Realismo cristiano. Este debe ser el elemento
central de nuestro diagnóstico. Supongo que tú, escucharás también
algunas de estas afirmaciones: “la juventud está perdida”; “los
matrimonios son un fracaso”; “no hay empleos”; “nadie quiere
trabajar”; “no hay respeto”; “nadie tiene paz”. Luego de un panorama
así, que nos queda, este diagnóstico deja un sabor amargo, y produce
una fuerte carga de desolación, depresión y angustia. Las “cosas”
andan mal y no hay salida. La pregunta surge espontáneamente: ¿y
ahora qué? ¿qué salida tenemos?
Este diagnóstico tiene algo de verdadero, pero la
mirada cristiana sobre la realidad, difiere en algo muy substancial.
Es cierto, que muchas cosas andan mal. De esto nos han advertido los
distintos Pontífices, también la Santísima Virgen manifiesta en sus
apariciones, como se alejan los hombres de los caminos de Dios y con
ello, transitan caminos de destrucción para el hombre.
Dónde difiere, y en mucho nuestro diagnóstico?
Reconocemos que las “cosas” andan mal, pero afirmamos
terminantemente que hay salidas. Nuestra fe nos enseña que Dios no
abandona la obra de sus manos, que ha sellado en la cruz de su Hijo
este amor fiel “hasta el extremo”(Jn 13,1). El hombre debe afrontar
sin temores las situaciones difíciles y lo hace por la gran causa
que lo inspira y lo guía, es decir, Dios y el bien de los hombres.
Esta brumosa desesperanza cultural, que invade
nuestros corazones, familias, comunidades y sociedades tiene su
origen en el mal espíritu. Es propio del Diablo sembrar la
desesperanza dejándonos enfrentados a un abismo.
Hay muchos motivos que siembran nuestro camino de
esperanza , citaremos algunos: el amor de Dios, la Eucaristía (recordemos
la sabia expresión de San Pío de Pietrelcina: el mundo puede vivir
sin el sol, pero no sin la Eucaristía), la presencia del Señor en
los sagrarios, el don del Espíritu Santo, la maternidad de María, la
posibilidad del perdón y la misericordia, la solidaridad, los santos,
el sufrimiento vivido desde el misterio de la cruz, la entrega
abnegada de padres y abuelos, la familia, las esposas abandonadas
que con valor afrontan servir al crecimiento de sus hijos, los
jóvenes que enfrentan las burlas por no aceptar ser “masa”, los
matrimonios que viven el desafío de ser testigos del amor en el
mundo actual, los novios que se comprometen en el camino de la
castidad hasta el matrimonio, el milagro de la vida, la entrega
generosa al servicio de los más pobres, la consagración de la vida
por amor al Señor y a los hombres, etc, etc….te invito a que busques
en tu hi storia personal, seguramente tendrás muchos motivos para
vivir desde la esperanza. Muchas cosas andan mal, pero hay salidas.
La cruz es la puerta de la esperanza, de ella
recibimos la luz que nos permite ver con claridad los senderos que
hay que transitar, por medio de ella, en el mundo penetra el amor
fiel del Señor que nos renueva. Ella engendra en nuestra vida
motivos sólidos para esperar pacientemente. Ella es la escuela del
Amor verdadero. Sostiene nuestra espera, con los motivos que
mencionamos y muchos otros, que son gérmenes de esperanza presentes
en nuestro mundo. Por ello con la Iglesia en el Pascua, saludamos la
cruz del Señor: “te saludamos, Cruz santa, tu eres nuestra única
esperanza”.