Los Reformadores Protestantes decían que la
Biblia es la única fuente de las verdades de la fe, y que para
entender su mensaje había tan solo que leer las palabras del texto.
Es lo que se llama la teoría protestante de la sola scriptura, o en
español "solamente la Biblia". Según esta teoría, ninguna autoridad
no bíblica puede imponer una interpretación, y ninguna institución
extrabíblica -por ejemplo la Iglesia- ha sido establecida por
Jesucristo para hacer las veces de árbitro en caso de conflictos de
interpretación.
Como buenos herederos de los Reformadores, las
sectas fundamentalistas trabajan sobre la base de esta teoría, y no
pierden oportunidad para sacar a relucir su principio, que por otro
lado parecería ser su arma mas efectiva, algo que ellos aceptan como
el fundamento indiscutible de sus puntos de vista.
Sin embargo, no hay cosa más difícil en el
diálogo con los fundamentalistas que querer hacerlos demostrar
porqué creen ellos en el principio de que la Biblia solamente,
separada de toda otra fuente de autoridad, sea suficiente en
cuestiones de fe. La cuestión se reduce a saber cuál es el motivo
que un Fundamentalista tiene para creer que la Biblia es un libro
inspirado, pues es obvio que ella puede tomarse como regla de fe
solamente en el caso que pueda ser comprobada su inspiración, y por
ende su inerrancia.
Claro que se trata de una cuestión que no
preocupa demasiado a la mayoría de los cristianos, y ciertamente son
pocos los que le ha brindado atención alguna vez. En general se cree
en la Biblia porque es el libro aceptado por todos los cristianos,
cuya autoridad no se discute; aún vivimos en tiempos en los que los
principios cristianos influyen en la cultura y en el medio en el que
vive la mayoría de la gente.
Un cristiano tibio que no daría ni la más mínima
credibilidad al Corán, pensaría dos veces antes de hablar mal de la
Biblia, ya que esta goza de cierto prestigio, aún cuando no pueda
explicarla ni entenderla demasiado. Podría decirse que esa persona
acepta la Biblia como inspirada -cualquiera sea su entendimiento de
la inspiración- por razones de tipo cultural, razones que, sin duda,
son de escaso o ningún valor, ya que por las mismas razones el Corán
debería ser tenido como inspirado en países de cultura musulmana.
"Para mí es motivo suficiente"
Dígase lo mismo ante quien sostiene que la
familia en la que uno vino al mundo siempre tuvo la Biblia como
libro inspirado, y "para mí eso basta". Sería un buen motivo
solamente para aquel que no pueda hacer un trabajo de reflexión
serio, y no debemos nunca despreciar una fe sencilla, sostenida
sobre fundamentos más bien débiles. Pero sea como sea, la mera
costumbre familiar o local no puede establecerse como la base para
creer en la inspiración divina de la Sagrada Escritura.
Algunos sectarios dicen que la Biblia es un libro
inspirado porque "es un libro que inspira". Pero la palabra
inspiración es precisamente lo que se quiere probar, y tengamos en
cuenta que hay muchos escritos religiosos y muy antiguos que
ciertamente son mas "inspirados" o "emotivos" que muchos textos,
incluso libros enteros, del Antiguo Testamento. No es falta de
respeto afirmar que ciertas partes de los escritos sagrados son tan
áridos como lo serían estadísticas militares; ¡y algunas partes de
la Biblia (Antiguo Testamento) son eso, estadísticas militares!
Por ello concluyamos que no es suficiente creer
en la Sagrada Escritura por motivos culturales o por costumbre, ni
tampoco por sus textos emotivos o su belleza espiritual: hay otros
libros, alguno totalmente seculares, que sobrepasan en belleza
poética muchos pasajes de la Escritura.
¿Qué dice la Biblia de sí misma?
¿Y qué decir de lo que la misma Biblia enseña
sobre su inspiración? Notemos que son muy pocos los pasajes donde la
Biblia misma enseña su inspiración, aunque sea de modo indirecto, y
la mayoría de los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento no dicen
absolutamente nada sobre su inspiración. De hecho ningún autor de
los libros del Nuevo Testamento dice estar escribiendo bajo el
impulso del Espíritu Santo, excepto San Juan al escribir el
Apocalipsis.
