La idea de fidelidad, que juega un papel decisivo
en nuestra vida de interrelación.
-¿Es la fidelidad actualmente un valor en crisis?
¿A qué se debe el declive actual de la actitud fiel?
-A juzgar por el número de separaciones
matrimoniales que se producen, la fidelidad conyugal es un valor que
se halla actualmente cuestionado. Entre las múltiples causas de tal
fenómeno, deben subrayarse diversos malentendidos y
Se confunde, a menudo, la fidelidad y el aguante.
Aguantar significa resistir el peso de una carga, y es condición
propia de muros y columnas. La fidelidad supone algo mucho más
elevado: crear en cada momento de la vida lo que uno, un día,
prometió crear. Para cumplir la promesa de crear un hogar con una
persona, se requiere soberanía de espíritu, capacidad de ser fiel a
lo prometido aunque cambien las circunstancias y los sentimientos
que uno pueda tener en una situación determinada. Para una persona
fiel, lo importante no es cambiar, sino realizar en la vida el ideal
de la unidad en virtud del cual decidió casarse con una persona.
Pero hoy se glorifica el cambio, término que adquirió últimamente
condición de "talismán": parece albergar tal riqueza que nadie osa
ponerlo en tela de juicio. Frente a esta glorificación del cambio,
debemos grabar a fuego en la mente que la fidelidad es una actitud
creativa y presenta, por ello, una alta excelencia.
Si uno adopta una actitud hedonista y vive para
acumular sensaciones placenteras, debe cambiar incesantemente para
mantener cierto nivel de excitación, ya que la sensibilidad se
embota gradualmente.
Esta actitud lleva a confundir el amor personal
-que pide de por sí estabilidad y firmeza- con la mera pasión, que
presenta una condición efímera.
De ahí el temor a comprometerse de por vida, pues
tal compromiso impide el cambio. Se olvida que, al hablar de un
matrimonio indisoluble, se alude ante todo a la calidad de la unión.
El matrimonio que es auténtico perdura por su interna calidad y
valor. La fidelidad es nutrida por el amor a lo valioso, a la
riqueza interna de la unidad conyugal. Obligarse a dicho valor
significa renunciar en parte a la libertad de maniobra -libertad de
decisión arbitraria- a fin de promover la auténtica libertad humana,
que es la libertad para ser creativo. La psicóloga norteamericana
Maggie Gallagher indica, en su libro Enemies of Eros, que millones
de jóvenes compatriotas rehuyen casarse por pensar que no hay
garantía alguna de que el amor perdure. Dentro de los reducidos
límites de seguridad que admite la vida humana, podemos decir que el
amor tiene altas probabilidades de perdurar si presenta la debida
calidad. El buen paño perdura. El amor que no se reduce a mera
pasión o mera apetencia, antes implica la fundación constante de un
auténtico estado de encuentro, supera, en buena medida, los riesgos
de ruptura provocados por los vaivenes del sentimiento.
-Si la fidelidad se halla por encima del afán
hedonista de acumular gratificaciones, ¿qué secreto impulso nos
lleva a ser fieles?
-La fidelidad, bien entendida, brota del amor a
lo valioso, lo que se hace valer por su interna riqueza y se nos
aparece como fiable, como algo en lo que tenemos fe y a lo que nos
podemos confiar. Recordemos que las palabras fiable, fe, confiar en
alguien, confiarse a alguien... están emparentadas entre sí, por
derivarse de una misma raíz latina: fid. El que descubre el elevado
valor del amor conyugal, visto en toda su riqueza, cobra confianza
en él, adivina que puede apostar fuerte por él, poner la vida a esa
carta y prometer a otra persona crear una vida de hogar. Prometer
llevar a cabo este tipo de actividad es una acción tan excelsa que
parece en principio insensata. Prometo hoy para cumplir en días y
años sucesivos, incluso cuando mis sentimientos sean distintos de
los que hoy me inspiran tal promesa. Prometer crear un hogar en
todas las circunstancias, favorables o adversas, implica elevación
de espíritu, capacidad de asumir las riendas de la propia vida y
estar dispuestos a regirla no por sentimientos cambiantes sino por
el valor de la unidad, que consideramos supremo en nuestra vida y
ejerce para nosotros la función de ideal.
-Según lo dicho, no parece tener sentido
confundir la fidelidad con la intransigencia...
-Ciertamente. El que es fiel a una promesa no
debe ser considerado como terco, sino como tenaz, es decir,
perseverante en la vinculación a lo valioso, lo que nos ofrece
posibilidades para vivir plenamente, creando relaciones relevantes.
