Oscar J.Diaz Membreño
Permaneced en mí como
yo en vosotros Jn.15.4
El que permanece en mi
y yo en el, ese da mucho fruto. Jn. 15.5
Si permanecéis en mí, y
mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis.
Jn. 15.7
Si alguno no permanece
en mi, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca… Jn. 15.6
La palabra de Dios no
es una metáfora sin sentido, no puede serlo, porque va dirigida a una
realidad que es el hombre. Si El nos habla en esta forma, es para que
mediante ejemplos de la vida cotidiana ( parábolas) podamos entender lo
profundo de su enseñanza. Pero si nos quedamos en la belleza del lenguaje y
lo emotivo de la metáfora, sin penetrar en el significado, la palabra en vez
de provocar enseñanza, guía, y norma de vida, se convierte en un bálsamo de
buen olor ,que rápido se disipa, sin dejar casi nada a cambio.
La Sagradas Escrituras
es la revelación que Dios ha hecho de Si Mismo y de su creación, mediante
la cual además de mostrarse como Es, nos enseña el orden divino sobre el
hombre, la naturaleza y las cosas.
Toda enseñanza Divina
tiene su realidad en el hombre, porque ella y todo lo creado esta ordenado
hacia el.
En los incisos del
capitulo 15 de Juan, con lo que iniciamos esta nota, se repite una idea:
“permaneced en mi”, pero, ¿que es permaneced en mi? Podría interpretarse
como: “estar adentro de mí”, pero, ¿como estar adentro de Dios, si este es
espíritu y nosotros además de espíritu tenemos cuerpo en una unidad
inseparable?
Entonces…. ¿Cual es
esta realidad que provoca la pertenencia del hombre con Dios?
Uniendo nuestro
pensamiento al de El, o sea, pensando como El.
Uniendo nuestra
voluntad a la de El, esto es actuando como El.
Y sintiendo como El:
paz, felicidad, lo cual el hombre alcanza mediante la tranquilidad de
conciencia producto de una actuación prudente.
Esta es la formula
para valorar la permanencia en El.
Si bien es cierto que
en el hombre en forma infusa esta el deseo de Dios, no menos cierto es que
haciendo uso de la facultad de pensar, razonar y recordar (que Dios nos dio
y por la cual nos diferencio de los animales y de las cosas), debemos de
conocer su revelación, y a partir de esto, como norte, interpretar la
creación y el orden divino, con un espíritu de verdad.
Pero este conocimiento
iluminado por la palabra, exige un esfuerzo por parte del hombre por conocer
y comprender, lo cual podrá hacer solo mediante la observación y el
estudio.
Cuando nosotros con la
razón conocemos la verdad objetiva, nuestra fe es mas madura; caso
contrario, podría ser, que nuestra fe se sustente en actitudes sensibles,
alimentada con excesos de espiritualidad, provocando en nosotros una
especie de sopor inefectivo, que se disipa y al final pasa, si dejar huella.
¡Para pensar como Dios
hay que conocerlo y conocer su ordenamiento, en una forma objetiva!, esto
es: “en verdad”. Entendiendo la verdad como: “que es lo que es” y “no lo que
queremos nosotros que sea”, si no es así, no podemos en forma plena pensar
como El, que es la verdad.
San Agustín en sus
Confesiones (15) decía: “Que te alabe, Señor, mí alma por las Escrituras, ¡Oh
Dios, creador de todo, pero que no se pegue a ellas con los lazos de los
sentidos del cuerpo!
Una vez que “Pensamos
como El”, entonces tenemos la posibilidad, mediante la voluntad
(facultad del hombre que por naturaleza tiende al bien) de “Actuar como
El”.
Cuando actuamos, o sea,
cuando convertimos en obra nuestros pensamientos, consecuencia del
conocimiento objetivo sobre el bien pretendido, la elección es prudente;
caso contrario puede ser moral, pero no prudente.
Si no conocemos
mediante el estudio y la observación la verdad objetiva, frecuentemente,
estaremos errando y en muchos casos, creyendo que estamos haciendo el bien,
cuando en realidad estamos actuando mal, y todo, por desconocimiento del
bien verdadero. Este es el caso de las personas bien intencionadas, en
muchos casos “Buenos católicos” pero que al final eligen mal y como
consecuencia, contra el pensamiento de Dios.
Gandi,
cuando hablaba de nosotros los cristianos decía: “si solo tuviera que
afrontar entonces el sermón de la montaña y mi propia interpretación de el,
yo no vacilaría en decir oh, si, soy cristiano, pero, en sentido negativo,
puedo decirles que gran parte de lo que sucede en el cristianismo es una
negación del sermón de la montaña.” Esto es, los cristianos, muchas veces,
actuamos mal, en la mayoría de los casos, no porque seamos malos, sino
porque no conocemos la verdad objetiva sobre el bien.
¿Cuántos de
nosotros usamos medios anticonceptivos que en realidad son abortivos?
¿Cuántos de
nosotros sabemos que al tomar nuestras decisiones debemos de pensar en el
efecto de estas en el alma de los afectados, aunque nuestra decisión este de
acuerdo al ordenamiento civil y las costumbres?
¿Cuántos de
nosotros estamos claros que la familia es una institución querida por Dios,
constitutiva de derechos propios, y por lo tanto, el Estado esta en función
de la familia y no la familia en función del Estado?
¿Tenemos
una opinión fundamentada en la verdad sobre la educación sexual en las
escuelas?
Luego que actuamos, en
muchos casos, no alcanzamos la paz y la felicidad por todos pretendida,
querida por Dios y a la cual todos tenemos derecho; esto es: ¡No sentimos
como Dios! Porque no hay unidad entre lo que pensamos y lo que hacemos,
hay una separación entre la razón y la voluntad. Sentimos, que, aunque vamos
a la iglesia y de momento nos emocionamos, luego, y muy rápidamente, todo se
acaba; y regresamos, buscamos la misa con el mejor coro y el Sacerdote que
mas nos emocione, y todo queda en eso….pero nuestra alma sigue reclamando la
paz.
La paz, que no es mas
que consecuencia de una conciencia tranquila, la cual alcanzamos con el
justo culto divino, pero también siendo consistentes entre lo que pensamos y
lo que actuamos.
Para alcanzar la paz de
conciencia, nuestra actuación debe de ser producto del conocimiento de la
verdad objetiva sobre el bien
Es hasta entonces que
estaremos pensando como Dios, actuando como Dios y sintiendo como Dios, lo
cual traerá la necesaria PERMANENCIA EN EL.
San Pedro Sula, Febrero
del 2007.