La gratitud es una virtud que nace de la humildad
de sentirse amados y de dejarse amar. No es mercadería de cambio ni
un deber, sino puro y gratuito amor. El egoísta es ingrato no porque
no porque no le guste recibir, sino porque no le agrada reconocer
que debe algo a otros.
La gratitud es un eco de la alegría del que da,
la ingratitud en cambio es como un agujero negro de egoísmo que se
traga la alegría de quien ama. Es un sentimiento más fuerte que la
esperanza; quien es agradecido sabe que posee mucho de bueno. Y esta
convicción lo hace feliz y seguro de sí mismo... Los ingratos, por
el contrario, son incapaces de sentirse satisfechos y felices. Viven
permanentemente inquietos y añorando lo que no tienen y ansiando lo
que querrían.
1. Tus padres te regalaron el don de la vida. La
mente humana es incapaz de imaginar nada más grande... y no es un
don que dura un instante. Cada día te han dado y te siguen dando
pedazos de sus vidas. Hay una sola manera de vivir este don, al
menos en parte: ser agradecido en detalles concretos de la vida
diaria.
2. Estarás ligado eternamente a tu papá y a tu
mamá. Tú eres un don de Dios en sus vidas, y ellos lo son en la suya;
reconoce que tú existes por ellos. Pero sobre todo reconoce que
sienten responsables de haberte dado la vida a ti, y tú eres
responsable de que gocen la de ellos. ¿Cómo lo demuestras?
3. Tus padres son creaturas humanas y algunas
veces están cansados, otras desalentados y hasta, a lo mejor,
enfermos. No son inacabables proveedores de tus deseos,
principalmente de tu cartera. Tienen muchos derechos y grandes
reservas de amor pues te han entregado muchas horas de sus vidas
desde aun antes de nacer... Por muchas horas de sus días tú estas
siempre en sus pensamientos. Están dispuestos a increíbles
sacrificios a cambio de una sonrisa tuya. Tú eres el orgullo y su
felicidad. ¿Piensas alguna vez en esto? ¿Decides mejorar tus
actitudes para con ellos?
4. Ellos necesitan tu amor. ¿Por qué no comenzar
esta noche misma a decirles que los amas? Deciles también -¿Por qué
no?- ¡Gracias por la vida que me dieron!
5. Confíate a ellos y escúchalos. No hay en el
mundo nadie que te quiera más que ello. Junto a tus padres y en sus
brazos puedes encontrar esa protección y consuelo que tantas veces
buscas en otra parte. ¿Les hablás con franqueza?
6. Obedéceles. Su autoridad de hoy será fuerza
para tu mañana. Ellos conocen la vida y su realidad; te pueden
indicar el camino son los únicos que quieren tú felicidad, sin
reserva alguna. ¿Cómo es tu relación diaria con ellos?
7. Hónralos, compréndelos, volorízalos y
aprécialos. Sé educado y honesto también con ellos. Nunca les
contestes de mala manera.
8. Ayúdalos con tu esfuerzo y trabajo en casa. No
los dejes solos; la familia es de todos y cada uno debe contribuir a
su buena marcha y felicidad. ¿Cuál es la forma de ayudar en los
quehaceres de tu casa?
9. Cuando son ancianos, mímalos y chichonea con
ellos. Comparte con ellos la dulzura de los recuerdos; Aguántalos
como ellos te aguantaron y todavía te aguantan seguramente...
Perdónalos siempre para que ellos también puedan perdonarte.
10. Perdónalos siempre para que ellos también
puedan perdonarte