Además, en el supuesto caso de que cada libro de
la Biblia comenzase con la frase: "Este libro es inspirado por
Dios", semejante frase no probaría nada: el Corán dice estar
inspirado, el Libro del Mormón, varios libros de algunas religiones
orientales. Es más, lo libros de Mary Baker Eddy, la fundadora de la
Ciencia Cristiana, y de Ellen G.White, fundadora del Adventismo del
Séptimo Día se auto-declaran inspirados. Se puede concluir, con
bastante sentido común, que el hecho de que un escrito se atribuya
cualidades de inspiración divina no quiere decir que así lo sea.
Al fallar estos argumentos, muchos
fundamentalistas retroceden y nos afirman que "el Espíritu Santo me
dice claramente que la Biblia es inspirada", una noción bastante
subjetiva, por decir lo menos, muy afín con aquella otra, tan común
entre los sectarios, de que "el Espíritu Santo los guía para
interpretar las Escrituras". Y así, el autor anónimo del artículo "Cómo
puedo entender la Biblia", un folleto distribuido por la
organización evangélica "Radio Bible Class" enlista doce reglas para
estudiar la Biblia. La primera es "Busca la ayuda del Espíritu
Santo. El Espíritu fue dado para iluminar las Escrituras y hacerlas
revivir para ti cuando la estudies: deja que te guíe".
Si con esta regla se entiende que cualquier
persona que pida a Dios guía para interpretar la Biblia recibirá esa
guía de lo alto -y en este sentido lo entienden la mayoría de los
fundamentalistas- entonces la multiplicidad de interpretaciones
contrarias y contradictorias, aún entre los mismos Fundamentalistas,
daría la preocupante sensación de que el Espíritu Santo no ha estado
haciendo bien su trabajo...
No con silogismos
Gran parte de los fundamentalistas no dicen
directamente que el Espíritu Santo les habló, asegurándoles que la
Biblia es un libro inspirado. Al menos no hablan de ese modo. Más
bien sucede así: al leer la Biblia el Espíritu "los convence" que
esa es la Palabra de Dios, reciben cierta sensación interior de que
es una palabra divina, y punto.
De cualquier modo que se lo vea, la postura
fundamentalista no resiste un razonamiento serio. Son contados con
los dedos de la mano los fundamentalistas que en un primer momento
se acercan a la Biblia como a un libro "neutral", y luego de su
lectura lo reconocen como tal, siguiendo un razonamiento lógico. De
hecho los fundamentalistas comienzan dando por supuesto el hecho de
la inspiración, tal como toman otras doctrinas de sus sectas sin
razonar sobre ellas, y entonces encuentran partes de la Sagrada
Escritura que parecen fundamentar la inspiración, cayendo así en un
círculo vicioso, confirmando con la Biblia lo que ellos crían de
antemano.
La persona que quiere reflexionar seriamente
sobre el tema se defraudará con la posición fundamentalista de la
inspiración bíblica, dándose cuenta de que no cuenta con una base
sólida para mantener esa teoría. La posición católica es la única
que, al fin de cuentas, puede dar una respuesta intelectualmente
satisfactoria.
La manera de razonar católica para demostrar que
la Biblia es inspirada es la siguiente: en un primer paso
consideramos la Biblia como cualquier otro libro histórico, sin
presumir que es inspirado. Estudiando el texto bíblico con los
instrumentos de la ciencia moderna llegamos a la conclusión que se
trata de una obra confiable, de gran precisión histórica, cuya
precisión sobrepasa en mucho la de cualquier otro texto histórico.
Un texto preciso
Sir Frederic Kenyon, en The Story of the Bible
hace notar lo siguiente: "Para todas las obras de la antigüedad
clásica nos vemos obligados a acudir a manuscritos escritos mucho
después del original. El autor que lleva la delantera en este
sentido es Virgilio, aún cuando el manuscrito más antiguo que de él
poseemos fue escrito 350 años después de su muerte. Para todas las
demás obras clásicas, el intervalo que existe entre la fecha del
escrito original y la del manuscrito más antiguo que de él se
conserva es mucho mayor: para Livio es de unos 500 años, para
Horacio de 900, para la mayoría de la obras de Platón es de 1300,
para Eurípides 1600". Aún así, nadie pone seriamente en duda el
hecho de que poseemos copias fieles de las obras de estos autores.
