaleza de la relación interpersonal
como factor clave del desarrollo del niño en la familia. La familia
sigue siendo, a pesar de los ataques y dudas que se ciernen sobre
ella, el nudo esencial de la constitución de la personalidad de los
niños. Prácticamente todas las definiciones, más allá desde donde se
posicionen para estudiar a la familia, hacen referencia a los
factores comunes: habitación común, descendencia común, mismo techo,
mismo apellido, mismos padres, mismo grupo, misma historia.
Podríamos decir que dos aspectos fundamentales
marcan a la familia de hoy: es el niño que la define, ya sea por su
ausencia o por su presencia. Por otro lado, la historia de las
personas dentro de las familias no es tan lineal como antaño: el
ciclo de vida familiar no es tan previsible, y una misma persona
puede pasar por muy diferentes etapas de su vida en cuanto a la
familia: celibato, pareja, familia monoparental, familia compuesta,
etc..
Por otro lado, la familia se ve amenazada en lo
que tiene de más fundamental: dar a sus miembros la identidad de
base suficientemente reaseguradora para afrontar los acontecimientos
de la vida. La familia antes tomaba a cargo dimensiones muy
particulares de la experiencia humana: tiempo de vida, de
aprendizaje, de educación, de reproducción y ahora está cediendo
algunas de estas funciones a otras instituciones.
De todos modos, y con variantes respecto a etapas
anteriores, la familia es claramente el primer contexto de
aprendizaje para las personas, en este sentido, es importante
aclarar que en su seno aprenden no sólo los niños sino también los
adultos. En la familia se ofrece cuidado y protección a los niños,
asegurando su subsistencia en condiciones dignas. También ella
contribuye a la socialización de los hijos en relación a los valores
socialmente aceptados.
Las familias acompañan la evolución de los niños,
en el proceso de escolarización, que es la vía excelente para ir
penetrando en otros ámbitos sociales diferentes a la familia. Esta,
a través de estas funciones apunta a educar a los niños para que
puedan ser autónomos, emocionalmente equilibrados, capaces de
establecer vínculos afectivos satisfactorios.
En esta intervención haremos expresa referencia a
la que anotamos como segunda función básica de la familia, esto es,
la función socializadora, que conecta al niño con los valores
socialmente aceptados. La enculturación como así ha dado en llamarse
consiste en la transmisión de representaciones y valores colectivos,
indispensables para el desarrollo y la adaptación de los niños.
Partimos de que los valores, las reglas, los
ritos familiares están al servicio de la estabilidad familiar,
funcionan como sello de identidad para las distintas familias, están
al servicio del sentido de pertenencia. Por otro lado, existen
fuerzas internas y externas, como el proceso evolutivo de los
miembros de una familia, los conflictos, las crisis que funcionan
como agentes de cambio. Del equilibrio entre ambas fuerzas resultará
el sano crecimiento de la familia.
Desde una perspectiva evolutivo-educativa,
podemos decir que la familia supone:
-
un proyecto vital de existencia en común con
un proyecto educativo compartido, donde hay un fuerte compromiso
emocional,
-
un contexto de desarrollo tanto para los
hijos como para los padres y abuelos,
-
un escenario de encuentro intergeneracional,
-
una red de apoyo para las transiciones y las
crisis(1).
Desde esta perspectiva, la familia aparece como
el mejor contexto para acompañar a la persona para transitar los
cambios que implica necesariamente la vida.
En cuanto al proyecto educativo familiar es en
general de orden implícito, se trata de un contrato familiar donde
se "inscribe" la forma en que se organizan las familias, como se
dividen las tareas, qué expectativas se tienen de los miembros de la
familia. Los valores, actitudes y expectativas que de esta forma se
transmiten constituyen lo que algunos autores (Cremin, 1976; Bloom,
1981) han llamado "currículum del hogar". Este currículum del hogar
no está escrito -a diferencia del escolar- pero cuenta con objetivos,
contenidos, "metodologías" que determinan la seña de identidad de
cada familia, y contribuyen a generar aprendizajes en sus miembros .
