En la 1 Carta a los Corintios (1 Co 14, 33-35
), Habla de que es mejor que las mujeres se callen en las asambleas
de los santos ( dice una versión), o comunidades cristianas, dice
otra versión; pues no se les permite hablar sino que deben estar
sumisas, tal como lo dice incluso la Ley. Que si quieren aprender,
que pregunten en casa a sus maridos.
Pero en la misma Carta primera a los Corintios,
un poco antes de esa cita ( 1 Co 11; 4-6 ), permite San Pablo que
mujeres con carisma profético profeticen en voz alta, es claro en
las comunidades cristianas, o reuniones cristianas, con una
condición: con velo en la cabeza, sencillamente por decoro.
¿ A qué viene en los verscículos 33-35 del
capítulo 14, la prohibición de hablar?
Esta pregunta tiene mucha más profundidad e
implicaciones de lo que parece a primera vista.
Uno puede pensar que se trata sólo de un cambio
de opinión en san Pablo, pero la verdad es que observaciones como la
que has hecho dieron origen al estudio del proceso de formación de
esos documentos únicos y preciosos que nosotros llamamos los libros
de la Biblia.
Por ejemplo: si uno abre la Biblia, ve que hay
dos libros del Nuevo Testamento que corresponden a Cartas de San
Pablo a los Corintios, o sea, los cristianos de Corinto, un puerto
griego. Eso le puede hacer suponer a uno que en toda su vida Pablo
escribió a los Corintios solo esas dos cartas.
Pero si uno analiza detenidamente la segunda ve
que allí se hace referencia auna carta que san Pablo había escrito
antes, pero que evidentemente NO corresponde a la que nosotros
llamamos "Primera Corintios." En efecto, en el capítulo 2 y el
capítulo 7 de 2 Cor Pablo alude a una carta suya escrita "con muchas
lágrimas" y alude a un problema de injurias. Nada de eso corresponde
a lo que leemos en 1 Cor. Por eso parece probable que Pablo se esté
refiriendo a un documento completamente distinto, uno que quizás no
ha llegado hasta nuestros días.
La historia de la redacción de los libros de la
Biblia es fascinante pero también muy difícil, a muchos niveles. En
el caso de los Evangelios, por ejemplo, es innegable que los autores
sagrados trabajaron sobre la base de materiales preexistentes,
además de tradiciones orales.
Como san Pablo pronto se volvió un punto de
referencia para aquellos primeros cristianos, es explicable que las
comundades quisieran tener copias de escritos suyos. Sus cartas no
eran documentos privados, ni eran estrictamente "cartas" como hoy
solemos entender esa palabra. En el proceso de coleccionar escritos,
la gente no tenía el tipo de interés histórico que nosotros
pondríamos hoy: ¡lo importante era no perder la predicación!
Esto hace suponer que lo que nosotros hoy
consideramos como "un" documento seguramente ha tenido un proceso
largo de elaboración, y quizás fueron algo así como "carpetas" o
"dossiers" que recogen disposiciones o decisiones que quizás no
fueron tomadas en la misma época o para la misma comunidad.
Con todo ese preámbulo podemos abordar tu
cuestión específica.
Todo indica que Pablo daba indicaciones
disciplinarias de acuerdo con als diversas circunstancias. No todo
lo que él mandó, en un momento dado, debe considerarse como algo
fijo y siempre aplicable porque es claro que su pensamiento cambió
en cosas específicas o frente a comunidades específicas. En 1 Cor
7,8 dijo: "No obstante, digo a los célibes y a las viudas: Bien les
está quedarse como yo." En cambio en 1 Tim 5,14 leemos: "Quiero,
pues, que las jóvenes se casen, que tengan hijos y que gobiernen la
propia casa y no den al adversario ningún motivo de hablar mal."
Algo parecido sucede en los versículos que
mencionas. Pablo sin duda tuvo vacilaciones y cambios de opinión en
esto. Por una parte no quiere que se pierda lo que el Espíritu Santo
quiera dar a una comunidad; por otro lado, sabe que es propio el
hombre ser cabeza, en la familia y en la comunidad; no una cabeza
dura, ni una cabeza que se imponga a fuerza, pero sí cabeza que sea
para la familia o para la comunidad lo que Cristo es para la Iglesia.
Entre esos dos criterios, a veces quiere que las
mujeres se callen y guarden orden; otras veces, que profeticen,
aunque siempre con decencia (para él era importante que la mujer se
cubriera la cabeza). Muy probablemente esas disposiciones quedaron
agrupadas en uno de los documentos que hoy llamamos Cartas de San
Pablo.
¿Qué podemos aprender de esto?
Ante todo, que es maravilloso la complejidad del
camino que siguió Dios para regalarnos esto que se llama la Biblia.
Luego, que conviene distinguir lo que es esencial de lo que es
accidental, y distinguir también lo que es permanente de lo que es
transitorio.
Y por último, al reconocer la importancia de los
altos motivos que llevaban a san Pablo a hablar de modos diversos en
diversos ambientes, es bueno profundizar en esas riquezas para
valorar lo que él valoró, y para cuidarnos de los peligros que él
pudo ver.