Parróquia La Santa Cruz
Col. Tara, San Pedro Sula,  Honduras, Tel. (504) 551-3290

InicioQuienes SomosNoticiasLecturas del DíaBibliaLiturgia de las HorasSanto RosarioOracionesReflexionesPastoralesDocumentosNuestra FeTemas de ActualidadComunidadesLiturgiaContactosEnlaces
Pastoral de Comunicaciones, Todos los Derechos Reservados, © 2008

CLONACION

 

4- Clonación

En un sentido amplio, por clonación entendemos la generación de una entidad biológica idéntica a otra entidad: en el caso que nos ocupa nos referimos a la clonación de seres vivos y, más concretamente, de seres humanos: es decir, a la obtención de seres humanos genéticamente idénticos a un ser humano ya existente.
Esto se puede lograr básicamente de dos modos:

- Clonación por gemelación ("paraclonación"): la forma más simple de clonar un ser vivo consiste en disgregar las células de la masa interna del blastocisto (es decir, del embrión en un estadio inicial de desarrollo) de modo que cada una de las células dé lugar a un embrión distinto (como ya hemos comentado antes, este es el proceso por el que tiene lugar la gemelación natural).

- Clonación por transferencia de núcleo: el otro modo de clonar seres humanos consiste en tomar el núcleo de una célula de un organismo y transferirlo al interior de un óvulo al que previamente se le ha extraído el núcleo; a continuación se estimula el óvulo para que empiece a dividirse como si hubiera sido fecundado, de modo que se organiza y se desarrolla como cualquier otro embrión.

Hoy por hoy, la clonación humana no es técnicamente posible (o no lo es de un modo suficientemente eficaz como para poderla plantear como alternativa terapéutica aplicable en la práctica); en cualquier caso, vuelvo a insistir en que, las barreras técnicas, se superan con tiempo e inversión económica; lo que nunca se podrá eliminar es la barrera ética: la clonación supone, igual que la utilización de embriones humanos producidos por fecundación in vitro, la destrucción de un ser humano; además, en este caso, el embrión humano es generado con la finalidad de ser utilizado y para ser destruido;

Por último, cabe añadir que la clonación presenta algún agravante ético "extra" en comparación a la destrucción y manipulación de embriones producidos in vitro: en el caso de la clonación se está utilizando un tipo de reproducción que no es el propio de la especie humana: la clonación no implica la fusión de dos gametos procedentes de dos organismos distintos (reproducción sexual) sino la generación de un nuevo ser humano a partir de células adultas de una única persona: se trata de un tipo de reproducción asexual, propia de las bacterias, los protozoos y otros muchos organismos filogenéticamente más primitivos y mucho menos evolucionados (aunque no por ello menos adaptados a su entorno) que los seres humanos. En este sentido, la clonación no sólo es reprobable desde el punto de vista de la defensa de la dignidad de la persona humana, sino también desde la perspectiva ecologista de defender y respetar la naturaleza y el orden natural preestablecido.

Hoy por hoy, la clonación humana se intenta llevar a cabo en plan experimental; el caso es que para lograr una clonación, es necesario disponer y utilizar gran cantidad de óvulos (por una cuestión de imperfección de la técnica) y no es factible disponer del número de óvulos humanos necesario (procedentes de donantes voluntarias que deben someterse a serios procedimientos no exentos de riesgos e incomodidades y que, además, no son recompensados).

Para solventar este problema, se intenta clonar núcleos humanos sobre óvulos murinos (de ratón), de vaca, de cerdo y otros animales. Con estas aberrantes prácticas, no sólo se atenta contra la dignidad del ser humano clonado (es decir, con el nuevo embrión producto de la clonación) sino contra toda la humanidad, al manipular el patrimonio genético de la especie humana; esos productos de la clonación... ¿son humanos? ¿son ratones? ¿son híbridos humano-ratón? Amparándose en esta ambigüedad, los científicos que realizan o defienden estas prácticas alegan que no se puede considerar el producto de esta manipulación como algo propiamente humano, de modo que su destrucción no supone un atentado contra la dignidad de la persona. Otra alternativa para intentar solventar el problema de la escasez de óvulos propone extraer los óvulos de los ovarios de las niñas que han sido abortadas: espero que, al imaginar esta inaceptable, irreverente y atroz manipulación, el lector se haya estremecido tanto o más que yo; personalmente, este tipo de cosas causan en mí una enorme repugnancia y una profunda tristeza.

5- Conclusión

Por todos estos motivos (éticos, prácticos, técnicos, médicos,...) es infinitamente más recomendable el uso de células madre de adulto como fuente de células pluripotenciales que la manipulación de embriones.

Quizás el lector se pregunte cuales son las ventajas de las células madre procedentes de embriones. Bien: estas células están programadas para dar lugar a organismos completos: por lo tanto, presentan una "inercia" a dividirse y diferenciarse en todos los tipos celulares mucho mayor que las células madre procedentes de adulto. En este sentido, parece ser que resulta más sencillo reprogramar células embrionarias que células madre de adulto. Esta ventaja es relativa, puesto que el reprogramar las células madre de adulto no es imposible ni tampoco mucho más difícil que el lograr la diferenciación de las células embrionarias en el tipo celular deseado. A la par, esta discreta ventaja se salda con un grave inconveniente, fruto de esa misma elevada capacidad para dividirse: se trata de la tendencia a acabar generando tumores malignos.

