Según los cálculos de las Naciones Unidas, hoy en
día en el mundo viven más de 510 millones de mujeres jóvenes y 540
millones de hombres jóvenes, lo que significa que aproximadamente
una persona de cada cinco tiene entre 15 y 24 años, o lo que es lo
mismo, que los jóvenes constituyen casi el 18 por ciento de la
población mundial. Si bien la proporción de jóvenes en el mundo está
disminuyendo (se prevé que en 2025 se haya reducido al 16 por ciento),
la cifra absoluta ha aumentado y seguirá registrando esa tendencia
bien entrado el siglo XXI. La mayoría de la gente joven, un 85 por
ciento, vive en países en desarrollo, de los cuales aproximadamente
un 60 por ciento se encuentra en Asia. En 2020, el número de jóvenes
que vivirán en los países en desarrollo habrá aumentado a un 89 por
ciento. Los problemas y las aspiraciones de la gente joven deben
examinarse como es debido en los programas de desarrollo de todos
los países puesto que los jóvenes constituyen un grupo de población
sumamente importante. Sin embargo, no se trata de un grupo homogéneo.
Sus necesidades y experiencias son distintas según la age, el género,
la raza, la clase social, el tamaño de la familia, el acceso a la
educación y a la formación, la discapacidad, la condición de
migrante y de refugiado, así como el nivel de desarrollo de los
países donde viven. Estos factores contribuyen a identificar cuan
susceptibles son al riesgo social y definen su vulnerabilidad. Las
políticas y los programas eficaces en materia de juventud necesitan
tener unos objetivos muy claros para tener en cuenta las diferencias
y necesidades específicas.
Las transformaciones políticas, económicas y
socioculturales de los últimos años han afectado sobremanera a los
jóvenes, exponiendo además la vulnerabilidad inherente a la
transición de la infancia a la vida adulta. Los jóvenes se enfrentan
a una serie de desafíos económicos y sociales desalentadores, la
mayoría de los cuales han ido en aumento y en algunos casos han
aumentado los niveles de desempleo y subempleo, sobre todo en las
regiones en desarrollo. Si bien las experiencias de los jóvenes en
los países desarrollados o en desarrollo no son siempre similares,
ambos grupos comparten problemas e incertidumbres sobre el futuro,
incluidas las limitadas perspectivas de empleo. La vulnerabilidad de
la juventud también está ligada a los problemas de pobreza,
analfabetismo, salud y a la situación, a menudo, doblemente
desfavorable de las niñas y mujeres jóvenes. Muchas de estas
preocupaciones forman parte de, o están íntimamente unidas al
programa de trabajo decente de la OIT.
Pobreza
De acuerdo con los cálculos de las Naciones
Unidas, en el mundo viven más de un billón de personas en
situaciones de pobreza, la mayoría en países en desarrollo,
particularmente en zonas rurales. No obstante, la migración de las
zonas rurales a las urbanas en los países en desarrollo se añade a
la pobreza urbana. La pobreza está ligada a una falta de acceso a
los recursos, incluidos la tierra, las calificaciones, los
conocimientos, el capital y las conexiones sociales. Sin estos
recursos, la gente cuenta con un acceso muy limitado a las
instituciones, mercados, empleo y servicios públicos. No es
sorprendente pues que la gente joven sea especialmente vulnerable a
la pobreza y que en muchos países en desarrollo esta vulnerabilidad
haya ido en aumento. Sin embargo, la pobreza no se limita a los
países en desarrollo. La pobreza también se encuentra en los países
desarrollados con niños y jóvenes particularmente vulnerables. .
Analfabetismo
La Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) estima que
aproximadamente 96 millones de mujeres jóvenes y 57 millones de
hombres jóvenes, la mayoría en países en desarrollo, son analfabetos.
Eso se debe a que, a pesar del progreso hacia la educación primaria
universal experimentado en muchas regiones, el acceso todavía está
limitado en algunos países e incluso más para algunos grupos.
Asimismo, el analfabetismo refleja la mala calidad y la poca
importancia de la educación básica en muchos países. Los índices más
elevados de analfabetismo se registran en África del norte, África
sub-sahariana y la región central de Asia del sur, con una
diferencia de género sustancial: es mucho más probable que las
mujeres sean analfabetas que los hombres. La diferencia más
importante se registra en África del norte, donde el doble de
mujeres son analfabetas con respecto a los hombres(un 40 por ciento
de mujeres frente a un 20 por ciento de hombres). El analfabetismo
entre los jóvenes es mucho más elevado en las zonas rurales que en
las urbanas. Los índices de analfabetismo son insignificantes en las
regiones desarrolladas, donde la educación primaria es universal y
obligatoria. La reducción del analfabetismo y la mejora de la
cobertura y de la calidad de la educación básica son instrumentos
potencialmente poderosos para reducir la desigualdad en términos de
cantidad y distribución de los ingresos y para aumentar la
productividad y los ahorros de los pobres. Asimismo ofrecen una ruta
de acceso a la formación y, de ahí, a mejores puestos de trabajo y a
ingresos más elevados.
VIH/SIDA
Según el Programa Conjunto de las Naciones Unidas
sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA), de los 30 millones de personas
afectadas con el virus del VIH, al menos 10 millones tienen agees
comprendidas entre 10 y 24 años. Se calcula que cada día 7.000
jóvenes de todo el mundo se contagian con el virus, lo que se
traduce en unos 2,6 millones de nuevas infecciones anuales ,
incluyendo 1,7 millones en Africa y 700.000 en Asia y el Pacífico.
La gente joven representa al menos el 50 por ciento de los
infectados después de la infancia y en algunos países la cifra
supera el 60 por ciento. Hoy en día, más de nueve décimos de la
epidemia se concentra en los países en desarrollo. Parece ser que
las mujeres jóvenes son el grupo más vulnerable tanto por motivos
biológicos como socioeconómicos. Un reciente estudio realizado por
ONUSIDA a nivel de la comunidad en una zona de África del este
demostró que una de cada 4 chicas con agees entre los 15 y los 19
años era seropositiva, comparado con 1 de cada 25 chicos del mismo
grupo de age. El SIDA impone tanto costes directos como indirectos a
las economías nacionales. El coste de tratar a los individuos
seropositivos o con SIDA excede el PIB por cápita en muchos países.
El SIDA también debilita indirectamente las economías. Los recursos
asignados a la lucha contra el SIDA pueden traducirse en menores
inversiones en educación y atención primaria de salud, que podrían
tener repercusiones en el crecimiento económico futuro. Al reducir
la duración de la vida activa, el SIDA también reduce la
rentabilidad de las inversiones públicas en materia de salud y
educación. El SIDA es especialmente devastador para el crecimiento
económico puesto que ataca a la población en age de trabajar y
amenaza con producir una nueva ola de huérfanos y niños trabajadores
afectados por el SIDA