Las familias se diferencian entonces no sólo por los contenidos sino
también en los estilos con que transmiten estos contenidos (Martínez,
1996).
El tema de los estilos educativos adquiere
entonces importancia fundamental a la hora de educar en valores.
En ese sentido se distinguen varios estilos
educativos (Baumrind, 1971 y Maccoby y Martín, 1983 en Coloma,
1993), que vienen determinados por la presencia o ausencia de dos
variables fundamentales a la hora de estudiar la relación padres-hijos:
el monto de afecto o disponibilidad paterna a la respuesta y el
control o exigencia paterna que se pone en la relación padres-hijos.
De la atención de estas dos variables surgen cuatro tipos de padres:
-
Autoritativo recíproco, en los cuales estas
dos dimensiones están equilibradas: se ejerce un control
consistente y razonado a la vez que se parte de la aceptación de
los derechos y deberes de los hijos, y se pide de estos la
aceptación de los derechos y deberes de los padres.
-
Autoritario-represivo, en este caso si bien
el control existente es tan fuerte como en el caso anterior, al
no estar acompañado de reciprocidad, se vuelve rígido, no
dejando espacio para el ejercicio de la libertad de parte del
hijo.
-
Permisivo-indulgente, en este caso no existe
control de parte de los padres, que no son directivos, no
establecen normas. De todos modos, estos padres están muy
implicados afectivamente con sus hijos, están atentos a las
necesidades de sus hijos.
-
Permisivo-negligente, en este caso, la
permisividad no está acompañada de implicación afectiva, y se
parece mucho al abandono.
La educación de
los valores en la familia
Partimos de que los valores son elementos muy
centrales en el sistema de creencias de las personas y están
relacionados con estados ideales de vida que responden a nuestras
necesidades como seres humanos, proporcionándonos criterios para
evaluar a los otros, a los acontecimientos tanto como a nosotros
mismos (Rokeach, 1973 en García, Ramírez y Lima , 1998) . Es así que
los valores nos orientan en la vida, nos hacen comprender y estimar
a los demás, pero también se relacionan con imagen que vamos
construyendo de nosotros mismos y se relacionan con el sentimiento
sobre nuestra competencia social.
Según otros autores (Schwartz, 1990) los valores
son representaciones cognitivas inherentes a tres formas de
exigencia universal: las exigencias del organismo, las reglas
sociales de interacción y las necesidades socio-institucionales que
aseguran el bienestar y el mantenimiento del grupo.
De esa manera, según Schwartz los sistemas de
valores se organizan alrededor de tres dimensiones fundamentales: el
tipo de objetivo (trascendencia o beneficio personal; conservación o
cambio), los intereses subyacentes (individuales o colectivos), el
dominio de la motivación (tradición, estimulación, seguridad). Las
teorías implícitas que todos los padres tienen y que se relacionan
con lo que los mismos piensan sobre cómo se hacen las cosas y por
qué se hacen de tal o cual manera ofician "de filtro" en la
educación en valores.
Estas ideas y teorías implícitas se montan sobre
experiencias, sobre lo que se ha vivenciado.
Si bien se podría decir que la familia no es el
único contexto donde se educa en valores, es una realidad que el
ambiente de proximidad e intimidad que en ella se da la hace
especialmente eficaz en esta tarea.
Existe en la literatura una extensa discusión
sobre cómo se educa en valores: ¿los pequeños interiorizan los
valores familiares? ¿o los niños son agentes activos en el proceso
de construcción de valores, en el entendido que la relación padres-hijos
es una relación transaccional, esto es de ida y vuelta? Nosotros
estamos con la segunda posición, afiliándonos así a las nuevas
perspectivas constructivistas. En ellas se concibe a la relación
entre adultos y niños de doble sentido, aunque se acepte que esta
relación es asimétrica.
Esto significa que no sólo cambian y se
influencian los valores de los niños, sino también los de los
adultos, por ejemplo, luego de tener hijos una persona puede
privilegiar más el valor de la seguridad que el de reconocimiento
social.