No solamente poseemos manuscritos bíblicos más
cercanos a los originales que los de la antigüedad clásica, sino que
poseemos un número mucho mayor que aquellos. Algunos de estos
manuscritos son libros enteros, otros son fragmentos, otros tan sólo
algunas palabras, pero todos ellos juntos suman miles de manuscritos
en hebreo, griego, latín, copto, siríaco y otras lenguas. Todo esto
significa que poseemos un texto rigurosamente fiel, y podemos
trabajar con él con toda confianza.
Tomado históricamente
En un segundo momento dirigimos nuestra atención
a lo que la Biblia, considerada sólo como libro histórico, nos
enseña, particularmente en el Nuevo Testamento y en los Evangelios.
Examinamos el relato de la vida de Jesús, su muerte y su
resurrección.
Usando lo que nos transmiten los Evangelios, lo
que leemos en otros escritos extrabíblicos de los primeros siglos y
lo que nos enseña nuestra propia naturaleza -y lo que de Dios
podemos conocer por la luz de la razón- concluimos que Jesús o bien
era lo que decía lo que era -Dios- o bien estaba loco. (Sabemos que
no pudo haber sido tan solo un buen hombre que no fuese Dios, porque
ningún buen hombre se atribuye el ser Dios, si no lo es).
También podemos excluir que era un loco, no
solamente por lo que él dijo y enseño -ningún loco habló jamas como
lo hizo él, aunque tampoco un hombre cuerdo nunca habló así...-,
sino por lo que sus seguidores hicieron después de su muerte. Un
fraude (la tumba supuestamente vacía) se comprende, pero nadie da la
vida por un fraude, al menos por uno que no tiene ninguna
perspectiva de provecho. En conclusión, debemos afirmar que Jesús
verdaderamente resucitó, y que por lo tanto era Dios, como él decía,
e hizo lo que prometió que iba a hacer.
Otra cosa que él dijo que haría es fundar su
Iglesia, y tanto de la Biblia (tomada aún como simple libro
histórico, no como libro inspirado por Dios) como de otras fuentes
históricas antiguas sabemos que Cristo estableció una Iglesia con
las notas que hoy vemos en la Iglesia Católica: papado, jerarquía,
sacerdocio, sacramentos, autoridad para enseñar y como consecuencia
de esta última, infalibilidad. La Iglesia de Cristo debía gozar de
infalibilidad de enseñanza si iba a cumplir aquello para lo cual
Cristo la fundó.
Hemos tomado materia meramente histórico y hemos
concluido que existe un Iglesia, la Iglesia Católica, protegida por
Espíritu Santo para que pueda enseñar hasta el fin de los tiempos
sin error. Vayamos entonces a la última parte del argumento.
Esa Iglesia nos dice que la Biblia es inspirada,
y podemos confiar en su enseñanza porque se trata de una enseñanza
autorizada, infalible. Sólo después de haber sido enseñados por una
autoridad propiamente constituida por Dios para transmitirnos las
verdades necesarias para nuestra fe, tal como la inspiración de la
Biblia, sólo entonces podemos usar de las Escrituras como de un
libro inspirado.
Un argumento en espiral
Hay que notar que nuestro argumento no cae en un
circulo vicioso: no estamos basando la inspiración de la Biblia en
la infalibilidad de la Iglesia y la infalibilidad de la Iglesia en
la palabra inspirada de la Biblia; eso sería precisamente un circulo
vicioso. Lo que hemos hecho se llama argumento en espiral: por un
lado hemos argumentado sobre la confiabilidad de la Biblia como
texto meramente histórico; de allí sabemos que Jesús fundó una
Iglesia infalible, y sólo entonces tomamos la palabra de esa Iglesia
infalible que nos enseña que la palabra que nos transmite la Biblia
es una palabra inspirada, Palabra de Dios. No se trata de un circulo
cerrado, ya que la conclusión final (la Biblia es la Palabra de
Dios) no es el enunciado del cual partimos (la Biblia es un libro
históricamente confiable), y este enunciado inicial no esta basado
en absoluto en la conclusión final. Lo que hemos demostrado es que,
si excluimos a la Iglesia, no tenemos suficientes motivos para
afirmar que la Biblia es la Palabra de Dios.
