El hombre obra y se mueve por sentimientos,
aunque de pronto no les pone mucha atención, los considera algo
perfectamente natural. Somos afectivos por naturaleza y respondemos
afectivamente en todo el contexto de nuestra existencia. Con la
afectividad expresamos la capacidad y la necesidad que tenemos de
amar y de ser amados; por ella somos capaces de experimentar
sentimientos, emociones y pasiones. En nuestra reflexión nos
acercaremos al modelo de todo hombre y mujer: Jesucristo Dios y
hombre. El tuvo grandes sentimientos, por eso tuvo amigos. Cuando
uno de ellos, Lázaro, murió, fue para ver el lugar donde le habían
colocado. Allí se encontró con María, hermana de este. Ella sufría
sobrecogida de dolor. Al verla se conmovió profundamente, pues había
muerto alguien a quien los dos amaban. Ante la tumba, no solo lloró
por la muerte de su amigo, sino por el dolor de su amiga María.
Tener buen corazón y buenos sentimientos es la clave de la felicidad
y la verdadera riqueza. Iniciaremos ahora nuestra reflexión sobre
los sentimientos en general y en el siguiente tema abordaremos
nuestra reflexión sobre los sentimientos de Jesús.
Naturaleza de
los sentimientos:
Los sentimientos son emociones o impulsos de la
sensibilidad hacia lo sentido o imaginado como bueno o como malo.
Los sucesos externos, algún estímulo interno, o cualquier
sufrimiento pasado, traído por el recuerdo, son transmitidos por los
sentidos a la corteza cerebral.
El humor afectivo hace que estemos como
sintonizados para la ira o el amor, para la tristeza o la alegría, e
influye, junto con el temperamento, en los pensamientos que vendrán
a la mente en presencia de los acontecimientos, y que será la causa
de nuestras emociones. Nuestros sentimientos revelan un estado de
espíritu íntimo, una disposición corporal preparatoria para realizar
un acto con placer o sin placer. Los sentimientos, por no ser ni
buenos ni malos pues no responden a la voluntad, penetran todo
nuestro ser, y predicen y explican nuestro comportamiento. Alguien
dijo que el sentimiento, más que una emoción, es una comunicación de
toda la persona sobre qué clase de compromiso estás teniendo con el
mundo.
Cuando los sentimientos nos facilitan obrar el
bien, conviene fomentarlos; y cuando nos llevan hacia el mal: es
necesario dominarlos, cambiarlos. De todos modos no debemos dejarnos
guiar por los sentimientos. El hombre debe guiarse por su
inteligencia, que es la facultad que muestra el verdadero bien. Los
sentimientos son en buena parte instintivos. El instinto es un
estímulo interior que lleva al animal a realizar acciones tendientes
a la conservación y a la reproducción. Por eso, dejarse dominar por
los sentidos, es dejarse dominar por los instintos, no por la
inteligencia ni la voluntad y perder así la libertad. Los actos
determinados por el instinto, tanto en los hombres como en los
animales, permanecen invariables, así el recién nacido mama y las
aves construyen sus nidos, hoy igual que hace mil años. El
sentimiento de fastidio hacia un hermano, por ejemplo, no debe
guiarnos en nuestras relaciones, sino que tenemos que educarlo,
dominarlo y superarlo.
Cómo surgen los
sentimientos:
Los sentimientos son respuesta a estímulos
registrados en billones de células que forman parte de nuestro
sistema nervioso. Los indicadores más sutiles del rostro y las más
pequeñas contracciones del mismo son producidas por músculos
faciales involuntarios, casi imperceptibles. La persona obra y se
mueve por sentimientos, aunque no les ponga mucha atención, porque
los considera como algo perfectamente natural. Tenemos conciencia de
los sentimientos solamente cuando son fuertes y profundos.
División de los
sentimientos
Los sentimientos se suelen agrupar así: ante un
bien: amor -simpatía, estima, admiración-, deseo, gozo; ante un mal:
odio -antipatía, repugnancia, fastidio-, aversión –huída-, tristeza;
ante un bien difícil de alcanzar: esperanza, desesperación; ante un
mal difícil de superar: temor, audacia, ira. Se les coloca siempre
comparativamente por parejas contrarias: amor y odio, deseo y fuga,
alegría y tristeza. El sentimiento más importante es el amor.
Conviene no confundir el amor como sentimiento y el amor como virtud
que es de mayor categoría.
Existe un método, llamado electromiografía, para
estudiar las reacciones de los músculos. Minúsculos electrodos en el
cuerpo captan señales eléctricas que se originan alrededor de los
músculos y pasan a la pantalla de un osciloscopio para su lectura e
interpretación; comparando la lectura de los músculos, los
científicos pueden diferenciar entre los sentimientos alegres o
agradables y los desagradables u hostiles.
