Parróquia La Santa Cruz
Col. Tara, San Pedro Sula,  Honduras, Tel. (504) 551-3290

InicioQuienes SomosNoticiasLecturas del DíaBibliaLiturgia de las HorasSanto RosarioOracionesReflexionesPastoralesDocumentosNuestra FeTemas de ActualidadComunidadesLiturgiaContactosEnlaces
Pastoral de Comunicaciones, Todos los Derechos Reservados, © 2007

ORAR PERSEVERANTEMENTE

 

Muchos, al oír hablar de perseverancia, piensan inmediatamente en la machaconería, en repetir fórmulas y palabras; nunca en esa oración más profunda de encuentro silencioso, iluminador, con la verdad de Dios que nos revela nuestra propia verdad y nos esclarece la situación humana. Es ésta la oración que es indispensable y necesaria, porque es el clima en que nace y madura la fe y la vida.

La oración fortalece la esperanza cristiana, que no podemos confundir con la simple espera de algo que quizá se realice. La esperanza cristiana consiste en la certeza de conseguir algún día en plenitud y para siempre, lo añorado en lo más íntimo y verdadero de nuestro corazón, a pesar de todas las situaciones y contradicciones que hagan difícil mantener esta actitud. Una esperanza que respeta el "tiempo de Dios", pero que lleva a trabajar para adelantarlo.

Si la oración es la forma habitual de alimentar nuestra comunión con Dios y con los hombres, dejar de orar es exponernos a su lejanía, dejar de tener el "sentido de Dios" en los acontecimientos. Si la oración es tan importante para el hombre, ¿nos extrañaremos de la ausencia de Dios y de la radical injusticia en una sociedad que no reza? (...).

Orar hoy y siempre.-¿Puede uno imaginarse un hijo y un padre sin hablar nunca entre sí? ¿Y unos enamorados que no hablasen o lo hiciesen sólo de vez en cuando? ¿Y unos amigos sumidos en un mutismo diario? Serían ciertamente especímenes rarísimos; muy poco humanos.

Precisamente uno de los dones que el hombre aprecia más, porque le permite relacionarse directamente con los demás, es el de la palabra. A través de la palabra el hombre puede decir al otro su amor o su odio, su respeto o su desdén, su confianza o su inquietud, su admiración o su desprecio. Es inimaginable un hombre que no hable con aquél que, de un modo u otro, ame.

Y sin embargo, en el cristianismo tenemos que esforzarnos por convencernos de la necesidad de la oración cuando la oración es sólo y únicamente hablar con Dios, con ese Dios al que decimos amar y seguir.

Orar para el cristiano debería ser tan natural como lo es hablar para el hombre; porque debería ser natural la necesidad de ponerse en contacto con Dios para decirle que le amamos y que le necesitamos. Ciertamente que, tal como se indica en la homilía, el hombre debe hacer un esfuerzo para hablar con Dios al no encontrar, inmediatamente, la relación directa que encuentra aquí con "el otro" a quien se dirige. Pero no es menos cierto que si tenemos una fe viva y operante crecerá la exigencia de acudir al Señor, y aun ejercitándose en un monólogo aparentemente sin respuesta, poner cerca de El todas las inquietudes de nuestra vida.

Jesús insiste cerca de sus apóstoles en la necesidad de orar. Por algo será. Y hasta se toma el trabajo de enseñarles cómo hay que hacerlo y qué es lo que hay que decir cuando se dirijan al Padre.

En momentos especialmente dolorosos y peligrosos para El y los suyos les prevendrá de su posible deserción advirtiéndoles que oren para no caer en la tentación (/Mt/26/41 /Mc/14/38 /Lc/22/40/46).

¡Y es tan fácil caer en la tentación! No precisamente en una tentación, pudiéramos decir extraordinaria, como la que vivían los apóstoles en el momento en el que Jesús les formuló la advertencia que comentamos, sino en la tentación diaria de la indiferencia, de la abulia, de la vida acomodaticia y fácil, tan sencillamente de encontrar en el mundo que nos toca vivir.