Claro que lo que acabamos de discutir no es
precisamente el razonamiento que la gente habitualmente hace al
acercarse a la Biblia, pero es la única manera razonable de hacerlo,
a la hora de preguntarnos porqué creemos en la Biblia. Todo otro
razonamiento es insuficiente; tal vez haya argumentos más cercanos a
la gente desde el punto de vista psicológico, pero estrictamente son
argumentos en el fondo no convincentes. En matemáticas aceptamos "por
fe" (no en el sentido teológico del termino, claro) que dos más dos
son cuatro. Es una verdad que nos parece evidente y satisfactoria
sin demasiados argumentos, pero el que quiera estudiar el
profesorado de matemáticas tendrá que estudiar un semestre entero
tratando de probar esas verdades "obvias".
Razones inadecuadas
El punto aquí es el siguiente: los
fundamentalistas tienen mucha razón en creer que la Biblia es un
libro inspirado por Dios, pero sus razones para creerlo son
inadecuadas, insuficientes, ya que la aceptación de la inspiración
divina de las Escrituras puede basarse satisfactoriamente sólo en
una autoridad establecida por Dios que nos lo asegure, y esa
autoridad es la Iglesia.
Y precisamente aquí llegamos a un problema más
serio: puede parecerle a alguno que mientras yo crea en la Biblia
como en la Palabra de Dios poco importa el motivo por el cual lo
crea: lo importante es que acepto la Biblia como la Palabra de Dios.
Pero el motivo por el cual una persona cree en la Biblia afecta
sustancialmente la manera de interpretar la Biblia. El creyente
católico cree en la Biblia porque la Iglesia así se lo enseña, y esa
misma Iglesia tiene la autoridad de interpretar el texto inspirado.
Los fundamentalistas, por su lado, creen en la Biblia -aunque
basados en argumentos poco convincentes- pero no tienen ninguna otra
autoridad para interpretar el texto bíblico excepto sus propios
puntos de vista.
El Cardenal Newman lo expresaba en 1884 de la
siguiente manera: "Ciertamente que si las revelaciones y enseñanzas
bíblicas del texto sagrado se dirigen a nosotros de una manera
personal y práctica, se hace imperante la presencia formal en medio
de nosotros de un juez y expositor autoritativo de esas revelaciones
y enseñanzas. Es antecedentemente irracional suponer que un libro
tan complejo, tan poco sistemático, en partes tan oscuro, fruto de
tantas mentes tan distintas, lugares y tiempos diferentes, fuésenos
dado desde lo alto sin una autoridad interpretativa del mismo, ya
que no podemos esperar que se interprete a sí mismo. El hecho de que
sea un libro inspirado nos asegura la verdad de su contenido, no la
interpretación del mismo. Como puede el simple lector distinguir lo
que es didáctico de lo que es histórico, lo que es un hecho de lo
que es una visión, lo que alegórico de lo que es literal, lo que es
un recurso idiomático y lo que es gramatical, lo que se enuncia
formalmente de lo que ocurre como al paso, cuales son las
obligaciones que obligan siempre y cuales obligan sólo en
determinadas circunstancias. Los tres últimos siglos han probado
tristemente que en muchos países ha prevalecido la interpretación
privada de las Escrituras. El regalo de la inspiración divina de las
Escrituras requiere como complemento obligatorio el don de la
infalibilidad de su interpretación"
Las ventajas del razonamiento católico son dos:
en primer lugar, la inspiración es estrictamente demostrada, no sólo
"sentida". Segundo, el hecho principal que late detrás de este
razonamiento -la existencia de una Iglesia infalible, docente- nos
conduce como de la mano a dar una respuesta a la pregunta del eunuco
etiope (Hechos 8:31): ¿Cómo sabemos qué interpretaciones del texto
son las correctas? La misma Iglesia que autentica la Biblia, que
establece su inspiración, es la autoridad establecida por Jesucristo
para interpretar su Palabra.