Discípulo es el que sigue, y en este caso el que
sigue a Jesús, un Jesús que nos acompaña y nos deja el liberador
mensaje de su palabra, para vivirlo día a día.
Ser discípulo, es continuar construyendo como
muchas mujeres y hombres antes que nosotros, el reino de Dios y el
Proyecto de Hombre Nuevo que Jesús nos revela en la Bienaventuranzas.
¿Cómo puede intentar una pareja hoy vivir esto?
Muchas veces la cotidianidad de nuestra vida, nos
hace pasar días sin ser conscientes de que es lo que en el fondo nos
mueve. El poner el centro en el trabajo, en el dinero gastado sin
mucho control y en la autocomplacencia, no solo desenfoca el ser
discípulo de Jesús, sino también el ser pareja, abierta a la
realidad del Mundo.
Mantener encendida la llama de la pareja,
requiere sorprender al otro día a día, con pequeños detalles que
rompan la monotonía en la que convertimos nuestras vidas. Mantener
encendida la llama de ser discípulos (y en nuestro caso en pareja),
requiere dejarse sorprender por el hermano en el día a día, estar en
y para el Mundo, sentirnos hijos de un mismo Padre y poder vivir un
gran proyecto común.
En nuestro proyecto de pareja debemos tratar de
ser discípulos de Jesús desde lo cotidiano, estar abiertos a dar y
recibir detalles de comprensión, de ánimo, de esperanza, de amor, de
acompañamiento, de sentir con el otro, desde los distintos ámbitos
donde compartimos la vida y el mensaje de Jesús: la pareja, la
Comunidad, las familias, la Comunidad parroquial, el barrio, los
trabajos,....
Muchas veces, los que nos llamamos cristianos,
nos vemos limitados por falta de condiciones y conocimientos para
implicarnos en ser discípulos.
Es lastrante nuestra opción de dejarnos llevar
por los acontecimientos, de sentirnos no preparados y por ello no
intentar aportar nuestros dones, para el Sueño Común.
Dios nos conoce, y conoce cuan frágiles somos,
pero también es buen conocedor de nuestros dones. Por tanto no
podemos esperar a que se marchiten, a que sólo sean fruto interno de
la pareja, de la familia más cercana. Estos dones son frutos a
compartir con el hermano, frutos para saciar el hambre de injusticia,
de opresión, de inseguridad,..., frutos de denuncia,..... frutos de
cariño y esperanza.
Para ir creciendo en esto, nosotros, sentimos y
vivimos como necesario el compartir en Comunidad (comunidad
integrada en la Gran Comunidad que es la Iglesia); la oración, la
celebración , la misión, la formación, el compartir desde la vida,
el ocio,..., sostienen la llama viva de intentar construir el Reino
de Dios aquí y ahora.