Nuestra vida siempre había sido bastante
sencilla.
Cuando mi esposa y yo nos casamos, no buscábamos
riqueza ni fama, sino tan sólo una manera de glorificar a Dios con
lo que fuera que Él nos mandase hacer.
Ese propósito se mantuvo claro en todos los
campos de nuestra vida.
Cuando nuestros hijos crecieron y yo comencé a
trabajar, nuestra meta seguía centrándose en glorificar a Dios.
Pero luego, en el 2002, recibimos la peor de las malas noticias.
Nuestra tercera hija, Melissa, de 17 años, partió inesperadamente al
cielo.
De repente, nos vimos forzados a reconsiderar las
cosas.
¿Podríamos, en nuestra nueva condición de padres
desconsolados, encontrar todavía una manera de glorificar a Dios?
¿O acaso estas circunstancias insoportables
alterarían nuestra perspectiva y nuestra meta?
Hemos pasado mucho tiempo meditando en esa pregunta.
Sería fácil dejar de confiar, servir y mostrarles
a otros el camino hacia Dios cuando Aquel a quien Le has encomendado
tus hijos permite que uno de ellos parta.
Pero las palabras del salmista nos mostraron el
camino.
Él dijo que la persona que teme a Dios «no
resbalará jamás; . . . su corazón está firme» (Salmo 112:6-7).
Y también nosotros -y tú, sin importar lo que
estemos enfrentando- podemos continuar «firme[s], confiado[s] en
Yahvé».
Incluso ante «malas noticias» la tarea permanece: Glorifica a Dios.
La confianza a través del sufrimiento trae consigo el triunfo sobre
la tristeza.