¡No teman!, decía Jesús a quienes, en lugar de
reconocerle, lo consideraron un fantasma.
¡No teman!, es lo que, hoy, queremos decir a
nuestros hermanos obispos y a quienes padecen “temor” por un
fantasma actual: La educación para la ciudadanía y los derechos
humanos.
¡No teman!, porque hablar de ciudadanía es hablar
de ética y la ética no es patrimonio de ninguna religión, sino de la
dignidad del ser humano. Educar para la ciudadanía y los derechos
humanos no lleva al relativismo moral, es un ejercicio de
responsabilidad como sujetos adultos, autónomos, iguales y plurales,
a quienes, en primer lugar, compete ordenar este mundo nuestro y
buscar los caminos para hacerlo más humano. Una ciudadanía que ni
necesita ni admite la tutela de nadie.
¡No teman! la separación del Estado y la Iglesia
o, como reconoció el Vaticano II, la autonomía de lo temporal.
Es cierto que, a lo largo de la historia, la
ciudadanía ha anotado en su “haber” barbaridades e inhumanidades
(¿la paja en el ojo ajeno?). Precisamente, por eso, necesitamos
educarnos en y para la ciudadanía y los derechos humanos. Por eso,
urge, para que no las sigamos cometiendo y, por el contrario,
continuemos en el camino de los logros, como han sido los
reconocimientos de los derechos humanos.
¡No teman!, es sólo un fantasma. Miren los
contenidos del Ministerio de Educación. ¿Que con ellos se puede “adoctrinar”?
Ciertamente, pero no será por la materia, sino por el afán
manipulador de quien la imparta. Lo mismo que se puede hacer con la
filosofía, las matemáticas, la historia o la química, por ejemplo.
Algunos han hecho un llamamiento a la “objeción
de conciencia” y no parece que tiene mucho sentido. Como su nombre
indica, la objeción ha de partir de la conciencia de cada cual y no,
de hacer lo que desde fuera le dicen. Además, en las cosas de
conciencia “neque Ecclesia (ni la Iglesia)”.
¡No teman! a que la ciudadanía busque los medios
para que las personas piensen, analicen, critiquen y elijan por sí
mismas. Su logro sería una riqueza para nuestro mundo, un triunfo
para la humanidad y, en nuestros términos, un gran paso en el plan
de Dios. Porque Dios nos llama a ser sujetos y no, súbditos ni
menores de edad.
¡No teman!, tampoco, a lo que llaman “ideología
de género”, su nombre verdadero es “igualdad entre mujer y varón”.
Eso que tanto se empeñó Jesús en decirnos, que tan claro está en el
Evangelio, aunque algunos adulteran su interpretación, y que tendría
que ser distintivo de los cristianos. No tengan miedo a que nuestros
jóvenes se eduquen en la igualdad entre los seres humanos y en el
mutuo respeto; a que aprendan que “cualquier forma de discriminación
por razones de sexo, raza, color, condición social, lengua o
religión” es abominable (y, como dice la Gaudium et spes 29,
contraria al plan de Dios). Alegrense, más bien, porque aprendan a
descubrir y denunciar tantos dogmatismos e ideologías u otros tipos
de educación, que han inculcado la inferioridad de la mujer, su
exclusión y su ser “para” el varón, con las gravísimas consecuencias
que vemos cada día. Porque eso sí es atentar contra la dignidad de
las personas y, en otra dimensión, es uno de los pecados de
inhumanidad más graves.
Por todo ello, hermanas, hermanos, ¡No teman!, es
sólo un fantasma.