¿Es verdad que cuando una persona esta en agonia
no deben estar con ella personas que no esten casadas por la Iglesia,
es decir, personas amancebadas, porque impiden que la persona muera
tranquilamente?
¿O también que hay de cierto que cuando una
persona no puede morir, es porque está esperando algún familiar y
cuando el familiar va a verlo la persona muere en paz?
¿O también, que cuando una persona muere con los
ojos abiertos es porque estaba esperando algun familiar?
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La muerte es compleja, no sólo desde el punto de
vista emocional o existencial, sino incluso biológico. Tal vez puede
decirse que morir, desde el punto de vista del cuerpo, es algo así
como una cascada de hechos que van desconectando nuestros varios
sistemas (circulatorio, linfático, hormonal, neuronal, digestivo,
etc.) y que a la vez están marcados por el avance implacable de los
mismos micro-organismos que tenemos cuando estamos vivos. Vivir, en
esta tierra, es entre otras cosas mantener a raya a la muerte,
mientras uno sigue haciendo acopio de la energía, materiales e
información que necesita para mantenerse, reproducirse, comunicarse
y sentirse relativamente bien, seguro y estable.
Esta tremenda complejidad hace muy difícil hacer
predicciones sobre qué es lo "normal" o lo "extraño" cuando alguien
muere. Aunque es verdad que todos los procesos de la muerte implican
desconexión, disolución y corrupción, los modos específicos en que
se den las cosas no son iguales para todas las personas. Parece
cierto que hay personas que pasan de un estado inconsciente a la
muerte, o como se dice, "del sueño a la muerte," mientras que otros
parecen sufrir prolongadas agonías, sobre todo cuando hay
dificultades respiratorias crónicas, o dolores agudos. Es de esperar
que los ojos o el aspecto del rostro estén más relacionados con esta
clase de factores orgánicos y biológicos y no tanto con situaciones
externas. Por decir algo, no debo suponer que si mi abuelo murió con
los ojos cerrados es que no le importaba si yo iba a despedirme de
él.
Y sin embargo, es real que los recuerdos,
expectativas y emociones de los agonizantes influyen en su modo de
morir, por lo menos de una forma parcial, y si es el caso que están
conscientes. Ejemplos numerosos hay de personas que sufren mucho en
agonía y luego mueren en paz al poder despedirse por ejemplo de un
hijo que estaba lejos. En otro sentido, una mamá que quiso ver a su
hija casada y bien casada "por la Iglesia" puede sentirse muy mal de
ver que no logró convencerla de ello. Pero es difícil decirle a una
hija en esa condición que no vaya a despedirse de la mamá, y yo
jamás aconsejaría algo así, entre otras cosas porque la angustia de
esperarla puede ser una tortura peor.
En resumen, yo considero como simples mitos esas
preguntas que han contado, creo que no se puede hacer una regla de
ellos, y creo que es más sensato seguir estas sugerencias:
-
Con la ayuda de la medicina, hacer todo lo
posible para aliviar las causas de dolor o incomodidad física
del agonizante. Las condiciones de temperatura, humedad,
iluminación, nivel de ruido, número de personas a un mismo
tiempo, deben estar bajo cuidado del médico y todos han de
respetarlas con diligencia.
-
El ambiente ha de ser tranquilo, lleno de
afecto y de una presencia serena pero no artificialmente calmada.
Hay dolor. Se trata de una partida que rasga el alma. Pero con
mucha caridad hay que pensar en no agobiar con nuestras
expresiones sentimentales lo que ya es muy duro para el
agonizante.
-
Procúrese, dentro de lo razonable, que todas
las personas que sean afectivamente significativas para el
agonizante puedan visitarlo en algún momento. Si hay modo de
averiguarlo, sin lastimar ni intimidar, trátese de conocer
quiénes quisiera el agonizante que estuvieran cerca de él en los
momentos decisivos. Extrema delicadeza se requiere aquí para no
herir tampoco la sensibilidad de parientes o amigos.
-
Somos creyentes, ¿verdad? La fe debe estar
presente pero, de nuevo, sin excesos. Por ejemplo, es un exceso
lo que hacen algunas familias demasiado fervorosas, que quieren
que a todas horas este una persona rezándole al enfermo. La
oración ha de ser un soporte, una fuente de fortaleza, y no un
agobio o carga. por supuesto, llámese oportunamente al sacerdote
de modo que la Unción de los Enfermos se reciba con provecho y
en plena conciencia. No tiene mucho sentido lo que piensan
algunas familias, que es preferible que el sacerdote llegue
cuando ya el agonizante ni puede confesarse bien ni a veces
entiende que le están haciendo. La dignidad, la caridad y el
respeto han de brillar en cada una de las sencillas
celebraciones litúrgicas o piadosas que se tengan cerca del
enfermo o con participación suya.
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Respétese mucho la privacidad y el pudor del
agonizante. A menudo la condición de su cuerpo implica que esté
con poca ropa o con varias sondas. Con algo de sentido de común
pensemos cómo nos sentiríamos nosotros con tantas visitas y en
condiciones en que uno no puede casi valerse por sí mismo. Esto
vale en mucho mayor grado para las mujeres de todas las edades.
-
El agonizante no sólo quiere que lo visiten.
A veces quiere hablar, quiere ser escuchado, aunque ello
implique un esfuerzo físico considerable. Los que estén con él
tienen entonces el hermoso deber de ayudarle a encontrar
descanso también en ese aspecto, ya se trate a través de una
buena confesión, o de otra clase de confidencias o testamentos.