“Los hijos que nos nacen son ricas
bendiciones del Señor”
Salmo 127:3
Bendiciones hay muchas, la luz es una bendición,
el agua es otra, la amistad es una más, la comida, el aire, la vida,
el encanto, los colores y los sabores, las flores y los niños.
Nuestros niños son bendiciones del Señor. A veces
por lo que ellos hacen no los vemos como bendiciones pero lo son.
David tiene dos hijos pequeños de cinco y siete años.
Un día, enseñaba a su hijo de siete a empujar la
podadora de gasolina alrededor del patio. Cuando lo enseñaba como
girar la podadora al final del prado, su esposa Jan lo llamó para
hacerle una pregunta.
Mientras David se volvió para responderla, el
hijo empujó la podadora justamente a través del macizo de flores, al
borde del prado y dejó marcado un sendero de más de medio metro de
ancho.
Cuando David se volvió y vio lo que había
sucedido, empezó a perder el control, pues había dedicado mucho
tiempo y esfuerzo para lograr que esos macizos de flores fueran la
envidia del vecindario.
Cuando empezó a levantar la voz a su hijo, su
esposa se acercó de inmediato, colocó la mano en su hombro y le dijo:
“David, recuerda por favor, criamos niños, no flores”.
La esposa le hizo recordar a David cuán
importante es recordar nuestras prioridades.
Los niños y su autoestima son más importantes que
cualquier objeto que pudieran romper o destruir. El cristal de la
ventana que rompió una pelota de béisbol, la lámpara que derribó un
niño descuidado o el plato que cayó en la cocina ya están rotos.
Las flores ya murieron. Hoy debo recordar no
aumentar la destrucción quebrantando el espíritu del niño y
reprimiendo su energía y vigor. Por que los niños son bendiciones
del Señor.
Cuando sonríe un niño es como si el cielo
sonriera. Cuando llora un niño es como el cielo llorara.
Este es un buen día para volver a disfrutar de
las bendiciones del Señor y esas bendiciones no tengo que buscarlas
lejos de mi hogar, esas bendiciones corren, gritan, rompen vidrios y
quiebran platos, son bendiciones con la cara sucia y el pelo
desgreñado.
Son bendiciones del Señor y hoy quiero gozarme en
esas bendiciones increíbles y llenas de vigor.
Gracias Señor por tus bendiciones. Se que a veces
no he visto a mis niños como bendiciones pero en este día no solo
quiero verlos como bendiciones sino que quiero disfrutar de esas
bendiciones que tienen un precio muy grande. Gracias Señor por ellos.
Amén.