¿Por qué los católicos aceptamos cosas que no
están en la Biblia?
Es una pregunta que no pasa una semana sin que me la hagan mis
amigos que son evangélicos o pentecostales.
El área donde vivo hay mucha predicación protestante y los
sacerdotes casi no tienen tiempo, o no sé si no les preocupan las
confusiones que muchos vivimos a diario.
Ante todo preguntemos una cosa: ¿De dónde sale la
idea de que cada cosa que creemos debe estar en un versículo de la
Biblia? Esa idea no viene de la Biblia. Ningún versículo de la
Biblia dice que la Biblia tiene formulado todo lo que hemos de creer.
De hecho, antes del siglo XV, o mejor: antes de Martín Lutero ese
supuesto criterio no existía. Fue Lutero el que lo formuló con la
expresión "Sola Scriptura," o sea: la sola Biblia. Basado en ese
principio Lutero instaló firmemente también su idea de que cada
quien debía interpretar la Sagrada Escritura, o sea, lo que se llama
la interpretación privada.
Pero si uno mira la Biblia, resulta que ella no
apoya ninguna de estas ideas que Lutero volvió populares con tanto
éxito, y que son el soporte teórico del protestantismo en todas sus
versiones. Por lo pronto, ningún versículo de la Biblia dice que en
la Biblia está todo lo que hemos de creer. Más bien lo que dice es
lo contrario. En 2 Tesalonicenses 2,15 san Pablo dice: "Hermanos,
estad firmes y conservad las doctrinas que os fueron enseñadas, ya
de palabra, ya por carta nuestra." Ahí constan dos cosas: que una
parte importante de su enseñanza no quedó escrita y que el apóstol
quiere que eso que no está escrito tenga fuerza de doctrina que debe
ser conservada.
Por otra parte, tenemos el versículo de Juan
16,13 donde Cristo dice a sus apóstoles: "Cuando El, el Espíritu de
verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su
propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo
que habrá de venir." Jesús dice que el Espíritu Santo guía hacia una
verdad plena o completa. Si todo estuviera ya escrito una vez y para
siempre en un libro (la Biblia), ¿qué clase de verdad "plena" nos va
a dar el Espíritu?
Y en cuanto a eso de que cada uno interprete la
Biblia, eso contradice expresamente a la Biblia. Leemos en 2 Pedro
3,15-16: "Considerad la paciencia de nuestro Señor como salvación,
tal como os escribió también nuestro amado hermano Pablo, según la
sabiduría que le fue dada. Asimismo en todas sus cartas habla en
ellas de esto; en las cuales hay algunas cosas difíciles de entender,
que los ignorantes e inestables tuercen--como también tuercen el
resto de las Escrituras--para su propia perdición." Ese pasaje es
muy importante porque muestra que el texto puede ser mal
interpretado. El texto permanece impotente frente al hecho de que se
pueden hacer con él muchas cosas.
La Historia muestra en realidad que con los
textos bíblicos se han hecho muchas, demasiadas cosas. Por lo
pronto, los protestantes no logran ponerse de acuerdo en multitud de
cosas fundamentales. Todos dicen basarse "sólo" ne la Biblia pero de
la misma y única Biblia no saben si hay ministros ordenados o no; no
saben si es verdad lo que dijo Calvino ("una vez salvo, siempre
salvo") o no; no saben si los homosexuales pueden casarse o no; no
saben si el aborto es un pecado que lleva a la muerte o no; no saben
ni pueden ponerse de acuerdo en ninguna de estas cosas y así se
dividen sin cesar porque cada quien dice que está apoyado "sólo" en
la Biblia y que su interpretación es "obvia" y natural. Por supuesto,
no es ni natural ni obvio que de unos mismos versículos salgan cosas
tan dispares porque es claro que no todos pueden estar en lo
correcto. Esto lo saben los protestantes pero no pueden repararlo
porque la única manera de tener autoridad en el protestantismo es
fundando u no su propia "iglesia."
San Pedro dice otra cosa en esta misma línea, en
2 Pedro 1,20-21: "Ante todo sabed esto, que ninguna profecía de la
Escritura es asunto de interpretación personal, pues ninguna
profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que
hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios."
