Me preguntaba una joven mamá, por el tema de las
fantasías sexuales debido a que su hijo adolescente tiene en su
habitación afiches grandes de mujeres famosas, con cuerpos
despampanantes, semidesnudos y que se encierra a cantarles y a
declararles sus deseos sexuales; y, esto la preocupaba. Hablé un
poco con ella sobre el tema reconociendo que en líneas generales las
fantasías sexuales no son del todo malignas, el problema estriba en
el hecho de convertirlas en realidad en medio del desorden y la
irresponsabilidad. Por lo pronto su hijo adolescente está
fantaseando en solitario pero sintiéndose acompañado. Sexualmente no
está solo, el autoestímulo funciona con la imaginación y la ayuda
visual de las fotografías.
Desde el punto de vista
de la sexualidad, las fantasías son normales, en cierta forma son
parte del erotismo normal que asiste a cada persona y por lo general
se desarrollan en un estado de somnolencia que no reviste mayor
responsabilidad.
Sin embargo, hay quienes sienten temor, ese puede
ser el caso de la consultante porque las fantasías están alejadas de
la realidad. No es muy posible que un joven de estrato tres vaya a
desarrollar realmente una fantasía con una despampanante modelo.
Lo que sí es un problema y muy delicado desde el punto de vista
ético y moral es que las fantasías se concreticen siendo infieles
con la persona amada; varios estudios han demostrado que existe
cierta tendencia en algunas personas a resistirse a compartir sus
fantasías con su pareja por temor a ser inhibidos, regañados o
convertirse en objeto de burla y buscan otra persona que les
satisfaga de la mejor manera posible; o, definitivamente la viven en
solitario.
Lo que se busca con una fantasía sexual
es llenar un vacío de orden afectivo sexual y si se llena ese vació
alejándose de la pareja real se pude afectar de manera importante la
relación por haber jugado a la infidelidad.
Para ilustrar el tema revisemos este caso de la vida real y saquemos
nuestras propias conclusiones:
“En un “Amoblado”
de una importante ciudad, uno de sus clientes salió de un
apartamento alquilado con la compañera del programa nocturno, tomó
su carro para partir y como tenía algunos tragos de licor en su
cabeza golpeó accidentalmente a un vehículo estacionado contiguo al
suyo. A pesar, de su estado de alicoramiento, se sintió
“responsable” y tomó nota de la matrícula del carro golpeado.
Al lunes siguiente ya en sano juicio y lejos de sus programas de
infidelidad conyugal, le dio a uno de sus empleados la matrícula del
carro y le pidió que le averiguara en las oficinas de tránsito,
quién era el dueño del vehículo.
Cuando tuvo los
datos, llamó al propietario y después de presentarle las debidas
excusas, le explico cómo y en dónde le había golpeado su carro y
ofreció pagar los gastos correspondientes por la reparación.
El dueño del carro afectado se sintió extrañado de que su automotor
hubiera sido chocado en un lugar como ese, pero no se lo dejó saber
a su interlocutor, se limitó a darle las gracias y se despidió.
Inmediatamente llamó a su esposa para hacerle el reclamo porque el
día del accidente era ella quien andaba de programa con el carro y
le había dicho que lo había chocado contra un poste después de salir
de la casa de unas amigas con las que jugaba cartas”.
Está bien que las fantasías formen parte de la vida normal de todo
ser humano que cuenta con una sexualidad; pero no podemos olvidar
que hay que unirla a la afectividad, al amor responsable que de
hecho es fiel, y también, anexarlo a la espiritualidad para que no
quedemos al nivel de los animales, las especies que llamamos
inferiores al ser humano, argumentando que estábamos en la
somnolencia o en algo así como un estado hipnoide.
Fantasear es propio de humanos pero no podemos
caer en el automatismo sexual. De ahí la importancia de formar a
nuestros hijos en los valores, sin tregua ninguna.