Un marco
teórico para comprender la educación en valores en la familia
La familia muestra a sus miembros lo que espera
de ellos teniendo en cuenta lo que se ve como deseable y valioso en
la sociedad. Bronfenbrenner (1987) propone un modelo que incluye
cuatro sistemas para entender la realidad en la que están incluídas
las familias:
En el nivel del macrosistema, se ubican las
creencias de una cultura, las leyes que regulan una sociedad, los
mitos y los valores que se aprecian en un determinado grupo social.
En él también residen los mensajes que se transmiten en los medios
de comunicación social, los clichés, los estereotipos y lo que es
valorado como deseable respecto a lo que puede considerarse una "buena
familia".
En el nivel exosistema se ubican todas las
influencias de agentes externos que tiene la persona, que aunque no
estén en directo contacto con ella, tienen impacto sobre la misma.
En el tema que nos ocupa, los valores manejados por la familia
extensa y por los amigos tienen influencia en los padres, ya sea
para tomarlos como ejemplo y reproducirlos en su propia familia o
para vivirlos como reto y conflicto.
El autor reserva el concepto mesosistema a la
relación existente entre dos o más sistemas que tienen estrecha
influencia en la persona. El ejemplo más claro de relación a nivel
del mesosistema lo constituye la relación entre familia y escuela.
En general justamente, a la hora de elegir el centro educativo para
los hijos uno de los aspectos a tener en cuenta es la compatibilidad
de los valores asumidos por ambas.
Por último, en el microsistema es donde residen
las relaciones más próximas e íntimas que una persona tiene con el
entorno, en palabras del mismo Bronfenbrenner el microsistema "constituye
un patrón de actividades, roles y relaciones interpersonales que la
persona en desarrollo experimenta en un entorno determinado, con
características físicas y materiales particulares". La familia es un
ejemplo claro de microsistema.
Este marco teórico permite la lectura abierta de
la educación en valores en otros contextos de socialización: es un
hecho que la televisión, el mundo de internet y de los ordenadores
condicionan en parte los valores que son transmitidos desde la
familia . De cómo administren los padres estos medios, como eduquen
a sus hijos en la lectura del lenguaje audiovisual y en el espíritu
crítico depende la educación en valores en general.
Este marco teórico permite estudiar a la familia
como un sistema, inmerso dentro de otros sistemas. La palabra
sistema pone acento justamente en la familia como conjunto de
elementos en continua interacción. En un sistema, y por lo tanto, en
las familias cada elemento afecta a otros y es a su vez afectado por
aquellos, en una especie de equilibrio circular que una vez
establecido tiende a mantenerse, esto es lo que se llama aptitud de
homeostasis, que es la tendencia del sistema a permanecer igual a sí
mismo.
De todos modos, los sistemas también tienen
aptitud para el cambio Los modos de relación no son considerados
desde esta perspectiva en forma lineal, sino que son multilaterales,
cada elemento influye al otro, y este al primero, el esquema es
entonces de naturaleza circular.
Todas estas características de las familias en
tanto sistemas interesan a la hora de estudiar a la familia como
educadora en valores.
Ciclo de vida
familiar y valores
Las familias, como las personas atraviesan
diferentes etapas, recorriendo un ciclo evolutivo (Vidal, 1991).
En general se pueden distinguir tres grandes
tiempos en la vida de una familia: el tiempo de constitución, que
abarca cuestiones tales como elección de la pareja, matrimonio y
cohabitación sin hijos, el tiempo de expansión, esto es de la
llegada de los hijos, que implica la transición a la paternidad y la
vida con hijos de edad preescolar y escolar, y por último un tiempo
de reducción, cuando los hijos se emancipan, la pareja vuelve a
quedar sola y sin actividad laboral.
En general, las etapas que se inscriben dentro de
estos tiempos se definen en relación a estos factores: cambios en la
composición familiar, cuando miembros se anexan o se pierden,
cambios en la composición en relación a las edades y cambios en la
situación laboral de los miembros de la familia.
