Mantengamos firme, sin fluctuar, la
profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.
Hebreos 10:23.
En los primeros versículos del capítulo 10 de Hebreos, el apóstol
presenta el carácter sacerdotal de Cristo.
Presenta a la iglesia como la casa de Dios, sobre la cual Jesús es
el gran Sumo Sacerdote. Después exhorta a los presentes a
experimentar por ellos mismos las delicias de la salvación:
“Acerquémonos, pues, con corazón sincero…” (vers. 22). Y para
concluir, el apóstol presenta el desafío de nuestro texto:
“Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza”.
Vamos a analizar en qué consiste “la profesión de nuestra esperanza“.
Primero, poseer el conocimiento salvador de Cristo. No es sólo un
conocimiento teórico, sino un conocimiento personal, el resultado de
una vida de comunión permanente con él. “Él es en nosotros la
esperanza de gloria” (ver Colosenses 1:27).
Segundo, la confesión de la esperanza encierra confianza en Cristo.
El apóstol nos aconseja en el texto de hoy a “mantener firme, sin
fluctuar, la profesión de nuestra esperanza”.
¿Por qué? Porque existe un enemigo disfrazado de muchas formas
tratando de tirar todo a la basura. El, en persona, se opone a
nosotros, y también lo hace la naturaleza pecaminosa que llevamos. ¿Cómo,
pues, venceremos?
Confiando en la fidelidad de quien prometió; no
dejando de congregamos en la iglesia (vers. 25); y permitiendo que
el Espíritu Santo habite en nosotros y nos lleve diariamente a las
grandes obras de victoria.
Nuestra esperanza debe estar puesta en Dios “La salvación de los
justos viene del Señor; él es su fortaleza en tiempos de angustia.
El Señor los ayuda y los libra; los libra de los malvados y los
salva, porque en él ponen su confianza“.
Nuestra esperanza no debe estar puesta en sucesos exteriores, por ej:
un ascenso en el trabajo, un aumento de sueldo, una casa nueva, una
familia nueva, una iglesia nueva, etc.
Ni tampoco debe estar puesta en nosotros mismos…
esto es algo que aprendí, porque tengo una debilidad en mi que es la
de dejar todo para ultimo momento y miles de veces me propuse
cambiar pero el error que cometía era que ponía mi esperanza en mi
misma, me decía a mi misma: “Yo puedo cambiar! yo voy a cambiar!”
Y como obvio resultado, nunca pude cambiar hasta
que entendí que debía poner mi esperanza en Dios y no en mi. Comenzé
a decir: “Tengo un Dios poderoso”, “Mi Dios todo lo puede”, “No hay
nada imposible para Él”, “Si Él está conmigo, quién contra mi?” “Mi
Dios está conmigo” y así… como Dios es fiel pude ver un cambio
realmente sorpendente en mi vida.
Ahora ya no dejo todo para ultimo momento, si
bien algunas veces fallo, me levanto y sigo intentandolo y funciona!!!!
Pon tu esperanza en Dios! Él es fiel!
Como paso práctico pidele al Señor que te revele su gran poder y te
haga entender cómo debes poner tu esperanza en Él.