A nadie se le ocurre hoy plantearse el hecho de
si es conveniente o no que la mujer trabaje.
1. La mujer "plena": Las películas y la
publicidad en la TV nos muestran a la "mujer realizada o plena":
trabaja en forma eficiente fuera de casa, en el hogar atiende a su
marido y cuida a sus hijos. En "sus ratos libres" practica algún
deporte para mantenerse delgada y va a la peluquería pues tiene una
cena a la noche.
Generalmente la realidad no es tan así. En el
trabajo debe luchar en forma desigual en un mundo masculinizado. Al
salir del trabajo hay que hacer las compras del super: el dulce que
falta en el desayuno, el regalito para el cumpleaños del amiguito
del nene, la crema de afeitar para el marido... Al llegar a la casa
muchas veces hay que corregir lo que hizo la empleada. -Los exámenes
de los chicos que ya llegan otra vez!, y como el padre le dijo que
atienda un poco más esa parte, hay que revisar los deberes y
tomarles la lección.
También preparar los uniformes para mañana, con
ese barro que no sale, ponerlos en el secarropas, pues con la lluvia
no se secan. "¿Qué hay para cenar?", preguntan mientras miran la
tele. Claro que al final llega la hora de acostarse y descansar...
si es que no viene el chico con: "Mamá, para mañana tengo que llevar
un cuaderno de 50 hojas... forrado".
Después de todo eso surgen los dolores en el
cuello y la espalda, algunos tics nerviosos, dificultades para
conciliar el sueño. Claro que siempre está la voz sabia del que
aconseja: "Lo que pasa es que te preocupas demasiado por las cosas,
trata de relajarte".
2. Un costo muy alto: Sin temor a equivocarnos
podemos decir que el "precio" de salir a trabajar es elevado. La
mujer sigue con la responsabilidad de atender la casa y la familia.
A nadie se le ocurre hoy plantearse el hecho de
si es conveniente o no que la mujer trabaje.
Algunas lo hacen por necesidad, otras por
desarrollar sus intereses personales o profesionales.
Pero mientras van adquiriendo nuevos roles, éstos
se suman a los anteriores.
Para ser una madre es primordial entregar amor al
niño en una actitud tranquila y satisfecha. Si al quedarse en casa
lo hace con resentimientos y frustración, que atribuye concretamente
a los "sacrificios" que debe hacer por el hijo, la compañía que
entrega, estar hecha sin alegría y no ser fuente de seguridad
afectiva.
3. Ventajas y desventajas: Entre las ventajas
está la ampliación del mundo cultural por los mayores contactos que
tiene, el aumento de la seguridad e independencia económicas.
Desventajas: destacan la ausencia prolongada de
la casa y sobrecarga del trabajo doméstico. El riesgo mayor es que
el cansancio y las tensiones la pongan de mal humor, se irrite
fácilmente, y esté poco dispuesta a compartir su tiempo libre con
sus hijos.
Si esto sucede ser conveniente plantearse, quizás
no el trabajo, pero si la forma de asumirlo, y estudiar la
posibilidad de que el trabajo de la casa sea compartido.
4. ¿Qué necesitan los niños?: Los niños necesitan
una madre atenta y preocupada de sus intereses para sentirse felices
y valorados. El corto tiempo que se dispone para los hijos debe ser
compensado por la "calidad" de él. Pero es bueno no hacerse trampas:
un mínimo de tiempo con ellos es esencial.
Quizás es bueno realizar en forma entretenida
algunas cosas juntos, como las compras, pegar botones. En este
compartir, los niños pueden aprender a hacer las cosas en forma
autónoma.
Si el perfeccionismo no es una virtud, sino un
defecto, en las madres que trabajan fuera de casa es especialmente
aconsejable "erradicar" la obsesión por un orden o limpieza
perfectos. Si no se logra, tal vez toda su energía se agote en el
orden, y pierda la capacidad de recibir, sentir y expresar ternura.
Es posible que las mujeres que culpan al trabajo
por ser incapaces de expresar amor y por no poder dedicarse a los
niños, aunque estuvieran en casa, de nada les serviría.
Una mamá que quiere a sus hijos encontrará tiempo
y forma para entregarles ternura y afecto.