Otra ventaja (que, más que conocer con certeza, intuyo) es de índole económica: imagino que el poder disponer de los embriones congelados o poder generar embriones por fecundación in vitro para este fin proporciona una inagotable y casi gratuita fuente de células madre humanas toti, pluri y multipotenciales con las que investigar sin límite; además, estas células no pertenecen a nadie en particular, ya que el donante fue destruido precisamente al obtenerlas y los padres biológicos de ese embrión, muy probablemente ni siquiera estén al corriente del uso que se está haciendo de sus gametos y de unos hijos que ni tan sólo saben que han procreado. Es obvio que el poder disponer de estas células sin restricciones supone grandes ventajas desde le punto de vista económico.

En resumen: si obviamos los posibles beneficios económicos, el uso de embriones y la práctica de la clonación, no suponen ventajas (respecto las células madre procedentes de adulto) que justifiquen su aplicación en medicina reparadora, ni si quiera desde una perspectiva meramente práctica o utilitarista.
Es innegable que, desde un punto de vista exclusivamente práctico o técnico, tanto el uso de células madre procedentes de embriones como las procedentes de adulto, presentan ventajas e inconvenientes.

Es arriesgado e imprudente hacer predicciones sobre las futuras conquistas de la ciencia, pero a pesar de ello, me atrevo a manifestar mi previsión: creo que tanto las dificultades o inconvenientes que presentan el uso de embriones como la aplicación de células madre de adulto, pueden ser superadas y controladas a medida que avancen los conocimientos científicos y la tecnología.

Vuelvo a repetir que sólo es cuestión de tiempo y dinero el que tanto una vía de obtención de células madre como la otra se perfeccionen lo suficiente como para ser, ambas, una alternativa técnicamente factible y médicamente eficaz y fiable (aunque, por supuesto, nunca exenta de riesgos, efectos secundarios y fracasos) para tratar enfermedades degenerativas.

Lo que debe hacernos decantar por la utilización de uno u otro tipo de células no son cuestiones prácticas sino éticas: es lícito utilizar células madre procedentes de adulto; pero, por muy noble que sea el fin perseguido, es inaceptable la producción, manipulación y destrucción de seres humanos.

Pero por ahora, incluso las ventajas médicas y técnicas hablan a favor de las células madre procedentes de adulto. De todos modos, no quiero darle demasiada importancia a este hecho, porque lo que hace preferible el uso de estas células no es su superior eficacia, sino la total ilicitud ética que supone la utilización de los embriones humanos.

Si el único modo de obtener células madre aplicables al campo de la medicina reparadora fuera a partir de embriones, tampoco en ese caso sería lícita su utilización, a pesar de ser muchísimos los enfermos que se podrían beneficiar de estas estrategias terapéuticas.

En el fondo de estos dilemas subyacen dos cuestiones importantes: la primera es de carácter antropológico: ¿qué se entiende por persona humana?, ¿cuáles son los principios éticos fundamentales que nos permiten establecer los derechos humanos universales?; la segunda, es una cuestión más bien práctica: ¿qué se debe hacer con los miles (o millones) de embriones congelados almacenados en las clínicas de fecundación asistida?
 

Para poder justificar la utilización de embriones y la producción de los mismos para fines distintos de la reproducción, sería necesario o bien negar que el embrión sea realmente un ser humano (cosa que resulta bastante difícil de justificar a la luz de los conocimientos biológicos actuales), o bien admitir la licitud de someter determinadas personas a la voluntad de otros o ponerlas al servicio de las necesidades de terceros, con las consecuencias que ello conlleva.

Pero discutir todas estas cuestiones llevaría varios artículos y no es el objetivo del presente, de modo que dejo estos planteamientos en el aire para que el lector reflexione por sí mismo (si es que no lo ha hecho ya) acerca de ellos, a la luz de los cuatro conceptos de biología que he pretendido aclarar y de la escueta información sobre el estado actual de los conocimientos sobre células madre (espero que, a pesar de no haber aportado muchos detalles, lo expuesto sea suficiente como para guiar o incentivar esta reflexión).

Antes de concluir, plantearé una última cuestión: en el caso de que, dentro de unos años, la medicina reparadora basada en el uso de células madre procedentes de embriones (clonados o no) sea una realidad clínicamente aplicable,... ¿cómo oponerse a que el propio hijo, padre, madre, hermano, esposo, esposa o cualquier otro ser querido sea tratado con estos procedimientos de una enfermedad de otro modo incurable e incluso mortal? ¿No estaríamos ante una situación de chantaje emocional? ¿Sería lícito ofrecer a los pacientes semejantes opciones terapéuticas?

Este interrogante no es nuevo: basta pensar en el caso de las donaciones de órganos: por muy necesitada que esté una persona, bajo riesgo de muerte inminente, de un transplante de corazón, no sería aceptable que ese corazón procediera de un pobre padre de familia de la India que, como única vía para salvar a su familia de morir de inanición, no sólo habría renunciado a un puñado de células suyas, sino que habría sacrificado su propia vida a cambio de una mísera suma de dinero.

Supongo que habrá personas capaces de aceptar un órgano de semejante procedencia aún sabiéndolo; pero ni la Medicina ni la Ley pueden permitir que semejantes situaciones lleguen a ser posibles. En el caso de la utilización de embriones con fines terapéuticos, nos encontramos ante una situación equivalente y el modo de enfocar el tema desde la ética médica y la jurisprudencia, debería ser el mismo.

 


[INICIO]
   [QUIENES SOMOS]   [NOTICIAS]   [LECTURAS]   [ BIBLIA]   [LITURGIA DE LAS HORAS]
[SANTO ROSARIO]   [ORACIONES]   [REFLEXIONES]   [PASTORALES]    [DOCUMENTOS]
[NUESTRA FE]   [TEMAS DE ACTUALIDAD]   [COMUNIDADES]   [LITURGIA]   [CONTACTOS]   [ENLACES]