Padre: Por lo que he leído, últimamente se estána
haciendo muy frecuentes las apariciones de la Virgen, en diferentes
lugares. Según sus conocimientos ¿Hay aprobación eclesiástica de
apariciones como las Medjugorje, Garabandal y estas a María Valtorta
y otras en Estados Unidos?
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Ninguna de esas apariciones o manifestaciones
privadas tiene "aprobación" oficial pero ninguna tiene "prohibición"
tampoco, por lo menos en el sentido de una condena formal y unívoca
de lo que allí se dice. A la Iglesia le interesan muchas cosas,
cuando se trata de discernir un hecho presumiblemente sobrenatural
que implica un mensaje, pero lo que más le interesa es precisamente
el mensaje, es decir, si está de acuerdo con la fe y la predicación
de la Iglesia. En este sentido, las Manifestaciones que mencionas
tienen todas mensajes que nos invitan a contemplar con mayor
atención y amor el misterio de Cristo, y a dar pasos reales y serios
de conversión y de vida de oración.
En el fondo, no tiene nada de extraño que la
Santísima Virgen acompañe de un modo un poco más "sensible" el
peregrinar del Pueblo de Dios, pues bien sabemos que Ella acompañó a
la Iglesia naciente, sobre todo en el momento clave de la espera y
recepción del Espíritu Santo. No hay razón para pensar que una buena
madre abandone a sus niños, aunque su presencia no siempre tome la
misma forma. María es Madre pero es también Virgen Prudentísima y
Sierva muy discreta del querer divino, de modo que tanto puede
suceder que se "esconda" intercediendo con fervor por nosotros como
puede suceder que se deje "entrever" como sucedió en Lourdes o en
Fátima.
Hay peligro obviamente. Se pude caer en sugestión
colectiva, histerismo, seguir una "moda"... e incluso se han dado
casos en la Historia de la Iglesia de gente que engaña a otros con
supuestos mensajes o apariciones. Por eso hay que tenr cierta mesura,
estar atentos a las indicaciones de nuestros legítimos pastores en
la Iglesia Católica, y poner el énfasis en lo esencial, que siempre
es lo mismo: convertirse, cultivar la virtud, extirpar el vicio,
crecer en oración, vivir los sacramentos, dar testimonio de vida y,
cuando es posible, de palabra.
De todos modos, no es tampoco "obligatorio" creer
en esta clase de mensajes, ni en sus mensajeros. Sin embargo, yo
sugiero a quien quiera abstenerse de creer en todo esto que se
pregunte si no será que está rehuyendo un llamado profundo del Señor.
A veces uno huye de los profetas del Señor por huir del Señor de los
profetas. Aprovechemos, más bien, lo bueno que podamas encontrar en
tantos hermanos fervorosos y orantes y sigamos animosos nuestra vida
cristiana.