“En este mundo existen sólo dos tragedias. Una es
no lograr lo que uno quiere, y la otra es lograrlo”
Muchos seres humanos han logrado más éxito del
que habían imaginado que fuera posible, pero paradójicamente en la
cumbre del éxito encuentran que se hallan profundamente
insatisfechos; lo que se conoce actualmente como “el dulce
veneno de un falso infinito”.
Quisiera que reflexionemos acerca de cómo
realizar nuestras metas en el año nuevo y también cómo evitar
arruinar todo en solo un momento.
Podemos poner como ejemplo de alcanzar algo y
arruinarlo luego el caso de muchos hombres que al lograr alcanzar la
cima en logros económicos, pierden su familia, incluso a veces en
poco tiempo pierden su capital, su prestigio y reputación tras
alguna jovenzuela simpática.
Hay varios casos de deportistas, modelos y
músicos que logrando lo más alto del éxito pierden todo por meterse
en la droga, algunos llegando incluso al suicidio.
Creo que el mismo peligro puede existir en
cualquier área de la vida. Como teólogos y pastores debemos cuidar
que no ocurra lo mismo en nuestras áreas de influencia (familia,
iglesia, el mundo).
No hay nada de malo en esforzarse y lograr todos
los éxitos posibles en nuestro ministerio. Pero hay un tremendo
peligro cuando esto se vuelve el todo de la vida, pues si uno logra
todo, de repente uno puede encontrar como el rey Salomón, el rey más
sabio que existió sobre la tierra, que en uno de sus escritos señaló:
“Vanidad de vanidades, todo es vanidad. Todo es absurdo; ¡es como
correr tras el viento!”
Los estudiosos del tema señalan que el consumismo
ha vuelto la vida del hombre cada vez con menos sentido. Querer más
y más… Me pregunto a donde estamos yendo dándoles a los niños y
jóvenes la impresión de que teniendo…”éxito ministerial” y
“prosperidad material”, lo tenemos “TODO”
La vida del ser humano en general está
constituida por tres componentes. El componente vocacional: la
profesión o ministerio de una persona. El componente relacional: la
interrelación con otras personas y El componente de la interioridad
: la relación con Dios y consigo mismo (orar, meditar, reflexionar,
autoevaluarse, autocrítica, etc.).
Propongo una hipótesis que abría que estudiarla
con mayor detenimiento: Tal vez el éxito vocacional (carrera,
negocios, cuentas bancarias, prestigio en la iglesia y en el mundo,
etc.) está siendo tan preponderante en muchos, que se está dejando
de lado los otros dos componentes.
Creo que el verdadero éxito personal se basa más
en el componente relacional y en la interioridad. Trataré de
explicarme:
El tener una relación genuina, basada en el amor
y el compromiso, con personas significativas (especialmente los
lazos familiares) se está perdiendo más y más, y aún en las familias
de los “mejores ministros”. Hoy en día las relaciones son
generalmente huecas y vacías.
No hay tiempo para la esposa ni los hijos. Las
amistades son mayormente basadas en lazos de la conveniencia. Las
realizaciones sin relaciones están vacías. Demasiado tarde
comprendemos que el éxito sin alguien con quien compartirlo, no es
éxito.
El otro componente, el de la interioridad y la
intimidad con Dios y con uno mismo es prácticamente dejado de lado.
Se agotan las energías mentales tras el “éxito”. No hay tiempo para
meditar, para reflexionar, para pensar, para analizarse a uno mismo.
Los momentos de interioridad son los que dan verdadero sentido y
significado a la vida. Allí es donde uno aprecia y valora las
pequeñas cosas.
Demasiado tiempo y energía a veces se invierte en
el sector vocacional, y esto lleva inevitablemente a un trágico
descuido de las demás facetas de la existencia. No estoy proponiendo
dejar de trabajar o dejar de tener logros ministeriales. Solo digo
que si equilibráramos las balanzas de nuestras vidas, tal vez
encontremos más sentido a nuestra existencia.