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FE, CONVERSIÓN Y SEGUIMIENTO,
CONDICIONES PARA ENTRAR AL REINO DE DIOS

 

La palabra del Señor nos habla de la instauración del Reino de Dios.  Hay que meternos a pensar en aquel tiempo, porque ahorita casi no hay reinados y por lo tanto al hablarles Jesús del Reino, lo entendían perfectamente, entonces les decía: “Crean y Conviértanse porque el Reino de Dios está cerca”.


¿Qué significa este reino?

El hombre por el pecado, pertenecía al reino del mal, como dice san Juan “al reino de las tinieblas”. En cambio, viene Jesús y el instaura el Reino de la Luz, de Dios, por lo que así como un pueblo, le pertenecía a un rey y nosotros pueblo de Dios, le pertenecemos a Dios. Por eso, se habla del Reino de Dios.

Pero el Evangelio también nos presenta unas condiciones para entrar a ese reino y vienen siendo estos tres aspectos que me parecen fundamentales y que tenemos que ir viviendo: la Fe, la Conversión y el Seguimiento.

Para entrar al Reino de Dios, es necesario la Fe, así tal cual creer en Dios, pues si no crees en el Señor, ¿Cómo vas a entrar al Reino?

Creer es aceptar, porque muchas veces se piensa que creer es entender y no es así.

Haber digan señores si entienden a su mujer, empezando por ahí, no la entienden pero creen en ella. Señoras entienden a su marido, no los entienden verdad y sin embargo, les creen y los quieren.

Por tanto, creer es aceptar, creer en Dios es aceptarlo, es querer que Dios esté en ti. Esa es la Fe, aceptar lo que Dios es y lo que Dios me dice, por eso para entrar al reino, el primer elemento es la Fe y esa es la razón por la que Jesús pide a su pueblo “Crean en el Evangelio”, es decir, en la buena noticia de que Dios es tu Padre, que te ama y que eres hijo.

Ah, que gran noticia nos viene a dar, de que el nos viene a liberar a rescatar de ese reino del pecado, para insertarnos en el reino de la vida, no de la muerte; en el reino de la luz, no de la oscuridad.  Por eso el primer elemento es aceptar a Dios, creer en Dios.

El segundo, es Convertirnos, conviértanse, porque creer en Dios y vivir en el pecado, son dos aspectos que no se llevan, cómo vas a decir que aceptas a Dios en tu corazón y vives en el pecado.

Haber mujeres, puede estar la basura y la limpieza en tu casa, no verdad o está sucio o limpio, pues es lo mismo está Dios o está el pecado. Si está Dios, entonces tenemos que convertirnos, es decir, dejar el pecado. Si digo que creo en Dios, acepto y creo en él, no puedo seguir en el pecado, por eso es necesario arrepentirnos y buscarlo a él.

Otra cosa es que caigamos en el pecado, porque somos débiles, fácilmente caemos pero hay que levantarnos, hay que volver a pedir perdón y aceptar, esto es convertirnos a Él.

El tercer elemento, es el Seguimiento, que dice Jesús, va en la barca, va en la ribera y ve a Pedro y Andrés y que les dice: “Vengan síganme y los haré pescadores de hombres”, y dejando todo lo siguieron, lo mismo le dijo a Juan y Santiago.

La vida en Cristo, es un seguimiento, es seguir a Jesús, esto nos lo va enseñando Marcos y San Juan nos lo muestra también, cuando le pregunta a Jesús: “Maestro dónde moras, donde vives” y él responde “Vengan y lo Verán”.

Que importante es seguir a Jesús, estar con Él, seguir a Jesús es imitarlo, es aprender de él, pero aquí también hay una condición, es dejarlo todo. ¿Dejar al marido e irse a predicar? Una vez una señora le comentó a un sacerdote, sabe que me voy a África a predicar y voy a dejar a mi esposo y a mis hijos, porque  Dios me pide que vaya a evangelizar. Mi respuesta fue: estás equivocada, mi hijita, porque primero Dios te mandó para que atendieras a tu marido y a tus hijos. Lo primero es que cumplas como esposa y como madre.

Entonces ¿cómo está esto de dejarlo todo?  nos dice que no hay nada, ni persona o acontecimiento que se anteponga a Cristo, así tal cual no hay persona ni cosa que se anteponga al amor de Cristo.

 

¿Cuál es el primer mandamiento? 

Amarás a Dios, sobre todas las cosas y eso no se contradice con el amor a tu esposo o esposa, porque el primer amor debe ser a Dios. Dejarlo todo, quiere decir que no nos debe de obstruir nada y no sólo a los obispos, sacerdotes, religiosos o religiosas, sino a todo cristiano, que quiera pertenecer al Reino.

Entonces, ¿Cómo voy a amar a mi esposo y a mis hijos”, muy fácil, ¿amas más a tus hijos y a tu esposo, más que a Dios, verdad que no, Dios nos ama mejor que tu y si amas a Dios, el te va a enseñar a querer a tu esposa, esposo, hijos a tus hermanos, vas a amar con el corazón de Dios.

Los amarás como Dios ama, los servirás como Dios sirve y vivirás de las cosas, como Dios nos ordena. El que ama al Señor, el que antepone a Dios en su vida, regula toda su existencia conforme a Dios.

Estos tres aspectos nos van adentrando al Reino de Dios, entonces yo les preguntaría, ¿quieren ser del Reino de Dios?, no se les nota, no se les ve tan a gusto, pregúntate si realmente quieres pertenecer al reino de Dios o quieres seguir en el engaño, en la falsedad, en la mentira, en la falsa ilusión, pregúntate y si quieres entrar al Reino de Dios, entonces toma en cuenta las tres condiciones: Fe, Conversión y Seguimiento.

 


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