Hoy día la definición de lo que es una familia ha
cambiado a tal grado que existe una confusión. Antes todos aceptaban
que la familia era formada por papá, mamá y los hijos, ahora ya no.
La familia es más que un concepto. La familia es
una institución creada por Dios. La familia es el núcleo básico de
la sociedad. Por lo tanto, como va el hogar va la sociedad.
Es en la familia donde se nos enseñan nuestras
primeras lecciones de interacción social, así como los principios se
urbanidad y las normas de cortesía fundamentales, se nos instruye
para decir; "por favor" y "gracias", hasta expresar amor y respeto
por los seres humanos. En este contexto, recibimos los fundamentos
morales necesarios para distinguir lo correcto de lo incorrecto. Sin
embargo, la mayoría de las lecciones más importantes, las que tienen
más influencia sobre nuestro desarrollo, se absorben
inconscientemente de la convivencia espontánea con nuestros seres
queridos.
Destacan entre ellas las formas mediante las que
nuestros padres se comportan entre sí y su forma de tratarnos, cada
día observamos diversas pautas de comportamiento, como la forma de
expresar amor y enojo por parte de los miembros de la familia, o
cómo se salen con la suya, o si sus necesidades se satisfacen o no.
Todas estas lecciones forman parte integral de nuestra propia forma
de comportarnos.
Los especialistas en psicología dividen las
familias en dos grandes tipos: Las funcionales son aquellas en las
que sus miembros se muestran seguros acerca de quienes son, tienen
una auto-imagen positiva, y se comunican libremente.
Las "disfuncionales" se componen de personas
habitualmente autolimitadas, cuyas personalidades parecen inhibidas,
empequeñecidas o subdesarrolladas, en estas familias, la
comunicación suele ser deficiente, inexistente o se expresa mediante
comportamientos destructivos o incluso violentos.
También es cierto que una familia puede ser
funcional o disfuncional en diversos grados.
FAMILIA
DISFUNCIONAL
Muchas veces hemos escuchado la frase "familia
disfuncional", pero ¿qué significa? Y, ¿cómo podemos saber si somos
parte de una familia disfuncional? La palabra disfuncional ha sido
tomada directamente del inglés disfunctional. Sin duda que hubiera
sido más sencillo usar otra palabra como "inoperante" o "anómala".
Con todo, por disfuncional se entiende que es algo que no funciona,
o su funcionamiento es muy limitado y anormal.
Así sucede con una familia disfuncional. Viven
bajo el mismo techo; entran y salen por la misma puerta, y todos,
pasiva o activamente, contribuyen a que la infraestructura familiar
se llene de termitas emocionales y sicológicas que la van
desgastando y debilitando, dirigiéndola indefectiblemente a un
colapso total. Necesitamos saber si nuestras actitudes y aportes
dentro del seno del hogar están contribuyendo a la solidez y salud
de la familia o si, a pesar de nuestras mejores intenciones, estamos
robándole su vigor y negándole, por nuestras acciones, el éxito que
tanto le deseamos.
El licenciado Orlando Contreras, experto
consejero familiar que lleva años estudiando el fenómeno de la
familia disfuncional, dice que la característica más sobresaliente
de una familia disfuncional es la presencia de una situación crónica
de dependencia y co-dependencia. El dependiente es el que
activamente practica algún mal hábito y el co-dependiente es el que,
creyendo querer rescatar al dependiente, con su conducta más bien
prolonga y agrava el problema.
Se trata, entonces, de una relación parasitaria
en la que uno de los dos componentes se alimenta de los esfuerzos
emocionales y físicos del otro. Suele suceder que esta relación
tiende a prolongarse por años, llegando al punto que los que la
componen se habitúan a vivir así, creyéndola normal. Y cuando se
rompe, el partido fuerte de esta relación inconsciente sale a buscar
a alguien a quien pueda seguir usando como un par de muletas. Por su
parte, la persona que se presta a ser muleta (la única modalidad que
conoce), se siente feliz cuando encuentra a alguien a quien servir,
aún cuando se trate de circunstancias muy adversas.
Veamos el caso de una pareja disfuncional en la
cual se manifiesta el problema del alcoholismo. El co-dependiente,
aunque no bebe, contribuye de varias formas inoperantes; por ejemplo,
cuando le provee dinero al dependiente sabiendo que lo va a gastar
en licor. Esta relación disfuncional se deteriora hasta el punto en
que el co-dependiente llega a justificar la conducta del dependiente,
echándole toda la culpa al alcohol. Es común escuchar del co-dependiente
palabras como éstas: "Él no es así. Es el dichoso alcohol que lo
transforma". Culpando al alcohol de todo, prácticamente exonera a su
cónyuge de las ofensas, de los gritos, las amenazas, los golpes y el
escándalo que éste le ha ocasionado.
Con el tiempo, el temor se va apoderando del co-dependiente
o víctima en esta relación. En algunos casos, por el abuso físico
que el alcohólico amenaza con propinarle; en otros, por el temor a
que otros se enteren de esta tragedia familiar, rehusándose a creer
que el problema ya es conocido por todos. También teme que el
victimario pierda el trabajo, aunque la realidad es que lo va a
perder tarde o temprano. Se llena de terror al pensar en una
separación que la deje sin techo y sin alimentos.