A grandes rasgos se pueden describir las
siguientes etapas:
-
constitución de la pareja, cuando la mujer y
el hombre llegan a la pareja cada uno tiene una serie de
expectativas sobre como debe ser una pareja. Estas expectativas
tienen que ver con valores sobre cómo tienen que ser las cosas
dentro de una pareja, y en general no se dicen de forma
explícita. Estas formas de concebir las cosas pueden ir desde
como se deben relacionar hombre y mujer, hasta la repartición de
las tareas domésticas ¿quién cocina, lava los platos, hace los
mandados, quién ayuda a quién?. En esta etapa el éxito en la
separación con las familias de origen es crucial, y cuanto más
aglutinadas sean las familias de origen, mayor dificultad traerá
consigo la separación, ya que separarse en ciertos casos puede
asimilarse a aniquilación y a traición.
-
nacimiento de los hijos (con las primeras
etapas de vida preescolar y escolar), supone el tener resuelto
el lugar que va a ocupar el hijo que llega, el modo de
participación de los padres y de sus familias está vinculado con
la relación de los padres entre sí y de cada uno con su familia
de origen: Aquí se pone en juego cómo se debe educar a un niño o
a una niña, y en general lo que se quiere de los hijos, si esto
se define por repetición o por oposición a lo que los padres han
vivido ellos mismos en tanto hijos; cuanto se asigna
externamente a ese hijo que llega, desde la misma manera de
esperarlo, del lugar que se le asigna, desde el nombre que se le
pone, etc.
La cuestión del nombre: si el mismo ya existe en
la familia, si es un nombre a "estrenar", tiene que ver con las
expectativas y valores que los padres ponen en juego desde el inicio
en la relación con ese hijo: se va a llamar como el abuelo, como el
tío, y por qué, para llenar un espacio que ha quedado vacío, si se
quiere repetir la historia de alguien que ha sido muy inteligente,
muy afectuoso, muy exitoso en la familia. La distribución de tareas
en el cuidado de los hijos es un tema fundamental en la educación,
quién se levanta de noche, quién lo baña y quién le da de comer
definen valorizaciones, formas determinadas de encarar los vínculos.
-
adolescencia de los hijos ,que se estudia en
forma separada de las etapas anteriores, por el impacto que
tiene tanto en los adultos como en los mismos adolescentes. En
esta etapa los hijos se plantean el por qué, el para qué, el
sentido de la vida, qué quieren hacer, cómo quieren vivir. A
través de estas preguntas, el adolescente también "mueve" a los
padres, y los lleva a replantearse sus propias opciones al
respecto. Pueden darse conflictos de valores, enfrentamientos,
con la diferencia que el adolescente tiene tiempo por delante
para resolver estos temas, mientras que los padres no. Esta
etapa puede resolverse mediante el control férreo de parte de
los padres o por el contrario, por una indiscriminación entre
padres e hijos, que funcionan como amigos.
-
partida de los hijos del hogar parental, es
también una etapa movilizadora para los padres, porque coincide
con la disminución de la potencia en el hombre, la pérdida de la
capacidad de reproductora en la mujer, la transición de una vida
laboral activa a la jubilación. Cómo se viva esta etapa va a
depender de cuán diferenciados hayan estado los subsistemas
parental y conyugal, como para poder permitir al hijo partir sin
culpa.
-
pareja nuevamente sola, que se ha dado en
llamar etapa del "nido vacío", en ella se suelen invertir los
roles, los hijos deben cuidar de sus padres, de cómo se hayan
sentido cuidados, protegidos y atendidos los hijos como tales
dependerá como puedan vivir esta etapa.
Estas etapas pueden variar: en algunas culturas o
en algunas subculturas el ingreso a la vida adulta se hace sin
transitar prácticamente por la adolescencia, en otros casos, no se
puede hablar de nido vacío, ya que las nuevas unidades familiares se
construyen en presencia de por lo menos una de las familias de
origen, a tal punto que algunos autores han hablado de "nido repleto".
