Para mí, en primer lugar la opción por el pobre
es una conversión, un cambio de mentalidad, de mirar la vida desde
arriba y desde afuera a mirarla desde abajo y desde dentro. Desde
abajo, pues muchos hemos visto la realidad siempre desde arriba,
desde una clase social privilegiada, y desde dentro, es decir, desde
el entramado histórico, social y laboral de mi país.
Desde dentro es también ponerse en la piel del
otro, para poderlo comprender, esto es hacerse el otro. Es la
encarnación continuada en la historia, camino para la justicia, para
el diálogo, para la solidaridad, para la convivencia y desde luego
para el amor. Comenzando con el prójimo que sufre o es menos feliz y
que encuentro en mi camino de todos los días, en esos encuentros
reales con el otro.
La opción por el pobre para los cristianos y para
mucha gente religiosa, ha de ser previamente la conversión del
concepto de Dios, del Dios preocupado por el pecado y por la ofensa
recibida de parte de los hombres y las mujeres, como en el Antiguo
Testamento, al Dios de Jesús preocupado por el sufrimiento del ser
humano. La conversión de un Dios desencarnado al Dios encarnado, en
ese cuerpo del Cristo que convive conmigo en la ciudad o en el
campo, en la familia o en el barrio, en el bus camino a mi trabajo y
en mi trabajo.
La opción por el pobre, es la opción por el Reino
de Dios predicado por Jesús, el Reino de Dios que está cerca, por
que es posible curar el sufrimiento y las enfermedades provenientes
sobre todo por la situación de injusticia y de pobreza.
Por eso la opción por los pobres es la opción por
la justicia. Justicia, que para el creyente es más profunda que la
simple justicia distributiva o justicia social y económica, pero
también se trata de esta justicia.
Y optar por la justicia, es además una opción
personal y peculiar para cada individuo, para cada cristiano, pero a
nadie y menos al cristiano puede importarle poco el dolor del mundo,
que además es el dolor de Dios, sino se ha desencarnado. A nadie
puede importarle poco la infelicidad, la pobreza, las injusticias
sociales y económicas ni las hambrunas ni las guerras, ni la
desocupación ni los despidos de miles de trabajadores, ni el abuso
del capital sobre el trabajo ni el abuso de los fuertes sobre los
débiles.
Optar por el pobre es por tanto denunciar las
injusticias, es entrar a la política, a las luchas sociales, a la
resistencia a un sistema injusto, es votar por quien representa a
las mayorías, que en Latinoamérica son pobres, y es anunciar con
hechos inteligentes honestos y eficaces, todos los días, desde
cualquier estado, oficio, ocupación o profesión, la llegada del
Reino de Dios, el alivio del dolor, del sufrimiento, de la opresión,
de la carga pesada de la vida como lo es para muchos, procurando
crear felicidad y posibilidades de felicidad en los demás.