En el calvario una espada atravesó el alma de
María (Lucas 2, 35). Su dolor nacía de su amor. María comulgó al
sufrimiento atroz de su hijo. El 15 de setiembre, al otro dia de la
exaltación de la Santa Cruz, la liturgia hace memoria de Nuestra
Señora de los dolores.
La Mujer del Apocalipsis (12,2) que gime encinta
en los dolores del parto simboliza para san Lorenzo de Brindisi[1],
doctor de la Iglesia[2], la Virgen Maria que sufre del sufrimiento
de su hijo atacado por el diablo (el dragón rojo, Apocalipsis 12,
3). Es durante la pasión de Jesús que María conoce los dolores del
parto y no el dia de la natividad a Belén. “Vosotros que pasáis por
el camino, mirad y decidme si hay dolor comparable al que me
atormenta” (Lamentaciones 1, 2). “Llamadme Mará, pues el Señor me ha
llenado de amargura” (Ruth 1, 20).
En el arte, la “Pietá” trata de expresar la
tristeza y el duelo de la madre de Jesús, la Madre de Dios. María ha
padecido también los dolores del parto de la Iglesia. En el Calvario,
María participa, por su fe y su amor, al nacimiento de los miembros
del cuerpo de Cristo. Madre de la Cabeza de la Iglesia, Jesucristo,
ella lo es también de los miembros de ese Cuerpo.
Por esto, Maria es llamada el “cuello” que liga
la Cabeza y el Cuerpo[3]. En el Evangelio según san Juan, los
símbolos de la muerte de Jesús son también símbolos de nacimiento :
el agua y la sangre que manan del costado atravesado de Jesús
anuncian los sacramentos del Bautismo –nuevo nacimiento- y de la
Eucaristía ; el último suspiro de Jesús figura el don del Espíritu
Santo ; como Eva fue sacada del costado de Adán, la Iglesia –la
Mujer nueva- es sacada del costado del Nuevo Adán, Jesucristo, el
Hombre nuevo.
“He aquí a tu madre” (Juan 19, 27), dijo Jesús
desde lo alto de la cruz a Juan, el apóstol amado que simboliza la
Iglesia. El amor de María abarca Jesús y la Iglesia, su dolor
infinito releva de su unión al fruto de su vientre y a los
discípulos de Jesús.
Dios se ha hecho hombre gracias a la humanidad de
María : es por esto que el dolor de María releva también de su amor
universal por cada hombre, pues cada uno comparte la humanidad de su
hijo Jesús. Precisamente por ello María es llamada “Madre de
misericordia”, de una misericordia universal. Ella intercede ante su
hijo resucitado para que todos los hombres pasen de la muerte a la
vida nueva del Espíritu.
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[1] San Lorenzo de Brindisi (Doctor apostólico), Marial, María de
Nazaret, “Virgen de la plenitud”, Madrid, Biblioteca de Autores
Cristianos, 2004, p. 65.
[2] San Lorenzo de Brindisi (1550-1619),
capuchino, predicador, biblista, General de su orden, fue proclamado
“Doctor apostólico” por el papa Juan XXIII.
[3] San Lorenzo de Brindisi (Doctor apostólico),
Marial, María de Nazaret, “Virgen de la plenitud”, Madrid,
Biblioteca de Autores Cristianos, 2004, p. 645.