Cada una estas etapas implica el cumplir con
determinadas tareas, implica conflictos básicos a resolver, que de
no enfrentarse en su momento, se arrastran a etapas posteriores.
Valores y
reglas
Las reglas familiares son en general implícitas y
provienen de las familias de origen y se transmiten de generación en
generación. Las reglas pueden funcionar como vehículos concretos de
expresión de los valores, ya que en general responden a una
determinada escala de valores, sea esta explícita o no. También
pueden responder a la tradición y ser el principal obstáculo para el
cambio. Las reglas familiares constituyen indicadores
comunicacionales por excelencia. A través de ellas se determina
quién habla con quién, quién tiene derecho a qué, cómo se expresan
los afectos, qué se penaliza, que se premia, a quién le corresponde
hacer qué.
Las reglas en todo caso deben ser flexibles,
cambiar a lo largo del ciclo familiar y estar al servicio del
crecimiento de los miembros del grupo.
Es interesante detenerse en el análisis de las
reglas y sus características.(Gimeno, 1999)
En primer lugar, las reglas tienen diferentes
contenidos: las hay organizacionales o instrumentales, son las
reglas que regulan los horarios, las tareas domésticas, las rutinas.
Las reglas más importantes para la teoría
sistémica son las que regulan las interacciones entre los miembros,
cuáles son las distancias a tener con los miembros de la familia
extensa, con los amigos, los vecinos y también la intimidad y la
forma de expresar el afecto entre los miembros de la familia nuclear
Existen reglas que hacen referencia a las formas
de apoyo y se vinculan al cuándo se pide ayuda a quién y cómo.
Otras reglas regulan la manera de proceder ante
los conflictos, cómo se enfrentan, y en el caso de hacerlo, cómo se
resuelven. Si la regla básica de una familia es "no tenemos
conflictos", se sancionará a todo aquel que intente denunciar uno.
Por último, los secretos familiares que existen
justamente porque son violatorios de escalas de valores o
constituyen un riesgo para el prestigio familiar, son regulados
mediante reglas. Cuanto se cuenta, a quién, con quién se comparte el
secreto, con quien se hacen alianzas en tal sentido, todo ello
depende de la aplicación de ciertas reglas.
Las reglas cuando están al servicio de las metas
y los valores familiares contribuyen al crecimiento de la familia,
pero si su número es excesivo pueden resultar un factor estresante:
La consistencia de las reglas esto es, reglas claras que indican a
las personas los límites entre lo que se puede y lo que no,
colaboran para dar seguridad a los hijos.
Algunos autores como Stenberg (1992 en Gimeno,
1999) hablan de poder ejecutivo, legislativo y judicial en la
familia, pidiendo prestados términos jurídicos, haciendo referencia
a la aplicación de reglas en la familia. El poder legislativo se
encarga de enunciar normas, el poder judicial determina si ha habido
incumplimiento de las mismas, y el poder ejecutivo es quien se
encarga de que las normas se cumplan.
En las familias de corte tradicional, el padre
representa el poder legislativo, mientras que a la madre, que en
general está en mayor contacto con los hijos, corresponden los otros
dos poderes.
Investigaciones
relacionadas con el tema
Las investigaciones relacionadas con la educación
en valores en la familia han sido criticadas muchas veces por
descuidos de orden metodológico. Las que han trabajado directamente
con los hijos puede decirse que son las que han aumentado la validez
y fiabilidad de los resultados, al tratar de las relaciones entre
sus representaciones y los valores finales a los que adhieren los
hijos.
