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Existencia del infierno y el
rostro misericordioso de Dios

 

Con frecuencia es comun escuhar decir, "¿cómo es posible que exista el Infierno si Dios es misericordia infinita?". Algunos conocidos en la materia afirman que el infierno es un recurso literario del Evangelio, pero que su existencia es incompatible con la imagen de Dios que nos revela Jesucristo.

En primer lugar, es conveniente saber que la predicación sobre la existencia del infierno no es una afirmación que Jesucristo tomó prestada del Antiguo Testamento. Por el contrario, es una de las doctrinas más originales de Jesucristo. Por lo tanto, no cabe decir que Jesús echase mano de una forma de pensar de su tiempo.

Afirmar que el infierno es un "recurso literario", es una forma encubierta de decir que Jesús no dijo la verdad. Implícitamente se está pensando que Jesús se ha inventado una historia para que, metiéndonos miedo, nos portemos bien. No parece muy compatible esto con la imagen de Jesús, el Hijo de Dios que ha venido a revelarnos el mensaje de salvación.

Por lo demás, que Dios es infinitamente misericordioso, no se opone a que sea también infinitamente respetuoso con nuestra libertad e infinitamente justo. Y tengamos en cuenta que los dos últimos infinitos, lo son tanto como el primero:

En primer lugar, Dios se toma totalmente en serio su decisión de crearnos libres, hasta el punto de que nadie que muera en pecado mortal puede ir al cielo, por la sencilla razón de que Dios no puede imponer a nadie su amistad, si éste la ha rechazado libremente. El infierno no es otra cosa que la autonomía del hombre que, al rebelarse contra Dios, se autoexcluye de su presencia. Dios no puede forzar a nadie a amarle.

Por último, la respuesta a esa objeción, supone conjugar misericordia con justicia. En los últimos años, con frecuencia se ha negado la existencia del infierno con objeto de hacer un rostro de Dios más amable. Quizás lo han hecho con buena voluntad, pero el tiro les ha salido por la culata: Si negando esa verdad de fe querían buscar solución a tu pregunta, "¿cómo se compagina el infierno con la misericordia de Dios?", luego resulta que se encuentran una pregunta todavía más acuciante "¿Entonces..., Dios es indiferente ante los males e injusticias de esta vida?". En efecto, al negar la existencia del infierno, se le "condena" a Dios a no decir nunca nada. Y entonces la pregunta es más terrible todavía: ¿Ante las terribles injusticias de esta vida, va a permanecer Dios en silencio por toda la eternidad? ¿Es que el mal va a triunfar sobre el bien?

Así pues, el mensaje del Evangelio está muy bien como está. En él se equilibran misericordia infinita, respeto absoluto de nuestra libertad y justicia infinita de Dios. Si alguno quiere ser "más papista que el papa" se equivoca, porque queriendo hacer un rostro más amable de Dios, lo deforma irremediablemente. En definitiva, el Evangelio no puede ser una componenda con los criterios personales, sino la Revelación de Dios por Jesucristo.


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