Para mi desgracia, me casé con un hombre al
que no le gusta trabajar.
Cuando vivíamos en nuestro país, él siempre
perdía todos los empleos por su irresponsabilidad.
Yo siempre he trabajado y ganado buen dinero,
por lo que él siempre se ha aprovechado de esa situación.
La fábrica en la que trabajé por 12 años cerró
--su madre nos invitó a venir a Estados Unidos.
Llegamos hace seis meses y yo a los 15 días ya
tenía trabajo, pero mi esposo sigue sin empleo.
Ahora, vivimos con mi suegra; por supuesto no
hay plata para que nos mudemos solos.
Yo he tratado de salvar mi matrimonio, pero ya
estoy cansada.
El trata también de indisponerme con su madre
para que ella le dé a él la razón.
No sé qué hacer con mi vida, me dolería
enfrentar un divorcio, pero creo que no me queda otra alternativa.
Lo que menos aguanto es la vagancia de mi
marido.
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En medio de las tormentas no se toman buenas
decisiones.
Cuando se calmen las tensiones y los sentimientos
que te agobian, podrás ver las cosas con mucha mayor claridad.
Uno de los retos mayores de la vida matrimonial
es poder conocer a la pareja y crecer en el entendimiento del ser
amado.
Yo no sé si tu marido ha sufrido de alguna
depresión o si es realmente ''flojo'' o ''vago'' para el trabajo,
pero sospecho que el conflicto que vives en este momento es porque
no sabes realmente lo que le pasa a tu marido.
Más allá de su falta de ambición por conseguir un
trabajo, me imagino que existe algún problema más profundo que tú no
has podido identificar.
Vivir con tu suegra y tener que encontrarte entre
tu esposo y ella no es justo, ni es sano.
Esa situación conflictiva, más allá de ser
inaguantable, considero que es una de las cosas que más destruye
matrimonios.
Por algo dicen: Entre marido y mujer, nadie se
debe meter.
Necesitas más comunicación con tu esposo.
La realidad es que una relación nunca puede ser
toda de un lado:
Ambos tienen que sacrificarse y luchar por la
vida y por el amor.