Jesús quiere que oremos por encima de cualquier sensación de fracaso en la oración. Quiere que oremos con la insistencia con la que, en la vida, se pide justicia, por ejemplo. Es decir, con la insistencia que acometemos lo que de verdad nos interesa en la tierra. La mujer viuda, indefensa por consiguiente, consiguió del juez que le atendiera y no porque se sintiera inclinado a hacerlo sino porque le venció la insistencia tenaz de la mujer.

Y es que en las cosas humanas actuamos tenazmente. Con insistencia solicitamos justicia o reparación. Con insistencia perseguimos el negocio y hablamos con quien sea necesario y cuantas veces haga falta para llegar hasta aquél que puede echarnos "una mano" en la empresa que acometemos, con insistencia hablamos con el médico que pensamos puede curarnos, con la persona que creemos que puede querernos. Pues con esta insistencia quiere Jesús que oremos, es decir, que nos dirijamos a Dios para pedirle o simplemente para decirle que lo amamos.

No sé si en la actualidad hay crisis de oración. Es posible que este hombre nuestro tan lleno de ruidos, de prisa, de orgullo, de competitividad, de grandes logros y de no menos grandes y ruidosos fracasos, se haya olvidado de que ahí, cerca de él y aun en la intimidad de su ser, Dios está esperando que le dedique unos minutos de su preciosa vida para decirle con absoluta sencillez lo que piensa, lo que teme, lo que desea, lo que padece y lo que goza. Porque eso es orar.

Hoy -y ayer y mañana- la oración es imprescindible en la vida del creyente. es necesario orar y orar sin solución de continuidad.

Pero la oración no se agota en la fórmula recitada o en las expresiones verbales: "No todo el que dice Señor, Señor..." Las palabras, por bien que suenen y por bien que estén trenzadas, son sólo palabras, son nada si no van refrendadas por la vida. Para que la oración, que recitan nuestros labios o se le escapa a nuestro corazón, sea auténtica tiene que ser la expresión oral o mental de nuestra manera real de ser cristianos.

Y esa manera real de ser, que se expresa en nuestra petición, es una existencia en dependencia de Dios. Sólo cuando el hombre, vencidas todas las autosuficiencias, se siente existencial y realmente pendiente de Dios, sólo entonces está en condiciones de poder exteriorizar honestamente su propia realidad, su necesidad de Dios, aceptar nuestra dependencia respecto a Dios; pero, al mismo tiempo, orar es aceptarnos a nosotros mismo, reconocer -y hacer- todo cuanto podemos realizar con la gracia de Dios. Por eso, rezamos en la medida que nos esforzamos en secundar la voluntad de Dios y en pedirle justicia.

No es casual que Jesús "para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse", les proponga la parábola de la viuda que clamaba justicia. Ni es casual que Jesús saque esta conclusión: "Pues Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?".

Hay que rezar, es decir, hay que manifestarle a Dios que queremos justicia. Y hay que rezar sin interrupción. Pero la oración no consiste en decir de palabra que queremos, sino en decirlo cuando realmente queremos, buscamos y hacemos justicia.

¿Qué sentido tendría expresar un deseo... que no deseamos? La oración es necesaria. La mentira no. Ahora bien, ¿podemos pedir de verdad a Dios justicia y piedad y misericordia y perdón, si somos injustos, despiadados, inmisericordes, vengativos?

El problema decisivo que está en peligro no es propiamente el problema de la oración, sino el problema de la fe. Esto quiere decir lo siguiente: no es que hay que hacer oración para mantener la fe, como si la fe dependiera de la oración. En esto corremos el peligro de engañarnos muchas veces: al pensar así se identifica la fe como una serie de estados de alma, de experiencias internas. Es la oración la que depende de la fe, la intensidad de la oración depende de la vivacidad de la fe, la oración, en una palabra, es una exigencia de la propia fe. No se trata de un problema de oración sino de un problema de vida. Amar al otro es el único camino posible para encontrar en la oración al otro.

A nadie se le oculta la importancia capital que todo esto tiene para adquirir una verdadera educación en la vida de oración.

Educar finamente nuestro mundo de relaciones personales, de tal manera que se intente superar la relación "objetivante" de los otros, para pasar a una verdadera relación personal, es camino indispensable para tener un verdadero encuentro con Dios en la oración.