Ser fiel no significa sólo mantener una relación a lo largo del
tiempo, pues no es únicamente cuestión de tiempo sino de calidad. Lo
decisivo en la fidelidad no es conseguir que un amor se alargue
indefinidamente, sino que sea auténtico merced a su valor interno.
Por eso la actitud de fidelidad se nutre de la
admiración ante lo valioso. El que malentiende el amor conyugal, que
es generoso y oblativo, y lo confunde con una atracción interesada
no recibe la fuerza que nos otorga lo valioso y no es capaz de
mantenerse por encima de las oscilaciones y avatares del
sentimiento. Será esclavo de los apetitos que lo acucian en cada
momento. No tendrá la libertad interior necesaria para ser
auténticamente fiel, es decir, creativo, capaz de cumplir la promesa
de crear en todo instante una relación estable de encuentro.
Así entendida, la fidelidad nos otorga identidad
personal, energía interior, autoestima, dignidad, honorabilidad,
armonía y, por tanto, belleza. Recordemos la indefinible belleza de
la historia bíblica de Ruth, la moabita, que dice estas bellísimas
palabras a Noemí, la madre de su marido difunto: "No insistas en que
te deje y me vuelva. A dónde tú vayas, iré yo; donde tú vivas,
viviré yo; tu pueblo es el mío, tu Dios es mi Dios; donde tú mueras,
allí moriré y allí me enterrarán. Sólo la muerte podrá separarnos,
y, si no, que el Señor me castigue".
-En Iberoamérica y en España parece concederse
todavía bastante importancia a la fidelidad conyugal. ¿Cómo se
conjuga esto con la crisis del valor de la fidelidad?
-En estos países todavía se conserva en alguna
medida la concepción del matrimonio como un tipo de unidad valiosa
que debe crearse incesantemente entre los cónyuges. De ahí el
sentimiento de frustración que produce la deslealtad de uno de ellos.
Esto no impide que muchas personas se dejen arrastrar por el
prestigio del término cambio, utilizado profusamente de forma
manipuladora en el momento actual.-¿Puede decirse que lo que está en
crisis actualmente son las instituciones a las que se debiera tener
fidelidad? -Exige menos esfuerzo entender el matrimonio como una
forma de unión que podemos disolver en un momento determinado que
como un modo de unidad que merece un respeto incondicional por parte
de los mismos que han contribuido a crearla. Este tipo de realidades
pertenecen a un nivel de realidad muy superior al de los objetos.
Hoy día vivimos en una sociedad utilitarista, afanosa de dominar y
poseer, y tendemos a pensar que podemos disponer arbitrariamente de
todos los seres que tratamos, como si fueran meros objetos. Esta
actitud nos impide dar a los distintos aspectos de nuestra vida el
valor que les corresponde. Nos hallamos ante un proceso de
empobrecimiento alarmante de nuestra existencia.
Por eso urge realizar una labor de análisis serio
de los modos de realidad que, debido a su alto rango, no deben ser
objeto de posesión y dominio sino de participación, que es una
actividad creadora. Participar en el reparto de una tarta podemos
hacerlo con una actitud pasiva. Estamos en el nivel 1 de conducta.
Participar en la interpretación de una obra musical compromete
nuestra capacidad creativa. Este compromiso activo se da en el nivel
2. Para ser fieles a una persona o a una institución, debemos
participar activamente en su vida, crear con ella una relación
fecunda de encuentro -nivel 2-. Esta participación nos permite
descubrir su riqueza interior y comprender, así, que nuestra vida se
enriquece cuando nos encontramos con tales realidades y se empobrece
cuando queremos dominarlas y servirnos de ellas, rebajándolas a
condición de medios para un fin.
-Al analizar la cuestión de la fidelidad,
volvemos a advertir que la corrupción de la sociedad suele comenzar
por la corrupción de la mente...
-Sin duda. Es muy conveniente leer la Historia
entre líneas y descubrir que el deseo de dominar a los pueblos suele
llevar a no pocos dirigentes sociales a adueñarse de las mentes a
través de los recursos tácticos de la manipulación. Si queremos ser
libres y vivir con la debida dignidad, debemos clarificar a fondo
los conceptos, aprender a pensar con rigor, conocer de cerca los
valores y descubrir cuál de ellos ocupa el lugar supremo y
constituye el ideal auténtico de nuestra vida.