Parróquia La Santa Cruz
Col. Tara, San Pedro Sula,  Honduras, Tel. (504) 551-3290

InicioQuienes SomosNoticiasLecturas del DíaBibliaLiturgia de las HorasSanto RosarioOracionesReflexionesPastoralesDocumentosNuestra FeTemas de ActualidadComunidadesLiturgiaContactosEnlaces
Pastoral de Comunicaciones, Todos los Derechos Reservados, © 2007

la permanencia del hombre en dios


Oscar J.Diaz Membreño

Permaneced en mí como yo en vosotros Jn.15.4

El que permanece en mi y yo en el, ese da mucho fruto. Jn. 15.5

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. Jn. 15.7

Si alguno no permanece en mi, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca… Jn. 15.6

La palabra de Dios no es una metáfora sin sentido, no puede serlo, porque va dirigida a una realidad que es el hombre. Si El nos habla en esta forma, es para que mediante ejemplos de la vida cotidiana ( parábolas) podamos entender lo profundo de su enseñanza. Pero si nos quedamos en la belleza del lenguaje y lo emotivo de la metáfora, sin penetrar en el significado, la palabra en vez de provocar enseñanza, guía, y norma de vida, se convierte en un bálsamo de buen olor ,que rápido se disipa, sin dejar casi nada a cambio.

La Sagradas Escrituras es la revelación que Dios ha hecho de Si Mismo y de su creación,  mediante la cual además de mostrarse como Es, nos enseña el orden divino sobre el hombre, la naturaleza y las cosas.

Toda enseñanza Divina tiene su realidad en el hombre, porque ella y todo lo creado esta ordenado hacia el.

En los incisos del capitulo 15 de Juan, con lo que iniciamos esta nota, se repite una idea: “permaneced en mi”, pero, ¿que es permaneced en mi? Podría interpretarse como: “estar adentro de mí”, pero, ¿como estar adentro de Dios, si este es espíritu y nosotros además de espíritu tenemos cuerpo en una unidad inseparable?

Entonces…. ¿Cual es esta realidad que provoca la pertenencia del hombre con Dios?

Uniendo nuestro pensamiento al de El, o sea, pensando como El.

Uniendo nuestra voluntad a la de El, esto es actuando como El.

Y sintiendo como El: paz, felicidad, lo cual el hombre alcanza mediante la tranquilidad de conciencia producto de una actuación prudente.

 Esta es la formula para valorar la permanencia en El.

Si bien es cierto que en el hombre en forma infusa esta el deseo de Dios, no menos cierto es que haciendo uso de la facultad de pensar, razonar y recordar (que Dios nos dio y por la cual nos diferencio de los animales y de las cosas), debemos de conocer su revelación, y a partir de esto, como norte,  interpretar la creación y  el orden divino, con un espíritu de verdad.

Pero este conocimiento iluminado por la palabra, exige un esfuerzo por parte del hombre por conocer y comprender, lo cual podrá hacer  solo  mediante la observación y el estudio.

Cuando nosotros con la razón conocemos la verdad objetiva, nuestra fe es mas madura; caso contrario, podría ser, que nuestra fe  se sustente en actitudes  sensibles, alimentada con excesos de espiritualidad,  provocando en nosotros una especie de sopor inefectivo, que se disipa y al final pasa, si dejar huella.

¡Para pensar como Dios hay que conocerlo y conocer su ordenamiento,  en una forma objetiva!, esto es: “en verdad”. Entendiendo la verdad como: “que es lo que es” y “no lo que queremos nosotros que sea”, si no es así,  no podemos en forma plena pensar como El, que es la verdad.

San Agustín en sus Confesiones (15) decía: “Que te alabe, Señor, mí alma por las Escrituras, ¡Oh Dios, creador de todo, pero que no se pegue a ellas con los lazos de los sentidos del cuerpo!

Una vez que “Pensamos como El”, entonces  tenemos la posibilidad, mediante la voluntad (facultad del hombre que por naturaleza tiende al bien) de “Actuar como El”.

Cuando actuamos, o sea, cuando convertimos en obra nuestros pensamientos, consecuencia del conocimiento objetivo sobre el bien pretendido, la elección es prudente; caso contrario puede ser moral, pero no prudente.

Si no conocemos mediante el estudio y la observación la verdad objetiva, frecuentemente, estaremos errando y en muchos casos, creyendo que estamos haciendo el bien, cuando en realidad estamos actuando mal, y todo, por desconocimiento del bien verdadero. Este es el caso de las personas bien intencionadas, en muchos casos “Buenos católicos” pero que al final eligen mal y como consecuencia, contra el pensamiento de Dios.

Gandi, cuando hablaba de nosotros los cristianos decía: “si solo tuviera que afrontar entonces el sermón de la montaña y mi propia interpretación de el, yo no vacilaría en decir oh, si, soy cristiano, pero, en sentido negativo, puedo decirles que gran parte de lo que sucede en el cristianismo es una negación del sermón de la montaña.” Esto es, los cristianos, muchas veces, actuamos mal, en la mayoría de los casos, no porque seamos malos,  sino porque no conocemos la verdad objetiva sobre el bien.

¿Cuántos de nosotros usamos medios anticonceptivos que en realidad son abortivos?

¿Cuántos de nosotros sabemos que al tomar nuestras decisiones debemos de pensar en el efecto de estas en el alma de los afectados, aunque nuestra decisión este de acuerdo al ordenamiento civil y las costumbres?

¿Cuántos de nosotros estamos claros  que la familia es una institución querida por Dios, constitutiva de derechos propios, y por lo tanto, el Estado esta en función de la familia y no la familia en función del Estado?

¿Tenemos una opinión fundamentada en la verdad sobre la educación sexual en las escuelas?

Luego que actuamos, en muchos casos, no alcanzamos la paz y la felicidad por todos pretendida, querida por Dios y a la cual todos tenemos derecho; esto es: ¡No sentimos como Dios! Porque no hay  unidad entre lo que pensamos y lo que hacemos, hay una separación entre la razón y la voluntad. Sentimos, que, aunque vamos a la iglesia y de momento nos emocionamos, luego, y muy rápidamente, todo se acaba; y  regresamos, buscamos la misa con el mejor coro y el Sacerdote que mas nos emocione, y todo queda en eso….pero nuestra alma sigue reclamando la paz.

La paz, que no es mas que consecuencia de una conciencia tranquila, la cual alcanzamos con el justo culto divino, pero también siendo consistentes entre lo que pensamos y lo que actuamos.

Para alcanzar la paz de conciencia, nuestra  actuación  debe de ser producto del conocimiento de la verdad objetiva sobre el bien

Es hasta entonces que estaremos pensando como Dios, actuando como Dios y sintiendo como Dios, lo cual traerá la necesaria PERMANENCIA EN EL.

San Pedro Sula, Febrero del 2007.


[INICIO]
   [QUIENES SOMOS]   [NOTICIAS]   [LECTURAS]   [ BIBLIA]   [LITURGIA DE LAS HORAS]
[SANTO ROSARIO]   [ORACIONES]   [REFLEXIONES]   [PASTORALES]    [DOCUMENTOS]
[NUESTRA FE]   [TEMAS DE ACTUALIDAD]   [COMUNIDADES]   [LITURGIA]   [CONTACTOS]   [ENLACES]