La generación de un embrión humano por clonación
por parte de un laboratorio privado en los Estados Unidos provocó
una enérgica condena en el ámbito católico alrededor del mundo.
Además del explícito y enérgico comunicado dado a conocer por la
Sala de Prensa de la Santa Sede, Mons. Mauro Cozzoli, Profesor de
Teología Moral de la Pontificia Universidad Lateranense, recordó que
a ser el embrión un individuo, "la clonación es un hecho abusivo y
moralmente censurable". "El hecho de que lo hayan hecho con fines
terapéuticos agrava el juicio, ya que no se puede crear un individuo
para después suprimirlo en beneficio de otro", agregó el Prelado,
quien recordó que un embrión, aunque tenga pocas células, tiene el
estatus de persona.
Cozzoli agregó que la clonación "con éxito" anunciada por el
laboratorio estadounidense Advanced Cell Technology (ACT) "ofende la
verdad de la procreación, que debe realizarse con el encuentro de
dos gametos", y recordó que el Papa Juan Pablo II había condenado
los experimentos con embriones, al afirmar que no hay hombre alguno
ni autoridad humana que pueda disponer libremente y de manera
deliberada de una vida humana inocente, y muchos menos para después
destruirla.
Card. McCarrick: El peligro de la arrogancia
El Cardenal Theodore E. McCarrick, Arzobispo de Washington DC,
señaló que el controvertido experimento científico "tiene peligrosas
implicaciones, pues el hombre está jugando a Dios y devaluando la
vida humana".
"El informe es profundamente perturbador", dijo el Cardenal
McCarrick, quien señaló que "aunque debemos estimular a la comunidad
científica a continuar con las investigaciones de punta, ésta debe
producirse dentro del marco ético de respeto al a la vida humana y
el papel de Dios como Creador de la vida".
"La arrogancia que lleva a alguien a creer que puede jugar el papel
de Dios y reducir a los seres humanos a mera fuente de piezas de
recambio es una soberbia que puede llevar a peligrosas consecuencias
que no podemos anticipar plenamente", dijo también el Purpurado de
la capital norteamericana; y advirtió que "incluso buenas
intenciones evidentes, como la curación de una enfermedad, pueden
tener efectos negativos, tales como la devaluación de la vida humana
con todo lo que ello implica". "El uso de embriones para clonación
está moralmente mal", subrayó el Cardenal.
Pedido de prohibición
El Comité Nacional de Derecho a la Vida de Estados Unidos (National
Right to Life Committee) señaló a través de su departamento legal,
que la "investigación" realizada por la empresa norteamericana hace
evidente la necesidad de una ley federal que prohiba toda clonación
humana. "Esta corporación está creando embriones humanos con el solo
propósito de matarlos y cosechar sus células, explicó el director de
asuntos legales de la organización, Douglas Johnson.
La brutalidad
Por su parte, desde la Argentina, el Profesor del Instituto de
Bioética de la Universidad Católica Argentina, P. Rubén Revello,
rechazó el experimento por considerar que el embrión es "vida humana"
y ahora al embrión clonado se lo va a "despedazar para utilizarlo
por partes".
Revello puntualizó que "si se crea un embrión humano, al activar el
núcleo embrional, se crea un humano". En ese sentido, subrayó que "para
la Iglesia y para la ciencia hay vida desde la concepción . Y si hay
vida, hay persona humana. De lo contrario -preguntó-, ¿qué habría,
un prehumano? no es cierto que los que experimentan con embriones
humanos quieran vida humana y no una persona humana", insistió.
En rigor, el sacerdote reiteró la posición fijada por la Iglesia en
materia de clonación. La postura católica está expresa -entre otros
documentos- en una declaración difundida en 1997 por la Academia
Pontificia por la Vida. Y en otra de la misma academia, conocido el
año pasado, sobre "la producción y uso científico y terapéutico de
las células embrionales humanas".
En cuanto a los argumentos de utilización terapéutica, Revello dijo
que "hoy por hoy la ciencia no puede dar respuesta, por caso, en
materia Alzheimer: podrían destruir embriones y no llegar a nada".
Señaló que el argumento terapéutico "sólo busca atenuar la maldad
moral" por la destrucción del embrión. Aún así, interrogó si "se
justifica matar a una persona para salvar a otra".
Luego de señalar que "si a este embrión lo dejamos seguir su camino
espontáneo terminará siendo un bebé", lamentó que en la ciencia
genética no se aplique el mismo criterio de respeto a la vida que en
la experimentación farmacéutica. "En la farmaceútica se tiene mucho
cuidado en la experimentación y hay etapas: primero en laboratorios,
luego en animales y, finalmente, en voluntarios humanos".
Revello sostuvo, además, que la ciencia debería avanzar en el
estudio de las células estaminales humanas que los adultos tienen en
vez de hacerlo con las células estaminales de los embriones porque
"en el primer caso no pasa nada con la persona en cambio que en los
embriones se termina eliminando vidas".
Mentalidad eugenésica
El sacerdote señaló que detrás de esta experimentación hay un
resabio de "eugenesia , es decir, de selección de los humanos más
aptos en detrimento de los menos apto. Acaso, una nueva forma de
esclavitud". Concluyó que la clonación humana es "signo de una
ciencia sin valores, de una sociedad disconforme que busca en la
ciencia reemplazar el sentido de la vida y de la salvación".
Habla Argentina
Por su parte, la prestigiosa Agencia Católica Argentina AICA,
recogió los testimonios de diversas autoridades eclesiásticas
argentinas.