Y aquí digo yo: si la Escritura no es asunto "de interpretación
personal," y si está claro que sí debe ser interpretada, ¿qué
significa lo que nos dice el apóstol? ¿De qué modo se puede entender
eso si no es admitiendo que debe haber dentro de la Iglesia aquellos
que nos guían a todos en el conocimiento de la interpretación
correcta, querida por el Espíritu Santo, el cual nos guía hacia la
verdad completa? Pues exactamente ESO es lo que enseña la Iglesia
Católica. Lo que nosotros llamamos el "Magisterio" y que tiene como
cabeza suya visible al Papa, es eso: es el modo real y concreto a
través del cual somos guiados, bajo impulso del Espíritu Santo,
hacia una comprensi ón más y más perfecta de la Revelación.
Además, los mismos protestantes no se dan cuenta
muchas veces de cuántas cosas que son parte de su enseñanza no están
expresamente en ningún versículo de la Biblia. Un ejemplo muy
relevante es este: ¿dónde dice la Biblia que el Espíritu Santo es
Dios como el Padre es Dios y como el Hijo es Dios? Por descontado,
todos los protestantes creen y predican que así es, pero ¿cuál es el
versículo que lo dice? Existe una Carta de san Pablo, u otro libro
de la Biblia que tenga la frase: "El Espíritu Santo es Dios como el
Padre"? No existe. ¿De dónde surge esa enseñanza? ¿Es antibíblica?
Por supuesto que no lo es. ¿Entonces? Entonces vemos que hay una
evolución, un crecimiento coherente, armónico y orgánico de lo que
creemos, y eos sucede como dijo Cristo en Juan 16,13. Y los
protestantes se contradicen porque si fueran coherentes no podrían
volver a decir que el Espíritu Santo es Dios como lo es Cristo y
como lo es el Padre, ya que no hay versículo para eso. peor por
supuetso, lo qu está mal no es lo que creemos del Espíritu sino la
idea o capricho de Lutero, que en esto se hizo un gran daño a sí
mismo y le hizo un daño muy grande a muchos cristianos. Lutero tenía
razón en muchas de sus denuncias sobre los males de la Iglesia de su
tiempo, pero en esto
Conclusión hasta aquí: la idea de la "Sola
Scriptura," y por tanto la idea de que hay encontrar "el versículo"
para cada cosa que creemos es infantil, insuficiente, incoherente y
ajena a la Biblia misma.
¿Y entonces qué debe ser norma para creer? La
respuesta no es tan sencilla como: "ve y mira el versículo..." pero
alguna respuesta debe haber. Sabemos que la Sagrada Escritura no se
transmite sola, sino que es acompañada por la vida y las enseñanzas
de una comunidad creyente que nace de los Apóstoles mismos. Esa "compañía"
de la Escritura a lo largo de los siglos de algún modo queda
plasmada en lo que solemos llamar "Tradición." No es un grupo de
libros o textos para "completar" la Biblia, como a veces se
ridiculiza en medios protestantes. Es más bien el caminar mismo de
la fe y de la Escritura junto a y a través del pueblo de Diso que
peregrina por los siglos, hasta el encuentro de Cristo. En este
sentido podemos terminar citando las palabras del número 10 de la
Constitución Apostólica Dei Verbum del Concilio Vaticano II:
La Sagrada Tradición, pues, y la Sagrada
Escritura constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de
Dios, confiado a la Iglesia; fiel a este depósito todo el pueblo
santo, unido con sus pastores en la doctrina de los Apóstoles y en
la comunión, persevera constantemente en la fracción del pan y en la
oración (véase Hechos 8,42), de suerte que prelados y fieles
colaboran estrechamente en la conservación, en el ejercicio y en la
profesión de la fe recibida. Pero el oficio de interpretar
auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido
confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad
se ejerce en el nombre de Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente,
no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando
solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y con la
asistencia del Espíritu Santo la oye con piedad, la guarda con
exactitud y la expone con fidelidad, y de este único depósito de la
fe saca todo lo que p ropone como verdad revelada por Dios que se ha
de creer. Es evidente, por tanto, que la Sagrada Tradición, la
Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el designio
sapientísimo de Dios, están entrelazados y unidos de tal forma que
no tiene consistencia el uno sin el otro, y que, juntos, cada uno a
su modo, bajo la acción del Espíritu Santo, contribuyen eficazmente
a la salvación de las almas.