Tengo una hija de 22 años y yo soy madre
soltera.
En una de las crisis que tuvo mi hija, un
doctor la diagnosticó con esquizofrenia.
Mi corazón se cayó al piso. No sabía qué hacer.
Desde que mi hijita nació, fue diferente a las
otras niñas de su edad.
Yo pensaba que era por la ausencia de su
padre, ya que éste nos abandonó cuando mi hija tenía 3 años
solamente.
He tenido que ser padre y madre de mi hija,
trabajo en todo lo que se presente que sea digno, pero no he logrado
obtener una verdadera estabilidad.
Muchos me aconsejan que me case con algún
ciudadano, pero yo no tengo dinero para pagar por eso, además no me
atrevo a meter un hombre en mi casa con la enfermedad que tiene mi
hija.
Tengo miedo de llevarla a algún hospital, por
el tema de nuestra falta de recursos y el costo.
No sé qué hacer, comprendo que ella necesita
medicamentos, a veces está muy agresiva.
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Me acuerdo de un letrero que mi padre puso sobre
su escritorio cuando lo diagnosticaron con un cáncer mortal.
Decía: ''Dios aprieta, pero no ahoga''. Esas
palabras se han hecho parte de mi vida, especialmente, en momentos
difíciles.
Yo sé que hay cosas que escuchamos que nos
conmueven y nos hacen pensar, literalmente, que nos vamos a ahogar.
La noticia de un diagnóstico, como el de tu hija, lo hace a uno
preguntar, ''¿por qué?''
Esa reacción es totalmente normal.
Pero, como la mayoría de las enfermedades son
cosas que no conocemos bien, lo primero que debemos hacer es tratar
de entenderlas --para empezar a batallarlas.
Tu hija tiene una condición de la salud mental
que es difícil, pero existen tratamientos efectivos para poder
lograr cierto nivel de estabilidad.
No existe batalla alguna que sea muy dura o muy
difícil para nosotros cuando tenemos el deseo y el empeño de luchar.
Lo de tu hija es una cruz y nunca será fácil,
pero con amor y un buen profesional de la salud mental, podrás
ayudarla mucho.
No te desanimes --Dios te lleva de la mano.