Démosle una mirada desde adentro a la familia
disfuncional que venimos describiendo. Miremos sus componentes, que
como ruedas sobre fango, no hacen más que contribuir a un mayor
hundimiento disfuncional.
1. Empecemos con el co-dependiente, que por lo
general es la madre. Ésta vive en un estado de tensión y pavor. Le
toca servir como un amortiguador entre el victimario y sus hijos.
2. El dependiente sigue manipulando y prometiendo
una recuperación que nunca llega. Convence a su pareja y la llena de
esperanza, prometiéndole que todo va a cambiar. Promesas que siempre
resultan vanas. Lo más triste es que, con frecuencia, el alcohólico
(el dependiente en este caso) hace creer a su esposa que ella tiene
la culpa de su alcoholismo, queriendo así invertir el orden de los
valores. 3. Otro actor en este triste drama de la familia
disfuncional es lo que llamaremos el hijo héroe. Es el que se
sacrifica, que deja de estudiar y trabaja dos turnos para ver si
puede sacar a sus padres de la calamidad en que se encuentran.
4. El hijo bueno: Es el que también se sacrifica,
renuncia a la idea de casarse, trabaja, y estudia para obtener una
profesión lucrativa que le permita sostener a sus padres. Es el que
cumple con todos los compromisos, sabe cómo van las cuentas de sus
padres, y las mantiene al día.
5. El hijo perdido: Es el que no hace ruido en la
casa. Llega de la escuela y nadie se percata de ello. Se encierra en
su cuarto a llorar. Y cuando escucha los golpes con que su padre
castiga a su madre, se pone los audífonos y se aísla escuchando
música.
6. El hijo payaso: Es el que de alguna manera se
las ingenia para tener una pequeña fiesta en la casa y así darle
algo de felicidad a su familia.
7. La oveja negra: Es el que sin tener una
inclinación natural a la mala conducta se involucra en problemas con
la sociedad y la justicia. Esa es una forma de revelarse contra lo
que pasa en su casa; está enojado con su padre por lo que le hace a
su madre y está enojado con su madre, por permitir tanto abuso sin
darse su lugar.
Cuando llega un co-dependiente a buscar terapia
profesional, lo hace pensando en cómo ayudar al victimario. Es muy
conocida la frase: "... Quiero que me ayuden a cambiar a mi esposo
porque bebe demasiado y no hace nada por dejar el vicio...
Sin embargo, la verdad es que todos los miembros
de una familia disfuncional necesitan terapia, empezando por la
madre, para que inspire confianza a sus hijos y así pueda internar a
su esposo en un lugar especializado para desintoxicarlo. No sólo el
alcohol o las drogas causan disfuncionalidad, también la causan el
excesivo control, el autoritarismo, la apatía, la inactividad, etc.
Familia sana
vrs familia disfuncional
Aunque todas las familias experimentan problemas,
es el manejo del conflicto de la infelicidad y de la tensión lo que
constituye una gran diferencia entre una familia sana y otra
disfuncional.
Los problemas pueden surgir por temas
relacionados con el trabajo, por los reveses económicos o por el
traslado familiar, todo lo cual ejerce influencias "externas". Otros
problemas más graves pueden incluir dificultades sexuales entre la
pareja, la confusión de los adolescentes, los problemas psicológicos
de un miembro de la familia, la mala salud, el envejecimiento o la
muerte.
A la vista de tales vicisitudes, crear una
familia bien equilibrada y feliz depende de una comunicación honesta
y abierta. Una familia sana no ignora un problema cuando surge y es
consciente de cualquier sentimiento expresado o conflicto no
resuelto.
Cuando se producen discusiones, diferencias y
problemas en una familia y cada miembro escucha a los demás
respetuosamente, existe la libertad de disentir y se provee un
ambiente de respeto en la búsqueda de la solución, los más jóvenes
de la familia son capaces de crecer integralmente para convertirse
en adultos seguros de sí mismos, con capacidad para expresar sus
sentimientos, pensamientos y habilidades, y son generalmente
optimistas acerca de la vida y resistentes frente a las decepciones.
Si una familia bien adaptada se define como
aquella en la que sus miembros disfrutan de salud física, mental,
emocional y espiritual, la familia disfuncional se reconoce por las
características opuestas. Mientras que una familia sana es capaz de
crear un ambiente seguro y estable, mediante el empleo de una
variedad de estrategias de comportamiento, la familia disfuncional
muestra pautas de comportamiento rígidas o incuestionables.
La ausencia de espontaneidad y calor humano, a
parte de otros problemas más evidentes como el alcoholismo, la
drogadicción y la vagancia, puede atrapar a los padres y a los hijos
en el temor, la cólera, la búsqueda de chivos expiatorios o el
derrotismo.
Aunque no existe un modelo absoluto de familia
feliz y exitosa, hay ciertos principios y actitudes que identifican
a todas las familias bien cohesionadas.
Lo fundamental es la aportación de un ambiente
hogareño seguro en el que puedan expresarse abiertamente los
sentimientos y opiniones, y donde los individuos sepan que no
necesitan temer a la intimidación o al ridículo. También es esencial
el respeto por la individualidad de cada miembro de la familia, y el
que cada uno desarrolle sus talentos particulares. Pero ante todo
que exista el verdadero amor, que implica, aceptación y valoración.