“Mi copa está rebosando” Salmo 23: 5
La fiesta había comenzado. El bullicio aumentaba,
el movimiento era incesante. De pronto el maestresala se lleno de
angustia cuando le informaron que el vino se había terminado. Error
de calculo. Falta de provisión. Los invitados eran más de los que se
esperaban. No importa la razón o causa de la situación.
Había que hacer algo. No había supermercados de
24 horas de servicio. Era el mundo antiguo. No había nada que se
pudiera hacer. No había entrega a domicilio. El rumor se corrió
sutilmente. Eran murmullos. Chismes diplomáticos. La noticia llego a
oídos de María, La Madre de Jesús. Ella como buena dama, se acercó a
su hijo y le pidió el milagro.
Muy por encima de lo programado. El acepto y
sucedió el milagro. Los cántaros fueron llenos de agua y el agua se
convirtió en Vino. Y era buen Vino.
El regocijo regresó a la boda. La fiesta continuó.
Había llegado la copa que rebosa. Es muy probable que en nuestra
vida se acabo la fiesta. Y todo se volvió como agua, pero ánimo,
Jesús está presente y listo para convertir el agua en vino. La razón
es una sola, Él vino para llenarnos y sobreabundarnos.
Rebosando acá significa: Saturada, en abundancia.
Él mismo dijo, “El que cree en mi de su interior correrán ríos de
agua viva”.
Pablo hablo de ser llenos de la plenitud de Dios.
Es el deseo de Dios que toda nuestra vida esté llena de abundancia
de su gloria y de su amor. No hemos sido llamados para vivir en
gotas o en pequeños hilillos de agua, sino para ríos de abundancia
corran.
Dios llena mi copa hoy en abundancia.
Cuando El Señor llena la copa de abundancia
entonces todo cambia de dimensión.
Hoy, El Señor llenará mi vida de abundancia para
así llenar a otros de la gloria de Dios.
Señor, Gracias por llenar de mi vida en esta día.
Sabes lo que necesito y lo que anhelo. Hoy extiendo mi mano al
infinito para tocar tu gloria por la Fe. Me extiendo hacía la
eternidad en fe de que mi copa hoy rebosará porque tú la llenas. En
el Nombre de Jesús. Amén.