En el evangelio Jesús nos revela el misterio más
grande que existe, es un dogma de fe, es decir, una verdad que
debemos creer, si nos llamamos cristianos. Cada vez que rezamos el
Credo, decimos creer en un solo y único Dios, que es Padre Creador,
que es Hijo Redentor y que es Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida
y Santificador. El misterio de la Santísima Trinidad, es uno de los
"misterios escondidos en Dios, -que como dice el Concilio Vaticano
II-, si no son revelados, no pueden ser conocidos" Y, aun después de
la Revelación, es el misterio más profundo de la fe, que el
entendimiento por sí solo no puede comprender ni penetrar. En cambio,
el mismo entendimiento, iluminado por la fe, puede en cierto modo,
aferrar y explicar el significado del dogma, para acercar al hombre
al misterio de la vida íntima del Dios Uno y Trino. Toda la Sagrada
Escritura revela esta verdad: "Dios es Amor en la vida interior de
una única Divinidad, como una inefable comunión de personas". Son
Tres Personas distintas en un sólo Dios, como aprendimos en el
catecismo.
El misterio de la Santísima Trinidad es la
revelación más grande hecha por Jesucristo. Los judíos adoran la
unicidad de Dios y desconocen la pluralidad de personas en la
unicidad de la sustancia. Los demás pueblos adoran la multiplicidad
de los dioses. El cristianismo es la única religión que ha
descubierto, en la revelación de Jesús, que Dios es uno en tres
personas. Ante esta revelación divina de su íntima esencia, no nos
queda otra cosa que agradecerle esta confianza y adorar a las Tres
Personas Divinas.
¿En qué consiste el Misterio?
Sabemos que hay UN SOLO DIOS, en tres personas
distintas entre sí, no por su naturaleza -que es la divinidad misma-
sí por su obrar en la historia de la salvación. Así decimos que:
> DIOS PADRE, es el "Principio-sin principio"; no
fue creado ni engendrado; es por sí sólo el Principio de Vida; es la
vida misma, que posee en absoluta comunión con el Hijo y con el
Espíritu Santo.
> DIOS HIJO, es engendrado -no creado- por el
Padre; Jesús es Hijo eterno y consustancial (de la misma naturaleza
o sustancia); Dios es al mismo tiempo Padre, como el que engendra, e
Hijo como el que es engendrado.
> DIOS ESPÍRITU SANTO, procede del Padre y del
Hijo; es como una "espiración", soplo del Amor consustancial entre
el Padre y el Hijo; se puede decir que Dios en su vida íntima es
amor, que se personaliza en el Espíritu Santo. .
Diferentes "misiones"
Si quisiéramos identificar a la Santísima
Trinidad por sus "misiones" en el tiempo, o atribuciones, diríamos
que:
EL PADRE es el Principio de Vida, de quien todo
procede. Se le atribuye la Creación.
EL HIJO procede eternamente del Padre, como
engendrado por Él, y asumió en el tiempo una naturaleza humana por
nuestra salvación. Se le atribuye la Redención.
EL ESPÍRITU SANTO es enviado por el Padre y el
Hijo, como también procede de ellos, por vía de voluntad, a modo de
amor; se manifestó primero en el Bautismo y en la Transfiguración de
Jesús y luego el día de Pentecostés sobre los discípulos; habita en
los corazones de los fieles con el don de la caridad (Cf. Ef 4,30).
Se le atribuye la Santificación. Porque el entendimiento humano no
es capaz de comprender la esencia divina, no puede penetrar en el
misterio de la vida íntima de Dios, sólo puede conocer lo que Dios
revela y asumirlo con la fe; se puede aplicar aquí la frase de San
Agustín: "Si lo comprendes, no es Dios". .
"Que
todos sean uno…"
"Te preguntarás: ¿si no lo podemos comprender,
para qué entonces quiso Dios revelarnos el gran misterio de la
Santísima Trinidad?
En el evangelio de San Juan, Jesús ruega al Padre
por lo que es su gran deseo: "Que todos sean uno como Tú, Padre,
estás en Mi y Yo en Ti. Sean también uno en nosotros: así el mundo
creerá que tú me has enviado". (Jn 17, 21) Cuando revela el misterio
de la Santísima Trinidad, deja ver también las relaciones que hay
entre las tres Divinas Personas; aunque esas relaciones son
distintas, tampoco dividen la misma y única esencia de Dios.
El Padre es pura Paternidad.
El Hijo es pura Filiación.
El Espíritu Santo es puro Nexo de Amor.
Son relaciones "subsistentes", que en virtud de
su impulso vital salen al encuentro una de la otra en una comunión,
en la cual la totalidad de la Persona es apertura a la otra. Es esto,
el paradigma supremo de la sinceridad y libertad espiritual a la que
deben tender las relaciones interpersonales humanas, siempre tan
lejanas a este modelo trascendente.
"El Señor Jesús, cuando ruega al Padre que 'todos
sean uno, como nosotros también somos uno' abriendo perspectivas
cerradas a la razón humana, sugiere una cierta semejanza entre la
unión de las personas divinas y la unión de los hijos de Dios en la
verdad y en la caridad. Esta semejanza demuestra que el hombre,
única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí misma, no
puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de
sí mismo a los demás" (Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 24). .
Compromiso cristiano
"Conocer el misterio de la Santísima Trinidad,
nos involucra y compromete para adquirir ciertas actitudes en las
relaciones humanas: "la perfectísima unidad de las tres Personas
divinas, es el vértice trascendente que ilumina toda forma de
auténtica relación y comunión entre nosotros, seres humanos" (Juan
Pablo II, "Creo en Dios Padre", p.170)
No se trata de que queramos entender el Misterio
de la Santísima Trinidad, esto es imposible. Jesús nos reveló ese
Misterio para mostrarnos el modelo de lo que deben ser las
relaciones humanas de los cristianos.
La Iglesia universal nos invita a "glorificar a
la Santísima Trinidad", como manifestación de la celebración del
Jubileo. No hay mejor forma de hacerlo que revisando las relaciones
con nuestros hermanos, para mejorarlas y así vivir la unidad querida
por Jesús "que todos sean uno" .