Los sentimientos agradables o desagradables
pueden acelerar o disminuir el ritmo del corazón, hacer enrojecer o
palidecer, y ayudar o dificultar nuestra digestión. Es grande su
influjo en nuestra salud y bienestar y revelan el aspecto saludable
o enfermo de nuestra condición mental y corporal. Los sentimientos
agradables nacen de una sensación de bienestar, buena salud,
ambiente sano, cercanía de amigos, sentimientos sexuales placenteros
y excitantes, buen descanso en la noche y pequeñas cosas agradables,
que pasan inadvertidas, pero que tienen una enorme influencia en
nuestro estado de ánimo. Uno no siente los latidos del corazón y la
corriente sanguínea fluyendo a través de las venas, y los pulmones
en su movimiento rítmico, o las comunicaciones telegráficas que se
realizan entre todas las partes del cuerpo y del cerebro. Pero sí
siente la salud y vitalidad. Cuando uno tiene este sentido, él
vencerá todo lo que suceda durante el día; si ha pasado un largo y
difícil día en la oficina, vuelve a casa sintiéndose cansado, pero
después de una buena noche de descanso, se recupera y se siente
pleno al otro día.
Los sentimientos desagradables de los que somos
víctima a diario, tales como fatiga, preocupaciones, tiempo
demasiado frío o caliente, etc., nacen de sensaciones de malestar o
desagrado. Vivimos en un laberinto de sensaciones desagradables que
causan un círculo vicioso de temores y otras enfermedades
psicológicas.
Los sentimientos agradables alimentan nuestra
vida, los desagradables son un tóxico para nuestro bienestar y
causan perturbaciones físicas y emocionales. Unos y otros tienden a
expresarse, tienden a la acción. Algunos pasan rápidamente, otros
permanecen; algunos son causados por hipersensibilidad exterior o
desajustes sexuales complejos, y hay otros, sobre las cuales nada
sabemos.
Simón, tengo
algo que decirte:
El episodio de la mujer en casa de Simón (Lc 7,
36-50), ungiendo con perfume a Jesús, lavando los pies del Maestro
con sus lágrimas y secándolos con sus cabellos, desató una cantidad
de pensamientos y sentimientos encontrados en el grupo, también en
Jesús. La mujer dejó su orgullo y expresó sus sentimientos íntimos,
Jesús reveló y expresó sus propios sentimientos y los de Simón. Para
comprender la situación de unos y otros fue necesario expresar y
clarificar todos los sentimientos.
Expresar los
sentimientos:
Los sentimientos deben ser expresados en alguna
forma en el momento en que se tienen y a la persona que los provocó.
Así, cuando uno nota que una persona le ofende, debe acercarse a
ella y, si es posible, mirarla de frente y decirle que le está
ofendiendo y cómo.
Usted mismo haga por escrito una relación con
adjetivos que describan mejor la manera como usted se está sintiendo
y trate de clasificar esos adjetivos dentro de una disposición de
espíritu general como enojado, ofendido, angustiado, solitario, etc.
Tratando de precisar sus sentimientos, admítalos, clarifíquelos y
compártalos con los demás, así está dando los primeros pasos para
controlarlos de manera que llegue a aquel estado de espíritu en que
usted alimenta sentimientos agradables y los desarrolla para que
sean la fuerza propulsora de una vida sana, sensata y equilibrada.
Como controlar
nuestros sentimientos
Controlamos nuestros sentimientos, controlando y
frenando nuestros pensamientos. Así como detrás de las ideas vienen
las acciones, detrás de los sentimientos viene nuestro
comportamiento. La actividad del hombre tiene tres momentos: conocer,
sentir y querer. En toda acción participan los tres. Así, cuando se
planea una comida al aire libre, se sabe lo que se va a hacer y
porqué; existe también el sentimiento de placer o de sufrimiento y
se busca o se rechaza realizarlo.
El sentimiento, que es interno y subjetivo, no
produce por sí mismo ningún resultado externo, pero los sentimientos
están unidos a las emociones, que determinan si nuestras acciones
serán agradables o desagradables. Los sentimientos agradables
producen placer, felicidad, alegría, deleite, entusiasmo; los
sentimientos desagradables producen disgusto, descontento, tristeza,
pesar, aflicción, desaliento, desequilibrio, etc.
Un sentimiento de aversión o una inclinación de
rechazo al trabajo, se habrá formado a base de experiencias
negativas en torno al trabajo. Para cambiar ese sentimiento habrá
que adquirir o imaginar varias experiencias positivas. Por ejemplo:
convencerse de la bondad y conveniencia del trabajo, crear
sentimientos de laboriosidad en general; intentar olvidar el
malestar en torno al trabajo y eliminar sentimientos de fastidio que
se tengan; recordar o imaginar los éxitos o buenos momentos debidos
al trabajo y adquirir así sentimientos de estima por él; sonreír al
empezar algún trabajo y tener amor por el.