Respecto a Marcos 9,14-29, no entiendo la
parte final, cuando Jesús les dice a los discípulos que esa clase de
demonio sólo sale con oración. ¿Quiso decir que a los discípulos les
hizo falta orar? ¿Deberiamos pensar que entonces Jesús oró, en ese
preciso instante, para que el muchacho fuera liberado? ¿No siempre
se ora cuando de liberación se trata? ¿Se referia Jesús a que ellos
no oraron con fe?
Esa parte del Evangelio me ha inquietado mucho
desde hace algún tiempo.
Lo esencial de la respuesta creo que está en lo
que sugieren tus mismas preguntas. La liberación significa el avance
del reinado de Dios y el retroceso de la presencia activa y visible
de los demonios. Existe siempre la tentación de convertir las
acciones divinas en puros rituales humanos, por aquello que ya
denunciaron los profetas: "este pueblo se me acerca con sus palabras
y me honra con sus labios, pero aleja de mí su corazón" (Isaías
29,13).
Así pues, el llamado a orar es el imperativo de
implicar nuestro corazón creyente de modo que todo lo que digamos,
incluyendo una orden al demonio para que se aleje, venga siempre de
una fe viva y vivificante.
Jesús oró muchas veces pero incluso podemos decir
que su vida entera fue una constante oración, porque su alma no se
separaba del querer del Padre y porque en todo buscaba que el Padre
saliera glorificado, reconocido, amado y obedecido. Seguramente,
Nuestro Señor hizo alguna invocación al Padre Celestial antes de
ordenarle al demonio que se apartara. Los evangelistas no registran
este hecho, y por ello debemos suponer dos cosas: que Cristo era
constante en su plegaria (porque toda esta escena sucedió de modo
imprevisto para el Señor y sus discípulos) y que él era usualmente
discreto en su modo de orar: lo esencial de su conexión con el Padre
no estaba en la mucha ostentación.
Otra cosa que cabe destacar con respecto a este
pasaje es que en el texto paralelo de san Mateo a la oración se
añade el ayuno (véase Mateo 17,21). Basándose en ello, la Iglesia
siempre ha recomendado que la preparación para ritos de exorcismo
incluya el ayuno y la plegaria ferviente. Aunque no toda liberación
es un exorcismo, haremos bien todos si llevamos vidas sobrias,
cercanas a la penitencia, y sobre todo, inmersas en la oración de
Jesús. Todo ello dará nuevas victorias a la causa de Dios.