¡Es el picnic más gozoso en la historia del mundo!
¿Qué nos enseña este pasaje del Evangelio? Primero, que Jesús se
preocupa y «siente compasión» de todo el hombre, cuerpo y alma. A
las almas Jesús distribuye la Palabra, a los cuerpos la curación y
el alimento. Surge por lo tanto objetar: ¿por qué no lo hace también
hoy? ¿Por qué no multiplica el pan para tantos millones de
hambrientos que hay en la tierra?
El Evangelio de la multiplicación de los panes
contiene un detalle que nos puede ayudar a encontrar la respuesta.
Jesús no chasqueó simplemente los dedos e hizo aparecer como por
arte de magia panes y peces a voluntad. Preguntó a sus discípulos
qué tenían; invitó a compartir lo poco que tenían: cinco panes y dos
peces.
Lo mismo hace hoy. Pide que pongamos en común los
recursos de la tierra. Es sabido que, al menos desde el punto de
vista alimentario, nuestra tierra sería capaz de mantener a más
miles de millones de seres humanos que los actuales. ¿Pero cómo
podemos acusar a Dios de no proporcionar pan suficiente para todos,
cuando cada año destruimos millones de toneladas de provisiones
alimentarias, que llamamos «excedentes», para no bajar los precios?
Se necesita una mejor distribución, una mayor solidaridad y
compartir: la solución está ahí.
No es tan sencillo. Existe la manía de los
armamentos, hay gobernantes irresponsables que contribuyen a
mantener muchas poblaciones en el hambre. Pero una parte de
responsabilidad cae también en los países ricos. Nosotros somos
ahora aquella persona anónima (un cipote, según uno de los
evangelistas) que tiene cinco panes y dos peces; sólo que los
mantenemos apretados y nos guardamos bien de entregarlos para que
sean divididos entre todos.
Por el modo en que está descrita («tomó los cinco
panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la
bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos») la
multiplicación de los panes y los peces ha hecho siempre pensar en
la multiplicación de ese otro pan que es el cuerpo de Cristo. Por
esto las más antiguas representaciones de la Eucaristía nos muestran
un canasto con cinco panes y, a los lados, dos peces, como el
mosaico descubierto en Tabga, en Palestina, en la iglesia erigida en
el lugar de la multiplicación de los panes, o en el fresco de las
catacumbas de Priscila.
En el fondo, también lo que estamos haciendo en
este momento, a traves de este articulo, es una multiplicación de los panes: el pan de la
palabra de Dios. Hemos partido el pan de la palabra y la web (
internet ) ha
multiplicado estas palabras, de modo que más de cinco mil hombres,
también esta vez, han comido y se han saciado. Queda una tarea: «recoger
los trozos sobrantes», hacer llegar la palabra igualmente a quien no
ha participado en el banquete. Hacerse «repetidores» y testigos de
este mensaje.
Igualmente, cuando se trata de la ayuda a los
demás, muchas veces tenemos en nuestras cestas los cinco panes y dos
peces que necesita nuestro prójimo. A veces es una limosna, a veces
es ceder el paso en la calle o una simple sonrisa que devuelva la
confianza a nuestros hijos o compañeros de trabajo, después de que
hemos sufrido algún percance.
Si hay algo que defina los avances tecnológicos
del momento presente es la capacidad que tiene el hombre moderno de
multiplicarlo todo. La sociedad de consumo impulsa cada día a
producir más y mejores alimentos, a aumentar el capital
desmesuradamente, a incrementar la velocidad de los medios de
transporte, a facilitar hasta los límites de lo imposible la
comunicación, a acortar las distancias, a aumentar el confort de
vida. Se puede decir que la ciencia ha hecho en nuestro mundo el
milagro de la multiplicación de los bienes de consumo, un milagro
imposible de realizar a principios de nuestra era: ya hay pan y
alimentos básicos para todos los seres que habitan el planeta.
Los cristianos tenemos un largo camino por
delante en este mundo tan falto de pan y de amor, porque la
situación en nuestro mundo moderno sigue siendo desesperada. Las
estadísticas de la ONU son escalofriantes: hambre crónica de 1,100
millones de habitantes, muerte de 40,000 personas diarias por
inanición porque el sistema de mercado declara de antemano muertos a
quienes no poseen capacidad de compra y niega ayudas en provecho de
reducir impuestos al capital. Un 2% de la producción mundial de
grano bastaría para alimentar a los 1,500,000 de personas que lo
necesitan, pero sin un centavo para adquirir un puñado de trigo o de
maíz su identidad es irrelevante. Hay 1,500 millones de personas que
no tienen agua potable ni una vivienda digna. Actualmente 990
millones de personas no tienen acceso a fuentes de agua limpia;
2,500 millones no tienen una asistencia sanitaria de base; 40
millones están afectados por el sida; 200 millones de niños por
debajo de los 5 años están desnutridos y 15 millones de niños mueren
cada año por enfermedades curables. En cuanto a la educación,
todavía 900 millones de adultos son analfabetos (de éstos, 600
millones son mujeres), y 400 millones de niños (190 son niñas) no
van a la escuela. Y por si esto fuera poco, las fortunas de las 400
familias más ricas del planeta suman más que los 3,000 millones de
personas más pobres del mundo.