Cuando se ha solicitado a las personas que
asocien el concepto de familia a una serie de valores que tengan
relación con el bienestar familiar la gran mayoría de ellas señalan
como importante el valor de la seguridad, seguidos por los valores
de respeto, tolerancia, solidaridad, responsabilidad, etc (Salcedo,
1992; Orizo, 1996;García y Ramírez, 1997 en García, Ramírez y Lima,
1998)
Se han realizado también estudios transculturales
sobre las representaciones que los adolescentes se han formado de la
relación padres-hijos en el marco de la familia y a la vez sobre los
valores de los mismos padres. En esas investigaciones realizadas con
adolescentes españoles, polacos, ingleses, colombianos y portugueses
se pone énfasis en la relación entre los valores de los adolescentes
y sus representaciones de las actitudes y comportamientos educativos
parentales por un lado, y por otro, en la relación entre los valores
de los adolescentes y los padres por otro (Musitu y Fontaine, 1998).
Se trabajó con dos instrumentos en el caso de los
adolescentes: evaluación de la representación que tienen los
adolescentes sobre sus padres y por otro la escala de valores
inspirada en la teoría de Schwartz ya mencionada. En el caso de los
padres, sólo se aplicó ésta última.
En forma muy resumida, podemos decir que existen
interacciones significativas, aunque de poca intensidad, entre la
representación del adolescente en cuanto los roles y las funciones
de sus padres y de su propio sistema de valores. La dimensión
principal de los adolescentes relacionada con el factor comprensión,
es la que presenta mas correlación con los diferentes valores. Los
hogares donde predomina la armonía, el bienestar, el afecto
refuerzan los siguientes valores:
-
universalidad entendida como la comprensión
la tolerancia, la estima y la protección de todas las personas y
de la naturaleza,
-
benevolencia, entendida como la preocupación
por la preservación del bienestar de las personas próximas
-
la seguridad, o valoración de la integridad,
armonía y equilibrio tanto a nivel interpersonal como social
-
el conformismo, entendido por la restricción
de acciones o pulsiones que puedan resultar dañinas para los
otros o que violen las expectativas o normas sociales. Estos
valores fueron encontrados en los cinco países estudiados.
La armonía familiar, la comprensión y el apoyo
aparecen como dimensiones centrales para la formación de sistemas de
valores que se refieren a estados finales de la existencia y a
comportamientos deseables. Estos resultados ilustran la relación que
existe entre los valores característicos de cada sociedad y los
valores individuales de sus miembros. La transmisión de valores
parece darse en forma principal a través de la familia siendo
entonces el clima familiar con todos sus componentes socio-afectivos
lo que da sentido a los valores, sin descuidar, como hemos dicho que
hay otros agentes que intervienen en la transmisión de valores: los
pares, los medios de comunicación social, las instituciones
educativas, etc..
Existen otras investigaciones de los mismos
autores que relacionan las funciones de la familia y la pertenencia
social. La familia como refugio del individuo es vivida más
frecuentemente en medios socioeconómicos medios y altos, mientras
que la transmisión de valores tradicionales predomina en el seno de
las clases desfavorecidas Mientras que estas clases valorizan el
conformismo respecto a la norma social, las clases media y alta
valorizan la iniciativa, la curiosidad, la autonomía y la
creatividad.
En nuestro país existen investigaciones que
pueden colaborar para dar luz en este tema. Una investigación
dirigida por Rita Perdomo (1998) realizada con adolescentes
montevideanos a principios de la década de los 90 estudia lo dicho y
lo no dicho por los adolescentes poniendo énfasis en su inserción
social y sus dificultades.
Uno de los capítulos de la encuesta realizada a
adolescentes entre 15 y 19 años está dedicado a la toma de
decisiones en el hogar. Ante la pregunta : ¿quién decide las cosas
más importantes en tu casa? , en el total de los encuestados
predominó la respuesta el padre y la madre (un 33 % del total)
ubicándose la respuesta "todos en familia" en el tercer lugar con un
19%.(2)
Esto podría hablar de una tendencia a la
democratización de los vínculos familiares, esta tendencia es de
anotar se da en todos los estratos socioeconómicos, y se vincula con
la facilitación de la comunicación y la comprensión entre los
miembros de la familia. Es verdad que esta investigación no tenía
como objetivo fundamental el estudio de los valores, e incluso los
autores dejan claro que expresamente formularon esta pregunta en
forma vaga, no dejando claro en su formulación qué querían decir con
"las cosas importantes en tu casa", dejando librado a la
interpretación de cada adolescente. esta expresión.
