Alvin Plantinga, profesor de filosofía en Notre
Dame University, correctamente afirma que el ateísmo yerra al no
tratar de la misma manera las premisas "Dios existe" y "Dios no
existe". La falacia descansa en afirmar que la ausencia de pruebas
científicas de la primera forzosamente conduce a la conclusión que
la segunda es necesariamente verdad, independientemente de la
evidencia (o falta de ella) que la sustente. Contrario a la creencia
popular, el ateísmo que afirma Richard Dawkins, considerado el más
ilustre ateo de la actualidad, no descansa en evidencia empírica; es
decir, la afirmación de la premisa "Dios no existe" es una
proposición meramente filosófica, no científica.
La posibilidad de probar la existencia de Dios en
un laboratorio es imposible, tanto como lo es probar la no
existencia de Dios en el mismo escenario. Por tanto, el debate de
ideas sobre la existencia de Dios debe darse entendiendo que el
ateísmo descansa en una presuposición filosófica de la misma manera
como el cristianismo lo hace sustentado en premisas teológicas (que
por supuesto emplea elementos filosóficos).
Si bien Dawkins es un prolífico escritor en
biología evolutiva con una preparación académica de primer nivel,
esto no necesariamente lo hace un buen filosofo, mucho menos un
teólogo competente. Por ende, si lo mencionado en los párrafos
anteriores es verdad, entonces las falencias filosóficas y
teológicas de Dawkins deben llevarnos a una seria revisión de sus
argumentos.
Aclaro, que de ninguna manera pretendo excluir la
ciencia como un elemento importante que informa la discusión de
asuntos de orden teológico, simplemente intento recalcar el error de
tratar el tema de Dios bajo el condicionamiento de una metodología
científica que no aplica para un ser que por definición de su
transcendencia "está más allá de los límites de cualquier
conocimiento posible".
Mientras escribo este artículo muchas son las
personas que mueren trágicamente en Colombia, y en medio de la pena
que naturalmente esto acarrea para todos los dolientes valoro las
posibles respuestas que el ateísmo radical y el cristianismo bíblico
podrían proveer: Dawkins simplemente diría que eso fue todo, fin de
la historia, e increparía vehementemente que creer en la vida
después de la muerte no solamente sería absurdo sino peligroso.
Pablo, por otro lado, quizás apuntaría: "¿Acaso no creemos que Jesús
murió y resucitó? Así también Dios resucitará con Jesús a los que
han muerto en unión con él" (1 Tesalonicenses 4:14).
No pretendo de ningún modo apelar a un argumento
emocional; mi intención es, frente a la realidad del sufrimiento,
invitar a una reflexión sobre las respuestas que el ateísmo como el
cristianismo pueden ofrecer con respecto a la dignificación del ser
humano, premisa que ambas posturas afirman defender.
Independientemente de la aceptación o el rechazo
de los argumentos que se exponen en este debate, debemos entender
que la discusión sobre la existencia de Dios no puede ser tomada
como un simple ejercicio académico. Las implicaciones prácticas de
creer o no creer en Dios son cruciales para nuestra actitud frente a
la vida... y la muerte, por supuesto.
Concluyo con una interesante ilustración: Dawkins
ha definido a Dios como un ser "homofóbico, racista, infanticida,
genocida, parricida, pestilente, megalómano, sadomasoquista". A tal
descripción, Plantinga responde diciendo: "Al parecer Dawkins ha
decidido hacer de Dios su enemigo jurado. (Solo esperemos, por el
bien de Dawkins, que Dios no retorne el cumplido)".