En la vida no es raro encontrarnos con hombres que quizás nunca han aprendido a tratar a los demás como personas; los tratan más bien como cosas; porque en el fondo nunca han respetado profundamente la inviolable libertad del otro ni se han entregado a él en la confianza. Tales hombres tratarán a Dios también como cosa; lo que es tanto como decir que para ellos la verdadera oración cristiana es sencillamente imposible.

Descubrir de verdad al otro, y a Dios en el otro, esta es la tarea fundamental de todo aprendizaje de la verdadera oración.

·Agustín-SAN dice que si Dios no escucha nuestra oración es: quia malum, quia mala, quia male:

-porque somos malos, o

-porque pedimos cosas malas. o

-porque las pedimos de mala manera.

Un cristiano es un testigo de la propia debilidad y del poder de Dios que se manifiesta en la resurrección de Jesús. Quien no tenga esta experiencia, está abocado al fariseísmo o al paganismo. O se engríe en las propias obras -siempre las hay- olvidando la conversión del corazón, o se instala en ese agnosticismo tan de moda, valorando virtudes humanas y arrinconando la acción de Dios que perdona, anima y fortalece.

Desde esa experiencia de debilidad -experiencia común- el hombre levanta cada día sus ojos a los montes en busca de ayuda: ¿De dónde me vendrá el auxilio? ¿Del talento? ¿De la psicología? ¿Del dinero? ¿Del cambio de estructuras sociales? ¿Del amigo prepotente? ¿De la comunidad? ¿De la experiencia? ¿De los libros de teología o de moral?... Y el creyente proclama: "El auxilio me viene del Señor que hizo el cielo y la tierra; no permitirá que resbale tu pie".

Orar. No una vez, ni dos, ni tres. Orar continuamente. Con tiempos fuertes de exclusiva oración, pero también con un estilo de hablar, de actuar y de luchar, propio de quien lo hace con temor y temblor por la propia debilidad, y al mismo tiempo con seguridad y alegría de la fe en que el Señor lleva las riendas. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará en la tierra este hombre de fe, o encontrará un hombre secularista que piensa que, si Dios existe, está más allá de las estrellas? Porque sólo a un Dios que hemos conocido cercano en Jesús, se puede pedir, agradecer, alabar y bendecir.

De un tiempo a esta parte, los grupos de oración se están multiplicando prodigiosamente, lo mismo que los libros que se escriben sobre la oración. Y son cada vez más las personas que se retiran los largos fines de semana a orar en los silencios de los monasterios. No cabe duda que la oración está cobrando un auge extraordinario.

Claro que también hay mucha gente que pasa de la oración, que se ha olvidado totalmente de dialogar con Dios, porque ni lo necesita ni lo estima importante ni se le pasa por la cabeza. Sin embargo una de las más permanentes recomendaciones y exigencias del Evangelio es el dedicarse a la oración confiada, escondida, interior, sin desanimarse, perseverante en todo momento. En esto Jesús es un ejemplo espléndido. Su oración permanente, en cualquier circunstancia, de variado contenido, tanto de petición como de acción de gracias, tanto por Él como por sus seguidores, tanto en el momento de la alegría como en el tiempo de la soledad y de la tristeza, ha de servir a todos de estímulo, orientación y pauta a seguir.

Pero la oración tiene que nacer de la fe, de la confianza absoluta en el Padre que ama y hará justicia a sus elegidos. La fórmula que nos enseñó Jesús para dirigirnos al Padre y que hemos aprendido de memoria desde pequeños tiene todos los elementos de la oración perfecta. Pero quizás por el hecho de haberla recitado tantas veces rutinariamente y sin la atención suficiente no hemos descubierto en ella toda su riqueza. No estaría mal dedicar hoy cinco minutos -exactamente, cinco minutos- a rezar pausadamente, sin prisas, con atención y fervor una vez el PADRENUESTRO.

 


[INICIO]
   [QUIENES SOMOS]   [NOTICIAS]   [LECTURAS]   [ BIBLIA]   [LITURGIA DE LAS HORAS]
[SANTO ROSARIO]   [ORACIONES]   [REFLEXIONES]   [PASTORALES]    [DOCUMENTOS]
[NUESTRA FE]   [TEMAS DE ACTUALIDAD]   [COMUNIDADES]   [LITURGIA]   [CONTACTOS]   [ENLACES]