Así las cosas importantes de la casa podrían ser
la adquisición de bienes materiales, decisiones respecto a la
educación de los hijos, o aspectos cotidianos tales como
distribución de tareas, horarios, etc.. De todos modos, más allá de
las interpretaciones personales, esta pregunta indagaba acerca de la
percepción que los adolescentes tienen sobre las figuras de
autoridad, la distribución del poder, los mecanismos de control que
operan en una familia, aspectos que vimos están relacionados con la
educación en valores.
Reflexiones
finales
De acuerdo al modesto recorrido realizado a
través de teorías, propuestas de autores e investigaciones, parece
claro que aún la familia, a pesar del debate frecuente sigue siendo
vehículo privilegiado en la transmisión de valores.
Los cambios operados al interior de la familia
desde los años 70, han dejado de lado el modelo racional, con una
fuerte y rígida división de roles entre hombre y mujer y entre
padres e hijos. Los padres optan por una educación para la libertad,
valorizando la comunicación, el diálogo, la tolerancia. El estilo
autoritativo recíproco descripto en este mismo artículo es el que
según las investigaciones actuales aparece como el más indicado para
favorecer el crecimiento del hijo en todas las dimensiones. Más allá
de la forma que adquiera, la familia sigue siendo la institución
cuya función fundamental es responder a las necesidades y las
relaciones esenciales para el futuro del niño y su desarrollo
psíquico. La familia aparece como la instancia primera donde se
experimenta y organiza el futuro individual donde se dan las
contradicciones entre: "pertenecer a" y a la vez lograr la autonomía,
parecerse y diferenciarse. Esta tensión paradójica se resuelve con
la marca individual de cada persona, pero es verdad que la familia
se instituye como un lugar de resiliencia, en el sentido que brinda
un espacio para resistir a esta tensión y resolverla favorablemente.
La familia es el lugar de la construcción de identidad, sin el otro,
es imposible que exista el yo, sin lazos o relaciones no existe
psiquismo unificado. La familia constituye entonces el compromiso de
cada uno con un proyecto relacional que se construye en un
determinado tiempo y espacio y que define por lo tanto los valores
que en cada unidad familiar se ponen en juego. La familia se
constituye así como el primer paso importante hacia la cultura, al
organizar el sistema de valores, la manera de pensar y de
comportarse de sus miembros, de acuerdo a la pertenencia cultural
Más allá de la estructura, la historia, la
cultura, la composición de la familia sus funciones primeras siguen
siendo las mismas: favorecer lo mejor posible a nivel de las
relaciones, las condiciones necesarias y suficientes de un
dispositivo que permita favorecer la capacidad psíquica de cada uno
de sus miembros para producir sentido a fin de inscribir su
existencia en su historia y la de los otros. La relación padres-hijos,
a través de la educación en valores, constituye la primer y
fundamental escena de esta meta a lograr. (Lefebvre, 2000)
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Vidal, Raquel (1991): Conflicto psíquico y
estructura familiar: Montevideo: Ciencias.
Notas
(1) Hablamos aquí tanto de las crisis normativas,
estas son las esperadas dentro del ciclo vital de una persona:
casamiento, obtención del primer empleo, cambio de empleo,
jubilación; como de las crisis no normativas, que implican "quiebres"
inesperados: divorcio, accidentes, enfermedades.
(2) Es de anotar que el segundo lugar lo ocupa la
respuesta que ubica a la madre en un 24 %como quien decide las cosas
importantes. Es de hacer notar que en un 13% de los encuestados la
madre era en realidad la "jefa del hogar". Por otro lado, la
distribución homogénea en todos los estratos sociales de la
respuesta "todos en familia" con una pequeña disminución en el
estrato bajo se explicaría en estos casos por las problemáticas y
ausencias en la estructura familiar más frecuente en estos sectores.