El obispo auxiliar de Córdoba y presidente de la Comisión Episcopal
de Fe y Cultura, Mons. José Rovai, expresó que "el embrión es ya
evidentemente un ser humano, y no se puede estar experimentando con
él y desechándolo. Es algo grave porque se está manipulando con un
ser humano concreto. Cuando se hacen estos experimentos se tocan
cosas muy sagradas y se impide que algunos seres humanos puedan
llegar a desarrollar su personalidad y su vida".
El titular del organismo episcopal que habitualmente sigue de cerca
las cuestiones relacionadas con la bioética opinó que "esto puede
llevar a situaciones que ni siquiera podemos prever, y también es
una cosa gravísima que se pueda usar para la producción en serie,
porque hay un modo natural de cómo los seres humanos vienen al mundo
y en este campo hay que respetar siempre el orden de la Creación.
Incluso el gran peligro de crear una humanidad, a lo mejor
intentando hacerla selectiva, tiene fondo e historia de gente que en
otras épocas ha querido hacer lo mismo. A mí me parece gravísimo
porque se puede tocar la estructura misma de las personas. No lo
justifican los fines terapéuticos ni la intención de crear en serie
una determinada forma de humanidad, que sería todavía peor".
Aberración antropológica
Por su parte, el vicepresidente del Consorcio de Médicos Católicos,
doctor Carlos Abel Ray, consideró que "es una ofensa a la dignidad
del ser humano y una aberración antropológica", y explicó: "hay dos
tipos de cosas que se pueden hacer con la clonación. Una es la
fisión, es decir, dividir un embrión por la mitad para que se
produzcan seres idénticos. Pero la clonación de poner distintas
células es mucho más grave aún y las repercusiones éticas del
problema son muy malas para la humanidad. Desde el punto de vista
antropológico y desde el religioso, para cualquiera de las creencias
monoteístas que consideran que Dios es el que ha creado al hombre y
que debe procrearse por los métodos naturales".
"Podría ser -continuó Ray, profesor pro-titular de la cátedra de
Medicina Legal en la Universidad Católica Argentina y ex profesor de
Pediatría de la UBA- que se utilizara con algunos fines que podrían
ser buenos, pero que por ahora no están comprobados en absoluto.
Pero aún cuando pudieran ser útiles en algún caso especial, como una
enfermedad neurológica, nunca ese fin supuestamente bueno justifica
la maldad de la operación en sí, que ultraja la dignidad del ser
humano".
Embrión y vida
También opinó el P. Alberto Bochatey OSA, director del Instituto de
Etica Biomédica de la Universidad Católica Argentina. A su juicio,
"lo más importante es reconocer que en el embrión hay vida y que esa
vida se va desarrollando por un principio intrínseco, unitario y de
actualización de sus propias capacidades. Ahí está la vida, en esta
unión de células que se van desarrollando. Si no las interrumpimos y
dejamos que se realicen normalmente en tiempo justo y la secuencia
exacta, el desarrollo no va a cesar. Pero si interrumpimos eso,
entonces se para y no sigue adelante".
"Es una maravilla -siguió diciendo- ver en este proceso la
coordinación, la continuidad y la gradualidad. Por lo tanto, no hay
duda biológica de que ahí hay vida. Tanto es así, que ellos (por los
científicos que realizaron el anuncio) están buscando células
estaminales que sólo provienen de la vida humana. No se pueden
producirlas si no es a través de un organismo humano".
El sacerdote expresó que "experimentos de separar células y
conseguir embriones ya tenemos desde principios del siglo XX, con
erizos de mar, ranas, etc. Pero ahora llegamos al tema del embrión
humano y evidentemente la dimensión ética es mucho más pesada".
La Iglesia respalda la ciencia
Luego subrayó que "un tema importante es ver que la Iglesia no está
en contra sino a favor de procesos científicos completos. Esto
significa que las dimensiones ética y bioética estén presentes. No
solamente una dimensión técnica, un interés puntual, como puede ser
el de necesitar células estaminales y hacer por ello lo que quiero.
Sin dudas estoy trabajando con seres humanos y esto tiene una
dimensión muy grande, porque no es un órgano, sino un organismo".
"Estamos en medio de una mentalidad tan utilitarista y tan poco
ontologista que nos lleva a estas conclusiones: que todo está
permitido y que todo es posible", se lamentó.
El P. Bochatey reconoció que "no sé lo que está en la mente" de
estos investigadores, "pero parten de una afirmación que no es clara,
por no decir que no es cierta. En el artículo que publican en la
revista 'The Journal of Regenerative Medicine', dicen textualmente
que la técnica de la clonación es distinta de la reproducción
clónica. Pero no: la técnica es la misma, sólo que a una la pasarán
luego a un útero y para la otra nunca han pensado que supere cierto
estadio de desarrollo. No la van a dejar crecer, pero ya está
viviendo".
"La técnica es la misma -subrayó-, y esa división que se pretende
hacer, de que una cosa es clonar con fines reproductivos y otra es
hacerlo con fines terapéuticos, es análogo a lo que se dice de la
eutanasia activa o pasiva: en definitiva es eutanasia, es matar, una
por acción y otra por omisión. Acá es: crear una vida humana para
después reproducirla y que nazca, y crearla para obtener un tejido y
después no dejarla crecer".
El hombre jugando a Dios
Hugo Obiglio, director del Instituto de Etica Biomédica de la
Universidad Católica y miembro de la Academia por la Vida del
Vaticano opina: "El hombre, en su deseo de omnipotencia, iría a la
búsqueda de la réplica de individuos dotados de ingenio y belleza
excepcionales. Es el dominio de unos pocos sobre la totalidad de una
humanidad programada. El embrión, aun en su estadio inicial, es un
hombre y cosificarlo -manipularlo- no sólo pone en peligro su vida
sino que lesiona su dignidad e integridad personal. Usar la
clonación como recurso terapéutico no se justifica".