La familia es una estructura fundamental en todas
las culturas, donde sin importar de qué forma se la conciba, o, cómo
se comprendan los lazos de vinculación entre sus miembros, se la
encuentra como realidad fundamental para la existencia humana.
En las últimas décadas, la familia colombiana ha
cambiado y ya no es posible hablar de la existencia de un núcleo
básico conformado por padre, madre e hijos. Ahora, hay familias
extensas que involucran abuelos o tíos, algunas veces por razones
económicas. En otras, la realidad de la ruptura de la pareja implica
que los hijos vivan con uno de sus padres, habitualmente, con la
madre y que desde allí, se abran opciones para otras vinculaciones:
el esposo nuevo de la madre, la esposa del padre, hermanos medios…
Quizás respondiendo a esa movilidad, muchos
colegios han sustituido acertivamente la celebración del “Día del
padre” o la del “Día de la madre”, por la del “Día de la familia”;
lo cual, al permitir mayor amplitud al abarcar, incluye a quienes
habitan nichos constituidos de manera distinta a la tradicional.
Para los niños, hijos de padres separados, es
importante que la concepción social de la familia justamente incluya
y valide otras opciones, porque mantener el imaginario estático de
familia hace que se sientan diferentes, que se lesione su autoestima
o que crezcan con cierta sensación de ausencia y falta, que no
necesariamente es cierta.
Hay hogares ilusorios, donde los modelos de
identificación que se ofrecen son contraproducentes, por lo que, la
realidad de una ruptra de la pareja parental es más sana y forma más,
que la de mantener una convivencia disfuncional.
Lo básico es que el hogar, independientemente de
los actores que lo conformen, esté basado en la gran tarea de la
vinculación afectiva que hace que la vida misma pueda cultivarse,
aprendiendo el cuidado, respeto y consideración por el otro, en su
singularidad.
En la familia, el dar y el recibir, constituyen
una dinámica que pasa por el gesto, la caricia y la palabra, que
reconforta la existencia misma, pero que a la vez, se abre al mundo
con su multiplicidad de perspectivas.
La familia contiene las ansiedades propias del
crecimiento, brinda la compañía en momentos de dificultad y de
felicidad, en ella se aprenden los valores y es el núcleo esencial
de la construcción de la paz y del aprender a manejar lo agresivo y
a crear alternativas a partir de la diferencia, como realidad con la
que se encuentra inexorablemente, la convivencia.