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Los frutos del matrimonio

 

1.(...). El 'hombre' que, según Génesis 4, 1, 'conoce' por primera vez a la mujer, su mujer, en el acto de la unión conyugal, es en efecto el mismo que, al poner nombre, es decir, 'al conocer' también, se ha 'diferenciado' de todo el mundo de los seres vivientes o animalia, afirmándose a sí mismo como persona y sujeto. El 'conocimiento', de que habla el Génesis 4, 1, no lo aleja ni puede alejarlo del nivel de ese primordial y fundamental autoconocimiento. Por tanto diga lo que diga sobre esto una mentalidad unilateralmente 'naturalista', en el Génesis 4, 1, no puede tratarse de una mera aceptación pasiva de la propia determinación por parte del cuerpo y del sexo, precisamente porque se trata de 'conocimiento'.

Es, en cambio un descubrimiento ulterior del significado del propio cuerpo, descubrimiento común y recíproco, así como común y recíproca es desde el principio la existencia del hombre a quién 'Dios creo varón y mujer'. El conocimiento que estaba en la base de la soledad originaria del hombre, está ahora en la base de esta unidad del varón y la mujer, cuya perspectiva clara ha sido puesta por el Creador en el misterio mismo de la creación (Cfr. Gen 1,27; 2, 23). En este 'conocimiento' el hombre confirma el significado del nombre de 'Eva', dado a su mujer, 'por ser la madre de todos los vivientes'(Gen 3, 20).

2.(...). Será necesario volver todavía por separado al estado de animo de ambos después de perder la inocencia originaria. Pero ya desde ahora es necesario constatar que en el 'conocimiento' de que se habla en el Génesis, el misterio de la feminidad se manifiesta y se revela hasta el fondo mediante la maternidad, como dice el texto: 'la cual concibió y parió'. La mujer está ante el hombre como madre, sujeto de la nueva vida humana que se concibe y se desarrolla en ella, y de ella nace al mundo. Así se revela también hasta el fondo el misterio de la masculinidad del hombre, es decir, el significado generador y 'paterno' de su cuerpo.

3.(...). La generación es una perspectiva, que el varón y la mujer insertan en su recíproco conocimiento. Por lo cual éste sobrepasa los límites de sujeto-objeto, cual varón y mujer aparecen ser mutuamente, dado que el 'conocimiento' indica, por una parte, a aquel que 'conoce', y por otra, a la que 'es conocida' (o viceversa). En este 'conocimiento' se encierra también la consumación del matrimonio, el específico consummatum; así se obtiene el logro de la 'objetividad' del cuerpo, escondida en las potencialidades somáticas del varón y de la mujer, y a la vez el logro de la objetividad del varón que 'es' este cuerpo. Mediante el cuerpo, la persona humana es 'marido' y 'mujer'; simultáneamente, en este particular acto de 'conocimiento', realizado por la feminidad y masculinidad personales, parece alcanzarse también del descubrimiento de la 'pura' subjetividad del don: es decir, la mutua realización de sí en el don.

4. Ciertamente, la procreación hace que 'el varón y la mujer (su esposa)' se conozcan recíprocamente en el 'tercero' que trae su origen de los dos. Por eso, ese 'conocimiento' se convierte en un descubrimiento, a su manera, en una revelación del nuevo hombre, en el que ambos, varón y mujer, se reconocen también a sí mismos, su humanidad, su imagen viva. En todo esto que está determinado por ambos a través del cuerpo y del sexo, el 'conocimiento' inscribe un contenido vivo y real. Por tanto, el 'conocimiento' en sentido bíblico significa que la determinación 'biológica' del hombre, por parte de su cuerpo y sexo, deja de ser algo pasivo, y alcanza un nivel y un contenido específicos para las personas autoconscientes y autodeterminantes: comporta, pues, una conciencia particular del significado del cuerpo humano, vinculada a la paternidad y a la maternidad.

5. Toda la constitución del cuerpo de la mujer, su aspecto particular, las cualidades que con la fuerza de un atractivo permanente están al comienzo del 'conocimiento', de que habla el Génesis 4, 12 ('Adán se unió a Eva, su mujer'), están en unión estrecha con la maternidad. La Biblia (y después la liturgia) con la sencillez que le es característica, honra y alaba a lo largo de los siglos 'el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron' (Lc 11, 2). Estas palabras constituyen un elogio de la maternidad, de la feminidad, del cuerpo femenino en su expresión típica de amor creador. Y son palabras que en el Evangelio se refieren a la Madre de Cristo, María, segunda Eva. En cambio, la primera mujer, en el momento en que se reveló por primera vez la madurez materna en su cuerpo, cuando 'concibió y parió', dijo: 'He alcanzado de Yahvéh un varón'.

6. Estas palabras expresan toda la profundidad teológica de la función degenerar procrear. El cuerpo de la mujer se convierte en el lugar de la concepción del nuevo hombre. En su seno el hombre concebido toma su propio aspecto humano, antes de venir al mundo. La homogeneidad somática del varón y de la mujer, que encontró expresión primera en las palabras: 'Es carne de mi carne, y hueso de mis huesos' (Gen 2, 23), está confirmada a su vez por las palabras de la primera mujer madre: 'He alcanzado un varón'. La primera mujer parturienta tiene plena conciencia del misterio de la creación, que se renueva en la generación humana. Tiene también plena conciencia de la participación humana, obra de ella y de su marido, puesto que dice: 'He alcanzado de Yahvéh un varón'.

No puede haber confusión alguna entre las esferas de acción de las causas. Los primeros padres transmiten a todos los padres humanos también después el pecado, juntamente con el fruto del árbol del bien y del mal y como en el umbral de todas las experiencias 'históricas' la verdad fundamental acerca del nacimiento del hombre a imagen de Dios, según las leyes naturales. Este nuevo hombre nacido de la mujer madre por obra del varón padre reproduce cada vez la misma 'imagen de Dios', de ese Dios que ha constituido la humanidad del primer hombre: 'Creó Dios al hombre a imagen suya., varón y mujer los creó' (Gen 1, 27).

7. Aunque existen profundas diferencias entre el estado de inocencia originaria y el estado pecaminoso heredado del hombre, esa 'imagen de Dios' constituye una base de continuidad y de unidad. El 'conocimiento' de que habla el Génesis, es el acto que origina el ser, o sea, en unión con el Creador, establece un nuevo hombre en su existencia. El primer hombre, en su soledad trascendental, tomó posesión del mundo visible, creado para él, conociendo e imponiendo nombre a los seres vivientes (animalia). El mismo 'hombre', como varón y mujer, al conocerse recíprocamente en esta específica comunidad-comunión de personas, en la que el varón y la mujer se unen tan estrechamente entre sí que se convierten en 'una sola carne', constituye la humanidad, es decir, confirma y renueva la existencia del hombre como imagen de Dios. Cada vez ambos, varón y mujer, renuevan, por decirlo así, esta imagen del misterio de la creación y la transmiten 'con la ayuda de Dios-Yahvéh'.

Las palabras del libro del Génesis, que son un testimonio del primer nacimiento del hombre sobre la tierra, encierran en sí, al mismo tiempo, todo lo que se puede y se debe decir de la dignidad de la generación humana.

 


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