¿Que podría haber pasado en el Paraíso si
después de pecar Adán y Eva no se hubieran escondido de Dios, que
dice la Iglesia a cerca de esto?
Yo creo que al autoculparse ellos mismos, y
por eso avergonzarse y esconderse, fue cuando verdaderamente se
salieron del Paraíso antes de que Dios los hubiera sacado.
La pregunta viene a que he estado trabajando
en mi misma sobre la culpa, como ella es la raíz de la barrera que
pone uno para recibir el Amor de Dios y como muchas veces así se
haya confesado y tenga propósitos de no volver a cometer la falta,
el hecho de uno no perdonarse y autoculparse hace que vuelva a caer
por el mismo lado una y otra vez.
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Al esconderse salieron de la mirada, o por lo
menos pretendieron salirse de la mirada y la presencia de Dios, y
eso es exactamente perder el verdadero paraíso, que no es otra cosa
que la situación de amistad y cercanía con Dios.
Pero la manera como se plantean las cosas es un
poco ambigua.
Parece sugerir que si ellos no hubieran sentido
culpa entonces todo hubiera seguido más o menos normal.
Según esta manera de ver las cosas, uno debería
simplemente cultivar un modo de ser que nos e avergüenza de nada.
Pero ahí hay una trampa: uno puede no
avergonzarse porque es inocente, o también porque es cínico.
La Iglesia no quiere que vivamos agobiados por la
culpa pero tampoco quiere que nos olvidemos de ella para actuar como
si nada hubiera pasado.
Pecar no es un juego; desobedecer trae
consecuencias.
Pero esas consecuencias las conoce Dios y quiere
que nosotros pasemos por ellas, pero no que nos quedemos en ellas.
La mejor manera de comprender esto es cuando miramos a los papás con
sus hijos.
Todo papá responsable quiere que el niño aprenda
de los errores que cometa.
El papá no quiere que el hijo esconda los errores;
tampoco quiere que se deprima para siempre porque haber cometido un
error; pero tampoco quiere que diga que no fue un error lo que
cometió.
Jesús dice en el capítulo tercero de San Juan que
el que ama la verdad va a la luz.
En ese proceso salen cosas duras, pero esa dureza
no es el final del camino sino solo una parte del proceso.
La palabra final la tiene el poder de Dios que es
tan grande como su misericordia.
Claro que está también la dimensión psicológica:
cómo lidiar con el sentimiento de culpa.
Pero la clave está en que nuestros sentimientos
son respuestas a realidades que vivimos. Si bien la culpa es real,
el perdón no es menos real.
Detrás de los sentimientos eternos de
autoculpabilización suele haber una especie de soberbia sutil, algo
que nos impide admitir que no éramos como pensábamos que éramos.
Tan pronto como uno empieza a decirse: "Soy uno
más, uno entre muchos que ha fallado. Igual que todos necesito amor,
cuidado, misericordia.
Y hay un Cristo bendito que así ha querido
amarnos a todos." Tan pronto como uno dice eso, el complejo de culpa
empieza a ceder, y una nueva luz llega al alma.